Mayte Alvarado y Borja González (spiderland/snake)

Mirror 1 y 2, de Emma Ríos/Hwei Lin (Astiberri Ediciones)
Queridos difuntos, de Lorenzo Montatore (Sapristi Cómics)
Tú, una bici y la carretera, de Eleanor Davis (Astiberri Ediciones)
Rusty Brown, de Chris Ware (Reservoir Books)

Almudena Amador y Francisco Benedito (Librería Ramon Llull)

El lugar. Annie Ernaux. Tusquets.
La hora gris y otras obras.Agota Kristof. Ed. Sitara.
La campana de cristal.Sylvia Plath. Nueva edición de random con prólogo de Aixa de la Cruz.
Mandelstam.Anna Ajmátova. Ed Nordica.
El camino de la vida.Lev Tolstói. Acantilado.
Otra vida por vivir. Theodor Kallifatides. Traducción del Griego Moderno de Selma Ancira.
Elogio del caminar. David Le Breton. Siruela.

José Luis Amores (Pálido fuego)

Malastierras publicó un libro de Claire Vaye Watkins, Battleborn, que aquí titularon Nevada. La escritora es hija de alguien de la panda de Charles Manson, como detalle morboso. El caso es que los relatos del libro son estupendos. Como detalle adicional, su segunda obra, la novela Gold Fame Citrus, es infame.
La costa de Chicago, de Stuart Dybek. Una maravilla, y otro ejemplo más (y van…) de la vergüenza cultural hispánica, el hecho de no haber dispuesto de este libro por estos lares, en alguna lengua patria, hasta décadas después de su publicación original.
Aunque es de hace meses, un rescate fundamental de la editorial La Navaja Suiza ha sido La entreplanta de Nicholson Baker. Un retrato buenísimo de la clase media norteamericana en notas a pie de página.
Y en el apartado hispánico, he de recomendar a Cristina Morales. Lectura fácil, por ejemplo, o Introducción a Teresa de Jesús. Ahí tenemos a una grande, grande.

Guillermo Arazo (Comunicador cultural)

Hola, aquí Guillermo, en un viernes que parece domingo o festivo, y que se asemeja a cualquier otro día de confinamiento. El tiempo, esa categoría en modo espera. Stop. Me pregunta Óscar Brox que qué estoy leyendo… Yo que ando dándole a los Sedatiff y Dormidinas y que mi cabeza parece un centrifugado-de-sintéticos-a-60º, no sé cómo explicarle que salto de muestra en muestra (gratuita) en ebooks. Que es lo más parecido al juego del buscaminas. Que lo mismo ojeo el (sic) Libera tu magia-Una vida creativa más allá del miedo de Elizabeth Gilbert como me adentro en el Desierto sonoro de Valeria Luiselli. No sé. Guay, ya tá. Voy a recurrir a un clásico. Eso. El comodín -en casa- para tiempos convulsos. La conjura contra América, la distopia de Roth, parece haber cumplido con aquellos méritos que enunció en su día Jorge Luis Borges acerca del misterioso origen de la etiqueta ‘un clásico’: cuando se publicó fue leído con “fervor” y hoy, dieciseis años después, se le sigue leyendo con “misteriosa lealtad”. Y más si David Simon (The wire, Show me a hero) realiza una lectura visual para HBO (It’s not TV, it’s HBO!) Simon tiene muchas virtudes como narrador, hay que valorar a esa figura de productor ejecutivo que devuelve musculatura a la historia, que la agita. Pero volvamos al origen. Al tajo. Al libro. Al prolijo de Philip Roth. La conjura contra América plantea una ucronía, un subgénero de la ciencia ficción que consiste en relatar una historia en un contexto histórico ficticio. Roth arranca este juego melancólico en la casilla de salida de la premisa: ¿qué habría pasado si Charles A. Lindbergh (personaje real con ciertas ideas filonazis y que fue un ferviente defensor de la no intervención de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial) hubiese entrado en política y en 1940 se hubiera convertido en el presidente de Estados Unidos? ¿Estados Unidos se hubiese posicionado junto a la Alemania nazi? ¿El antisemitismo y la xenofobia se enseñorarían de Estados Unidos? Philip Roth sitúa el relato en esa geolocalización (familiar) que es Newark a principios de los años 40. Un recurrente en su vasta obra, oigan. Y el narrador de la historia -redoble de tambor- es un tal Philip Roth de siete años. Doble salto mortal con triple giro. El adulto que hace flashback con mirada de niño, pero a la vez con la experiencia madura necesaria para interpretar lo sucedido desde el punto de vista de un adulto. Para quitarse la kipá. La novela abruma; genera inquietud. Para que mentirles. Luego, cuando la cierras, te vienen los ecos cristalinos del presente y lecturas (más o menos obvias) del estilo esquizoide, mesiánico y populista de Donald Trump. Pero ya no tengo el cuerpo para (más) distopías. Hoy doble ración de trankimazin.

Manuel Borrás (Pre-Textos)

Voy a recomendar tres libros y de naturaleza muy distinta:
El primero, Tríptico de Praga de Johannes Urzidil, uno de los grandes escritores en alemán, junto a Kafka, que dio ese país centroeuropeo. Voy a limitar mi recomendación ciñéndome a lo que escribió mi muy admirado Claudio Magris sobre el libro: “En el encantador Tríptico de Praga, Praga se convierte de nuevo en la capital espiritual de la “Mitteleuropa”: esa Praga de las cien torres, la ciudad de las pesadillas de Strobl, del Golem, de los fantasmas de Meyrink, Kubin y Kafka, del pathos religioso de Max Brod y las desviaciones de Rilke, esa ciudad donde la muerte de “Mitteleuropa” se convirtió en una metáfora creativa, en una transformación, en unos valores nuevos y duraderos. Urzidil es uno de los hijos más concienciados de esta cultura, en la que se mezcló lo antiguo con las formas de expresión revolucionarias…”
Un libro cuya lectura no va decepcionar a ningún lector interesado en eso que hemos denominado “Mitteleuropa” como signo distintivo de la gran cultura europea, sino a cualquier lector desprejuiciado, es decir, libre, de narrativa.

Elías Sanbar es un escritor palestino, exiliado casi desde su nacimiento. En su hermoso y dramático libro El bien de los ausentes recrea, tal como reza la contraportada del mismo, la presencia inmaterial de una Palestina vivida “desde fuera”. Un libro me atrevería a decir trágico en el que su autor se sirve del sentido del humor como elemento distanciador de la amargura de los sin patria, de los marginados por una coyuntura histórica tan arbitraria como injusta. Un libro, insisto, hermoso y terrible donde los haya, escrito sin ira y que pasó, cómo no, desapercibido para la crítica patria, que siempre mira hacia otro lado ante libros de la intensidad de éste y en el que se nos pone a todos en crisis. Recomiendo su lectura sin paliativos.

Y recomiendo para terminar, Jardín circunmurado de William Shakespeare, la excelente antología que realizó el poeta Christian Law de la poesía engastada en el teatro shakespeariano. El título elegido para la misma avanza ya lo que el lector se va a encontrar: poesía de intensidad mayúscula entresacada del cuerpo de las tragedias del gran poeta inglés y que las más de las veces fue traducida sin ningún sentimiento poético y habiéndose limitado a trasvasar al verso libre o ni siquiera al verso mucho de los grandes poemas que iban engastados en los parlamentos dramáticos de la mayoría de las obras de Shakespeare. Esta fue una antología, creedme, que se concibió por el gusto de la poesía, pero también para que nuestros poetas cobrasen conciencia de la ardua tarea que está por hacerse en las traducciones shakesperianas. Antología a la que tampoco, como dicen los amigos colombianos, los críticos, ni siquiera poetas, le pararon bolas.

Óscar Brox

Eisejuaz, de Sara Gallardo, y Edén, Edén, Edén, de Pierre Guyotat, ambas en Malas Tierras. Dos descubrimientos, dos formas de tensar los límites de la palabra, de jugar, respectivamente, con el dialecto y con la experiencia del lenguaje.
El monstruo y otras obras, de Agota Kristof (Sitara ediciones).
Dadas las circunstancias (Jekyll and Jill), el último gabinete de las maravillas psicogeográficas de Paco Inclán.
Bajo la red, de Iris Murdoch (Impedimenta). Porque por alguno hay que empezar.
Noche cerrada, de Chris Offutt (Sajalín). Porque es el mejor.
Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk, de Antonio Drove (Athenaica) y La herencia del cine, de Paulino Viota (Ediciones Asimétricas). Probablemente, los dos mejores libros de cine publicados en los últimos meses.
Corre, Zanardi, de Andrea Pazienza (Fulgencio Pimentel).
El gesto más radical, de Sadie Plant (Errata naturae).

Juan Casamayor (Páginas de espuma)

De nuestra editorial:

La memoria donde ardía, de Socorro Venegas, es un conmovedor y bello libro sobre aquellos que son sobrevivientes y hacen un pacto con la memoria del dolor, que es un acuerdo emocional y sentimental que tendremos que hacer todos con nosotros mismos.

Hombres de verdad de Alberto Marcos es un libro valiente y necesario que profundiza en la crisis de la masculinidad urgentemente necesitada de una reflexión donde la ficición tienes muchas cosas de verdad que decir.
Agitación de Jorge Frerie es un ensayo breve e intenso que reclarma y pone en valor el pharmakon del pensar, incluso del derecho a aburrirse, en una sociedad que ha modelado al nuevo Homo Agitatus. Ene sta crisis sanitaria este libro gana una profundidad de análisis ineludible.

De otras editoriales:

Cuentos reunidos, de Ámparo Dávila (FCE), escritora mexicana grande entre los grandes de la literatura fantástica, con una capacidad única a partir de lo insólito y la inquietud para generar una grado de distorsión en la realidad y todo ello con unos matices simbólicos y poéticos únicos, una musicalidad narrativa propia.

El nadador en el mar secreto (Navona), de William Kotzwinkle, un historia tan breve como estremecedora, un libro que no perdura más allá de la memoria lectora, perdura siempre. Y se lo regalaría a mis padres, que son médicos, y simbolizan la generosidad y el sacrificio de la sociedad en esta crisis.

Cualquier libro de poemas de Sharon Olds nos va a empujar hacia una esfera vital que nos va a atravesar gracias a su singular capacidad de atrapar el instante, la emoción, aquello casi imperceptible que se eleva en esos detalles que definen de un modo determinante nuestras existencias.

Sandra Cendal (Continta me tienes)

Liddell, Angélica, Dicen que Nevers es más triste, La Uña Rota, 2019. «28 de enero. En mis sueños mezclo a menudo el sexo con los excrementos. Supongo que tiene que ver con el miedo a morir.»

Luiselli, Valeria, Desierto Sonoro, Sexto Piso, 2019. «Un mapa es una silueta, un contorno que agrupa elementos dispares, cualesquiera que sean. Cartografiar es incluir tanto como excluir. Cartografiar es, además, una manera de visibiliza lo que generalmente está oculto.»

Piercy, Marge, Mujer al borde del tiempo, Consonni, 2019. «El objetivo de crear futuros es hacer que la gente pueda imaginar qué quiere y qué no quiere que pase. Y quizás hacer algo al respecto.»

K.L. Guin, Ursula, Conversaciones sobre la escritura, Alpha Decay, 2020. «[…] que la longitud de nuestras frases, su andadura, su sonido, nuestro uso de los tiempos verbales, del punto de vista, de los pronombres, todo tenía su historia, sus implicaciones políticas y culturales, y que cada cual podía ser un ladrillo, un gesto concreto, para bien o para mal, hacia un mundo futuro e imaginado.»

Miguel Fuentes (Librería Cosecha roja)

Como si existiese el perdón de Mariana Travacio. Las Afueras Editorial.
Noche cerrada de Chris Offutt, traducción de Javier Lucini. Sajalín Editores.
La pesquisa de Juan José Saer. Rayo Verde.
Dog Soldiers de Robert Stone, traducción de Mariano Antolín e Inga Pellisa. Malas Tierras Edtorial.
A lo lejos de Hernán Díaz, traducción de Jon Bilbao. Impedimenta.

David González (El paseo editorial)

En nuestra galería El Paseo editorial, colección Central, que sé que es lo más os gusta de nuestra editorial, poco antes del estado de alarma habíamos sacado La oligarquía de las bestias y otras ficciones políticas de Fernando Pessoa, en edición y traducción de Manuel Moya. Pessoa sale reforzado como un pensador político y sociológico más matizado gracias a este repaso de sus narraciones políticas, con cuatro inéditos, algunos de ellos muy importantes y que no habían sido traducidos.Seguimos con la obra de Emmy Hennings, y publicamos El estigma, su gran novela, en traducción de Fernando González Viñas, y que recibió en su momento grandes elogios críticos. Por otra parte, estamos muy contentos porque hace un par de años editamos una novela gráfica recreando la vida de Emmy Hennings, titulada El Ángel DADÁ, de Fernando González Viñas y dibujada por José Lázaro, que hace poco alcanzó su segunda edición y que, ahora, ha sido editada en Alemania por Avant Verlag, con verdadero exito, y lo será próximamente en francés por la editorial Cambourakis, que acaba de comprarnos los derechos… También una sorpresa que dimos el año pasado, Lorca, de Carlos Edmundo de Ory, en edición de Ana Sofía Pérez Bustamante, un libro perdido, que todavía está siendo digerido pero que será una de las referencias ineludibles para hablar de Lorca. Y un entretenimiento magnífico son las Confesiones de un incrédulo y otros ensayos escogidos, de H. P. Lovecraft, donde dábamos, por primera vez en nuestro idioma, de la mano del sabio de Getafe, Óscar Mariscal, los ensayos más variopintos del genio del imaginario fantástico. En fase de corrección, estoy con una antología de Joseph de Maistre, realizada en su momento por Emil Cioran, y cuyo prólogo es realmente su influyente «Ensayo sobre el pensamiento reaccionario»; todo en nueva traducción de Yolanda Morató. Le vamos a poner un título despampanante: El mayor enemigo de Europa y otros textos escogidos, y saldrá cuando vuelvan a abrir el mundo…

De otras editoriales te recomiendo lo último que leo o releo. En estos días releo Todo lo sólido se desvanece en el aire, un clásico sobre la modernidad política y estética escrito por Marshall Berman (Siglo XXI Editores), y alguna circunstancia me han llevado a un libro que me dejó un poco decepcionado hace tiempo, y que ahora disfruto como una lección: La torre del orgullo (1890-1914), de Barbara Tuchman. Hace poco me releí de una sentada Diario de un cura rural, de Bernanos, en un vieja edición de Noguer, porque llevo con mi pareja un ciclo de confinamiento paralelo de Bresson y Kurosawa, y me picó la curiosidad. En la mesilla tengo apiladas muchas lecturas nuevas, cosas que me faltaban de Simone Weil (labor impagable la de Trotta), de Rudolf Rocker, Stuart Hall, y esa joya que es Crimen e Ilusión, una pesquisa del historiador del Arte, Felipe Pereda, editada en la admirada Marcial Pons…

Alberto Haller (Barlin Libros)

El corazón de Inglaterra, de Jonathan Coe [Anagrama]
El peligroso encanto de lo invisible, de Philip Ball [Turner]
Melancolía de izquierda, de Enzo Traverso [Galaxia Gutenberg]
Historia del silencio, Alain Corbin [Acantilado]
Hombres (blancos) cabreados, Michael Kimmel [Barlin Libros]

Donatella Iannuzzi (Gallo nero ediciones)

Cartas a Theo de Vincent Van Gogh. Alianza editorial, segunda edición, 2019 (lectura horizontal)

Es el libro que tengo en mi mesita de noche ahora, poético y conmovedor.
«Sí, para mí el drama de la tempestad en la naturaleza, el drama del dolor en la vida, es en verdad el más perfecto.»

Calle de los maleficios de Jacques Yonnet. Sajalín, 2010 (lectura vertical)
Retrato de París durante la ocupación nazi: Rive gauche, bohemios, criminales, callejuelas, bistrós, traperos y espías.
«Hay días en los que todo suena a hueco, e incluso el vacío en si mismo tiene un sonido indeciso. No hay nada que hacer: la inspiración no responde. Arrastramos una indecisión punzante, un rencor contra no sabemos quién.»

Elogio del bistrot de Marc Augé. Gallo Nero, 2017 (Lectura horizontal o vertical)
Libro para la cuarentena… nostalgia de las barras.
«Si uno recorre con la mirada cualquier café parisino a mediodía, verá que se parece a una película de cine mudo, es un trozo de vida contratada y diversa y además sin subtítulos.»

Juan Jiménez García

Amor y basura, de Iván Klima (Acantilado). Un clásico de la literatura checa, de un autor no tan conocido como otros de sus contemporáneos pero igual de impresncindible.
La cripta de los capuchinos, de Joseph Roth (Acantilado). La vida del otro Trotta. Si La marcha Radetzky hablaba de la caída de un Imperio, La cripta de los capuchinos es la caída de un hombre arrastrado por la otra.
El ángel del atentado, de Svetislav Basara (Automática). Un libro arrollador sobre el final del Imperio Austrohúngaro.
El golem, de Gusvav Meyrink (Libros del Zorro Rojo). Maravillosa edición de este clásico, con ilustraciones de Alejandra Acosta.

Javier Lucini (Dirty Works)

Pues este año solo se me ocurren cosas claustrofóbicas y de encierro. Cualquiera carcelario de Sajalín, Huída del corredor de la muerte de Edward Bunker o En el patio, de Malcolm Braly, por ejemplo. Las historias de prisiones de Curtis Dawkins en Hotel Graybar, en Seix Barral, también para soñar con fugas y libertades condicionales. O el clásico de Jack London, El peregrino de las estrellas, en la edición e Valdemar, porque siempre que haya edición de Valdemar pues muchísimo mejor, porque son los p**** maestros. El bar de Tango Satánico de László Krasznahorkai, en Acantilado, es también muy de no querer salir, porque afuera hay nieve y viento. Las páginas huelen a vinarro chungo y a vómito viejo, pero se está bien. El Edén, Edén, Edén, de Pierre Guyotat, también es de encerrarse fuerte. Lo han sacado los suicidas de Malas Tierras y es una fiebre de lo más gozosa, traduce además Rubén Martín Giráldez, garantía de disfrute total, enfermizo. El Viaje al manicomio de Kate Millett, en Seix Barral, para sobrellevar el internamiento, o ese libro raro de Ottessa Moshfegh, Mi año de descanso y relajación, en Alfaguara, para no levantarte de la cama ni para ir a mear. Por último, en Mármara, la bestialidad esa que es el Siamés, de Stig Saeterbakken, crueldad y humillación del encierro, una veta del horror que estamos padeciendo, juegos de poder en el espacio reducido de un minúsculo apartamento… Y luego, cuando nos liberen, cuando alguien nos pague la fianza o nos hagan llegar una lima disimulada en una barra de pan, ya si eso volveremos a leer cosas de pajarillos y de biodiversidad sostenible. De momento, jaula y mazmorra.

Vanessa M. Montesinos (Comunicadora cultural, Afán de plan)

Siempre tuve una cuenta pendiente con el teatro sobre papel. Prefiero disfrutarlo desde la butaca, con todo su ritual de luces y aplausos; la emoción del directo, el avenimiento colectivo posterior al disfrute, ese hilo invisible que me sigue hasta casa tras una buena función y me mantiene atada a sus personajes unos cuantos días más. Me cuesta entregarme a una obra dramática sin escenario ni gente. Cierto, no es comparable, pero estoy aprendiendo a no comparar, en general. Ahora, me dejo guiar por las acotaciones, me permito imaginar escenografías, caras y voces, y me asomo a cada acto con renovada expectación. Por eso, este año, quiero recomendar la lectura de una colección muy concreta: los textos escritos por autoras y autores valencianos dentro del laboratorio de dramaturgia Ínsula Dramatària Josep Lluís Sirera, publicados por el Institut Valencià de Cultura. El primer laboratorio, bajo el título de “Identitat”, recoge las obras de Begoña Tena (Tórtola), Maribel Bayona (L’orquestra del silenci), Mafalda Bellido (Los que comen tierra), Laura Sanchis (Cor de xiquet), María Cárdenas (El farol del Mandinga) y Antonia Bueno (Tiempo de argán y naranjas). En el segundo, titulado “Caos”, encontramos las propuestas de Isabel Caballero (Barahúnda), Jéssica Martínez (Lapland), Sonia Alejo (L’amor dels esquirols), Toni Agustí (Porno África), Javier Sahuquillo (Sombras de Germanía) y Jorge Picó y Alfonso Amador (Marina, unplugged). Próximamente, aún en proceso de escritura, podremos leer el resultado del tercer laboratorio (“Clásicos modernos”), en el cual participan Paula Llorens, Xavier Puchades, Lucía Sáez y Víctor Sánchez.
Todos ellos han sido dirigidos por Paco Zarzoso, actualmente, uno de mis dramaturgos favoritos.

Rubén Martín Giráldez (escritor y traductor)

A lo mejor sigo una tónica previsible, pero voy a recomendar varios libros que tengo empezados a la vez. Será porque perdí hace tiempo mi mesilla de noche y ahora, sin una santa sede simple, pues se me multiplican las pilas. Me temo, además, que ahora ya no hay concomitancias entre ellas y ellos (libros y pilas, digo). A mí me placía, sé que es infantil y que no debería ser infantil, pero me placía que guardasen la compostura de la congruencia, pero no. Aunque igual se les puede buscar y endosar un sentido en vez de muchos… Las justificaciones siempre se nos han dado bien, igual a fin de cuentas estoy investigando —como se suele decir— y no perdido. Que no lo creo.

Cerebroleso, Julián Génisson, Madrid, Libros Walden, 2019
The Instructions, Adam Levin, McSweeney’s, 2010
Dadas las circunstancias, Paco Inclán, Zaragoza, Jekyll & Jill, 2020
Letty Fox: Her Luck, Christina Stead, Virago Press, 1978 (1946)
U & I: A True Story, Nicholson Baker, 1991
El suscitador. Apuntes sobre Francis Ponge, Alfonso Barguñó Viana, Barcelona, Hurtado & Ortega, 2020
Le Fils du ciel: Chronique des jours souverains, Segalen, París, Flammarion, 1985 (1975)
Contar es escuchar, Ursula K. Le Guin, Madrid, Círculo de Tiza, 2019. Traducción de Martín Schifino.

Elisa McCausland

Cómo traté de ser una buena persona, de Ulli Lust (La Cúpula)
Last girl standing, de Trina Robbins (Fantagraphics)
Mis cien demonios, de Lynda Barry (Reservoir Books)
What if a… multiversity? Literatura y ciencia en la obra de Grant Morrison, de Ángela Cabrera Torrecilla. (Ediciones Marmotilla)
Harleen, de Stjepan Šejic (DC Comics/ECC)
Barrios, bloques y basura, de Julia Wertz (errata naturae)
Kati Horna: Constelaciones de sentido, de Lisa Pelizzon (Sans Soleil)

Lucía Márquez (Periodista)

Walden, de Henry David Thoreau (Cátedra). Una lectura fascinante con la que sublimar las ganas de salir a caminar sin rumbo entre árboles, pero también profundizar en la convivencia con una misma en tiempos de aislamiento y soledad. Un canto a la libertad, a la existencia agreste y a las esencias más profundas de todo aquello que supone estar vivo.
El gourmet solitario, de Jiro Taniguchi, Masayuki Kusumi (Astiberri). Cómic mítico tejido a base de deambular entre la grastronomía nipona, el flaneurismo y unas cuantas dosis de mala leche. La premisa no puede ser más sencilla: un agente comercial de buen comer se dedica a recorrer por trabajo distintos barrios japoneses y, ya que está, aprovecha para ir conociendo los bares y tabernas que le pillan de paso. Y entre donburis, yakinikus y arroz ‘hayashi’ cada viñeta acabar por convertirse en refugio frente a estos tiempos pandémicos. ADVERTENCIA: QUIENES TRANSITEN POR SUS PÁGINAS CORRER EL RIESGO DE SUFRIR UN IRREFRENABLE ANTOJO DE COMIDA JAPONESA. Por cierto, tiene una segunda parte que también es sinónimo de calorcito para el alma.
El ancho mar de los sargazos, de Jean Rhys (Lumen). Antes de continuar, si no te has leído Jane Eyre, pasa a la siguiente recomendación porque se viene la madre de todos los spoilers (o vete a leer Jane Eyre ya, que es un novelón). Esta novela decolonial reconstruye la vida de Berta, la primera mujer de Rochester, desde su infancia en las Antillas hasta los inicios de su matrimonio. Raza, clase, género, imperialismo… Una asfixiante vuelta de tuerca literaria que ahonda en el arquetipo decimonónico de ‘la loca del ático’ (a todo esto, si te interesa el tema, no puedes perderte El papel pintado amarillo, de Charlotte Perkins Gilman).
La Peste, de Albert Camus (yo le robé a mi padre su ejemplar de Editorial Sur de 1970, así que no puedo recomendar ninguna más reciente). ¿Qué mejor forma para dejar pasar las horas durante una epidemia que sumergirse en un libro que narra otra epidemia? Dolor, egoísmo, irracionalidad, la constatación del absurdo que domina la existencia… pero también el altruismo de aquellos individuos que tratan de sobreponerse al horror sin emponzoñar su propia humanidad. Una novela que, pese a ser publicada en 1947, nos está hablando del ahora, de nosotros y de quiénes queremos ser en los días que se avecinan.
Tres mujeres, de Sylvia Plath. Brutal y delicado a parte iguales, este poema a tres voces aborda la maternidad desde tres puntos de vista distintos: una mujer que intenta ser madre sin conseguirlo, otra que queda embarazada sin desearlo y una tercera que concibe ese estado como la máxima realización femenina. Identidad, frustración, miedo y cuidados: un libre que te garra las entrañas, se cuela bajo tu piel y hace que te hormigueen las yemas de los dedos. Consejo extra: si podéis haceros con la preciosísima edición ilustrada por Anuska Allepuz para Nórdica libros, ya, la repanocha.

Inés Martínez García

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes , Tatiana Tibuleac (Impedimenta)
Vozdevieja, Elisa Victoria (Blackie Books)
El hombre que tiembla, Andrea Pomella (Almatarea)
Eisejuaz, Sara Gallardo (MalasTierras)
La memoria del aire, Caroline Lamarche (Tránsito)
La selva simbólica, Inés Vecchieti (Índigo editoras)

Núria Molines (Traductora)

Este año, dadas las circunstancias, solo voy a recomendar un libro de «ahora», Gente normal, de Sally Rooney (trad. Inga Pellisa); los demás van a ser de «antes», clásicos o libros que se publicaron hace unos años y que vale la pena rescatar ahora de las estanterías, que han dejado de ser alimentadas por la avalancha de novedades (al menos un tiempo). Aquí van unos cuantos libros «sanadores» y no excesivamente largos (que igual es lo que más necesitamos ahora; yo, al menos, estoy siendo bastante incapaz de concentrarme con libros muy largos):

La vuelta al día en ochenta mundos y La prosa del observatorio, de Cortázar, en Siglo XXI y Alfaguara, respectivamente.
La poesía del pensamiento, de George Steiner (trad. María Condor), en Siruela.
Un domingo en el campo, Pierre Bost (trad. Regina López Muñoz), en Errata naturae.
Orgull i prejudici, Jane Austen (trad. Josep Marco), en Bromera (esta nueva traducción es fascinante).
Infancia en Berlín hacia el 1900 (trad. Jorge Navarro), en Abada.

Julio Monteverde (escritor y traductor)

Valentine Penrose: La condesa sangrienta, Wunderkammer, Girona, 2020.
Valentine Penrose: La surrealista oculta. Poesía completa. Wunderkammer, Girona, 2020.
Lurdes Martínez: Saqueadores de espuma, El salmón, Madrid, 2020.
Comité invisible: La insurrección que viene, Pepitas, Logroño, 2020.
Malcolm de Chazal, Teatro I (Profético), Club de ostras, Madrid, 2020.
Paul Léautaud, Diario literario, Fuentetaja, Madrid, 2016.
David Peace: Paciente X, Armaenia, Madrid, 2019.
Franco Berardi, «Bifo»: Autómata y caos, Enclave, Madrid, 2020.

Darío Ochoa de Chinchetru (Automática editorial)

Viaje sentimental. Recuerdos de 1017-1922 de Viktor Shklovski. Capitán Swing, 2020.
Ventiladores Clyde de Seth. Salamandra Graphic, 2020.
Dzhan de Andréi Platónov. Fulgencio Pimentel, 2018.
Zuleija abre los ojos de Guzel Yájina. Acantilado, 2019.
El arpa de hierba de Truman Capote. Anagrama, 2006.
Y nuestro, pues nuestra novedad confinada: La caja negra. Los perros vuelan bajo de Alek Popov, 2020.

Dani Osca (Sajalín editores)

Sobre el fuego de Larry Brown (Dirty Works)
Galíndez de Manuel Vázquez Montalbán (Anagrama)
El sargento en la nieve (Pre-Textos) y El bosque de los urogallos (Volcano) de Mario Rigoni Stern
Cold Cold Ground y Oigo sirenas en la calle de Adrian McKinty (Alianza)
El dia abans / El día antes y Retorn a Killybegs de Sorj Chalandon
Formentera Lady de Jordi Cussà (LaBreu)
Mi vida en barco Tadao Tsuge (Gallo Nero)
La guerra de Alan de Emmanuel Guibert (Salamandra Graphic)

De los nuestros:
Noche cerrada de Chris Offutt
Un día más en el paraíso de Eddie Little

Francisca Pageo

El nenúfar y la araña, Claire Legendre (Tránsito)
Sobre hielo, Peter Kurzeck (Jus)
Una historia de la luz, Jan Nemec (Errata Naturae)
Casi ciervos, Uxue Juárez (Greylock)
Mis padres, Hervé Guibert (Cabaret Voltaire)

René Parra (El Nadir)

El condenado a vivir. Conjunto de artículos y escritos de Klaus Mann que conforman una crónica del pensamiento europeo, desde el auge del nazismo hasta la posguerra. Escritura de combate y de análisis; esperanzada, amarga, certera.
Cuando las profecías fallan. Este ensayo del psicólogo Leon Festinger es una crónica precisa y delirante de la historia de un grupúsculo de iluminados en la Norteamérica de los años 50. El interrogante que sobrevuela toda la obra es fascinante: ¿cómo la necesidad de creer consigue sobreponerse a una implacable serie de refutaciones?
El capitán se fue a comer y los marineros tomaron el barco. Un Charles Bukowski crepuscular, de vuelta hasta de la mala vida, que se revela más que nunca como un maestro.
Sin blanca en París y Londres de George Orwell.
Los depravados príncipes de la Vieja Corte de Mateiu Caragiale.
La felicidad de los pececillos de colores de Simon Leys.
El peso falso, de Joseph Roth.
La clase de Hermann Ungar.
Incertidumbre, de Paco Inclán.

Elisabet Riera (Wunderkammer ediciones)

Voy a recomendar tres libros de otras editoriales que he leído con gusto últimamente, y también las últimas novedades de Wunderkammer:
Dicen que Nevers es más triste, de Angélica Liddell. Ed. La uña rota, 2019.
Saqueadores de espuma. La ciudad y sus grietas. Lurdes Martínez. Ediciones El salmón, 2020.
La muerte difícil. René Crevel. Ed. El paseo, 2019.
En Wunderkammer, destacar que este año hemos recuperado la obra completa de Valentine Penrose: la novela La condesa sangrienta, por un lado, y el resto de su obra (poemas, prosa breve y collages), inédita hasta ahora en castellano y traducida por Marie-Christine del Castillo, reunida en La surrealista oculta.-
Además, recomendar nuestro último Cahier: Heridas abiertas, de Begoña Méndez, un breve y potente ensayo que se adentra en los diarios lintimos de 10 escritoras para sacar a relucir la distancia que hay entre el yo privado y el yo social de las mujeres.

Carlos Rod (La uña rota)

LIBROS QUE RECOMENDARÍA A PESAR DE TODO:
La metamorfosis del sabueso, de Horacio Castellanos Moya (Ediciones Universidad Diego Portales, 2011)
Muchacha de Castilla, de Mercedes Cebrián (La Bella Varsovia, 2018)
Y eso es algo terrible. Crónica de un poema viral, de Daniel Escandell (Delirio, 2019)
Obras completas, de Sarah Kane. Traducción de Eva Varela Lasheras (Continta Me Tienes, 2019)
Poesía reunida, vol. II (1996), de Chus Pato. Traducción de Gonzalo Hermo (Ultramarinos, 2019)
El enemigo conoce el sistema, de Marta Peyrano (Debate, 2019)
Retrato del futbolista adolescente, de Valentín Roma (Periférica, 2019)
pequeñas mujeres rojas, de Marta Sanz (Anagrama, 2020)
Cassandra Darke, de Posy Simmonds. Traducción de (Salamandra Graphic, 2020)
Noche y océano, de Raquel Taranilla (Seix Barral, 2020)
Años de hotel (Postales de la Europa de entreguerras), de Joseph Roth. Traducción de Miguel Sáenz (Acantilado, 2020).

Susana Romanos (Greylock ediciones)

Publicada en 1975 Corrección, publicada en 1985 Maestros Antiguos, genio y erudito frente a la imposibilidad de apreciar y claudicar ante la imperfección, claudicar subrayado. Genio y erudito en periodo de duelo por perder al único ser con el que burlaban su soledad, burlaban subrayado: «la cualidad de alejarme otra vez (de), ya en el instante de acércame», así Bernhard. Hasta aquí lo común, hasta aquí la descripción.

La doble selección de greylock para este Día del Libro viene impulsada por los acontecimientos actuales. No queremos ofrecer libros que aporten soluciones, —ya sean materiales o emocionales—; sino que buscamos obras que nos hagan pensar y ampliar nuestra capacidad de análisis ante momentos de supervivencia como el de ahora. Cada uno es libre de optar por ser el genio o el erudito, nosotros tenemos la elección clara.

Luci Romero (Librería Bartleby)

Las moras agraces, de Carmen Jodrá (La Bella Varsovia)
Infelices, de Javier Peña (Blackie Books)
Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor (Literatura Penguin Random House)
Notas a Apocalypse Now. Crónicas de un rodaje maldito, de Eleanor Coppola (Barlin libros)
Crónica de un silencio, de Lidia Chukóvskaia (errata naturae)
Cuando los inviernos eran inviernos, de Bernd Brunner (Acantilado)
Pequeñas mujeres rojas, de Marta Sanz (Anagrama)
A lo lejos, de Hernán Díaz (Impedimenta)
Puerto oscuro, de Mark Strand (Kriller 71)
Dadas las circunstancias, de Paco Inclán (Jekyll&Jill)

Consuelo Rubio (traductora)

El príncipe negro, de Iris Murdoch (Lumen)
Sobre los huesos de los muertos, de Olga Tokarczuck (Siruela)
Iluminada, de Mary Karr (Errata Naturae)
Enfermos antiguos, de Vicente Valero (Periférica)
El oasis, de Mary McCarthy (Impedimenta)
Lejos de Kakania, de Carlos Pardo (Periférica)
Chamanes y robots, de Roger Bartra (Anagrama)
El camino de la vida, de Lev Tolstoy (Acantilado)
El libro de las aguas, de Éduard Limónov (Fulgencio Pimentel)

Faustino Sánchez

Este año el día del libro nos llega más extraño que nunca, en pleno confinamiento y con momentos y situaciones muy complicadas, así que voy a optar por una variedad de tonos que dan la vuelta a temas como la reclusión o el aislamiento. Empiezo con el romanticismo apasionado de amores, muertes y encierros de Camilo Castelo Branco en Amor de perdición. Prosigo con el burlesco aislamiento que persigue sin conseguirlo el protagonista de El mar, el mar cuando se retira a la costa para escribir sus memorias después de la jubilación. Y termino con el distanciamiento social que busca en mitad del desierto el misterioso asesor gubernamental de Punto omega. Sentir, reír, pensar. Así seguimos.

Amor de perdición, de Camilo Castelo Branco (Planeta)
El mar, el mar, de Iris Murdoch (Debolsillo)
Punto omega, de Don DeLillo (Seix Barral)

Diego Luis Sanromán (escritor y traductor)

Viajes alrededor de mi cuarto y otros relatos (relatos completos), Xavier de Maistre. Es lo que toca. El texto más ilustre es el que da título a este volumen publicado por primera vez por Espasa Calpe en 1921, pero a mí me parece muy superior su secuela: Expedición nocturna alrededor de mi cuarto, que De Maistre escribió cuando estaba a punto de partir hacia la corte del Zar.
Edén, Edén, Edén, Pierre Guyotat. La de Guyotat es una de las obras más descomunales, bravas y arriesgadas que se hayan escrito en lengua francesa en los dos últimos siglos. Todavía no he podido hacerme con la versión de Rubén Martín Giráldez, pero -conociéndolo- estoy seguro de que está a la altura y hasta -me atrevería a decir- por encima del original, y -por Teutates- que algo así no es nada fácil. Solo siento una cosa: que el muy cabrón se me haya adelantado. Es un libro al que, como traductor, hace tiempo que le tenía muchas ganas.
The Lobster & The Killing of a Sacred Deer, Yorgos Lanthimos & Efthymis Filippou. Últimamente he estado no solo viendo cine, sino también leyéndolo, y me voy a quedar con este par de guiones. Porque sí, porque Lanthimos me parece de lo más grande que ha parido la cinematografía europea en las últimas décadas, y ya está.
Rasgos del nuevo radicalismo de derecha, Theodor W. Adorno. Adorno ya se olía la tostada hace medio siglo. Por desgracia, el texto no ha envejecido nada: ni una arruga ni una pata de gallo, nada. Es más, puede resultar muy esclarecedor para comprender alguna de las muchas catástrofes que nos acechan hogaño.
Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro, Grégoire Bouillier. Bueno, no toda autoficción es bazofia…

Diego Salgado

Artificial Darkness: An Obscure History of Modern Art and Media, de Noam M. Elcott (The University of Chicago Press, 2016).
Fantastique! L’estampe visionnaire de Goya à Redon, de Valérie Sueur-Hermel (Bibliotèque nationale de France, 2015).
Homer y Langley, de E.L. Doctorow (Roca Editorial, 2010).
The Turn to Gruesomeness in American Horror Films, 1931-1936, de Jon Towlson (McFarland, 2016).
Tiempo de vivir, tiempo de revivir: Conversaciones con Douglas Sirk, de Antonio Drove (Athenaica Ediciones, 2019).

Dara Scully

Cinco libros hermosos para celebrarlos siempre y no solo este día:

Los Buenos de Hannah Kent, editada por Alba.
En islas extremas de Amy Liptrot, editada por Volcano Libros.
La niña que amaba las cerillas de Gaetán Soucy.
Primavera sombría de Unica Zürn, editada por Siruela.
Invierno de Elvira Valgañón, editada por Pepitas de Calabaza.

Todas ellas son feroces, salvajes, hermosas como la nieve sobre la palma de la mano o el galope de los caballos en los prados abiertos. Solo puedo desear que, si os adentráis en ellas, sus universos os seduzcan tanto como a mí.

Andrea Valdés (escritora)

Para este Sant Jordi confinado me encantaría recomendar novelones pero me quedo con una novelita que pasó sin pena ni gloria. Se llama Dolly City de Orly Castel-Bloom y es una locura importante publicada por Turner. Al principio la detesté y luego me devoró su mundo.

Para leer de un tirón o en pleno insomnio, son fantásticas
Primavera sombría de Unica Zürn (Siruela), Elena o el mar de verano de Julián Ayesta (Acantilado) y Doctor Glas de Hjalmar Soderberg (Alfabia). Lo último de Paco Inclán Dadas las circunstancias es también un buen viaje y además lo publica una editorial (Jekyll&Jill) que espero dure mil años. Aquí pestañeo…

Luego hay libros que no se han materializado pero que son viables como el que saldría de leer simultáneamente el Viaje a Italia de Goethe y Aprendiendo de las Vegas de Denise Scott Brown, Robert Venturi y Steven Izenour, dos clásicos deliciosos y que al combinarse son extremadamente didácticos.

Mi luz estos días ha sido En medio de Spinoza (Cactus) transcripción de un curso de varias horas en el que el mesetario Gilles Deleuze vuelve inteligible al pensador holandés y da cuenta de su fabulosa osadía, siendo un revulsivo para quienes tendemos a confundir la poesía con revolcarse en el fango.

No es el caso de Mary Ruefle y sus versos compilados por Kriller71. En plena pandemia me pareció interesante cerrar con su Por qué no beso bien. ¡A cada cual sus razones!

Rosas y libros para todxs. Con su puntual dedicatoria.

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