Las máscaras de Ava en La noche que no acaba, por Gemma Vidal

número tres | las penúltimas cosas | ilustraciones: ferdinand jacquemort

La noche que no acaba | Isaki Lacuesta

En la sala de cine de Mes petites amoureuses, de Jean Eustache, se proyectaba la imagen de aquella Pandora casi mítica interpretada por Ava Gardner. Una Ava que recalaría en España para rodar el filme de Albert Lewin. Una Ava que acabaría transformándose en escultura, tanto literal como metafóricamente, haciendo de su rostro una máscara de deseo, del gozo de ser mirado que se funde con el placer de mirar. El placer y el misterio que embargan el rostro y la figura de Ava convierten a La noche que no acaba en el estudio de un rostro y de una idea modelada pacientemente por el sistema de estudios norteamericanos. Así, a través de su deconstrucción y del remontaje, nos recuerda que el cine clásico pertenece a un archivo vivo que muestra su vigencia no sólo en la memoria intergeneracional, sino en la creación de nuevas imágenes que transitan entre el pasado y el presente.

En Las máscaras de Ava en La noche que no acaba, Gemma Vidal explora a partir del documental realizado por Isaki Lacuesta esa imagen de Ava Gardner que interconecta tradición, cine, arquetipos femeninos y el reflejo de una época, a medio camino entre el cine clásico y sus ruinas, cuya huella indeleble se ha mantenido en nuestro presente.

Agradecemos a Patricia Cruzado y al equipo de TCM su amabilidad y las gestiones que nos han permitido elaborar este artículo.

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Détour Jueves, 17 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Encuentro con Isaki Lacuesta, por Francisca Pageo, Óscar Brox, Ferdinand Jacquemort

número tres | nuestro tiempo: ibaff | fotografía: francisca pageo

Escatoestética

Al empezar a desarrollar los contenidos de una sección como Nuestro tiempo, tuvimos claro que bajo un concepto tan heteróclito como este se hacía necesario prestar atención a esa imagen que, en forma de mosaico, recoge cada discurso, gesto o estética que nutre la actualidad de la cultura. Entrevistamos al colectivo cinematográfico Los Hijos para rastrear en su caligrafía y advertir una posible línea para escribir sobre el cine joven (o cómo ve la gente de nuestra generación el cine), gracias a la combinación de curiosidad y descaro que exhiben sus propuestas audiovisuales. En esta ocasión es Isaki Lacuesta quien toma el relevo en busca de esa imagen de nuestro tiempo. ¿Por qué Lacuesta? En primer lugar, porque su discurso, tanto cinematográfico como intelectual, desprende una gran consistencia. A través de filmes, exposiciones, cortos o correspondencias, Lacuesta se ha convertido en uno de los cineastas jóvenes más destacables del panorama. En segundo lugar, porque cada uno de sus trabajos abre una línea de fuga cuyo recorrido es apasionante: vida, arte, creación e intensidad, encuentros con otros cineastas, aventuras y viajes itinerante por diferentes continentes, búsquedas y experiencias comprenden algunos de los valores que encierra la obra de Isaki. Por eso, no podíamos pensar en alguien mejor para hablar de cine, de herencias y legados, de las mutaciones audiovisuales, del aprendizaje y del trabajo, de la importancia de la educación y la cultura o de la necesidad de rodar, de contar todas las historias.

El pasado marzo, dentro de las actividades programadas en el III Festival IBAFF de Murcia, pudimos conversar durante unos minutos con Isaki Lacuesta sobre Naomi Kawase, Joaquín Jordà, la democratización de las pantallas cinematográficas, el valor de posesión de las imágenes o el trabajo fílmico con materiales ajenos, entre otros temas. A continuación podéis ver el resultado en vídeo de aquel encuentro con Francisca Pageo.

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Détour Miércoles, 16 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Theo Angelopoulos en la Noche de los Museos de Cartagena

El paso suspendido de la cigüeña | Theo Angelopoulos

La Noche de los Museos de Cartagena, que este año alcanza su IV edición y que tendrá lugar en toda Europa el sábado 19 de mayo, se ha convertido en su corta historia en una de las actividades culturales más relevantes de la vida cultural de la ciudad. En su programación de este año tendrá un papel especial el recuerdo al cineasta recientemente fallecido Theo Angelopoulos.  Así, el Centro de Interpretación de la Muralla Púnica ha programado para esa noche un particular homenaje al genial maestro griego con la proyección a las 21 horas  del documental ‘Alfabeto Angelopoulos’ (2012), una producción del Círculo de Bellas Artes de Madrid, con guion y drección de Alberto Chessa, en la que ha colaborado el Ayuntamiento de Cartagena. La actividad se complementa a las 22,30 con un Recital de poesía helenística acompañado de un concierto del Trío Magrit, que interpretará temas de Eleni Karaindrou, compositora habitual de las películas de Angelopoulos.

Theo Angelopoulos

Détour Martes, 15 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Cine y videojuegos: un viaje de ida y vuelta, por Víctor de la Torre

número tres | pa(i)sajes: kinetic art. nuevos lenguajes, nuevos espacios | ilustraciones: ferdinand jacquemort

Escatoestética

El mundo del cine y el del videojuego han mantenido, a lo largo de su historia, dos trayectorias condenadas a encontrarse. Para los cineastas jóvenes que irrumpieron durante la década de los 70’, el cine se transformó en el medio para continuar las aventuras que habían sido parte de su educación sentimental. Parapetados tras el progresivo refinamiento de los efectos especiales, realizadores como Steven Spielberg o George Lucas sintetizaron ese viejo espíritu de la aventura pletórico de emociones fuertes para todo tipo de públicos pero sin caer en el error de minusvalorarlos, generando una mítica que ha sobrevivido al paso del tiempo. A su manera, las sucesivas generaciones de consolas han madurado la consistencia y las ambiciones narrativas y estéticas de los videojuegos hasta situarlos en un punto en el que, como aquellas obras seminales que ocuparon las carteleras de principios de los 80’, conquistar su lugar en el mundo. Ahora la experiencia del juego no es vicaria sino en primera persona, facilitada a través de nuestras elecciones, situándonos como protagonistas del relato que vamos a vivir.

A partir del choque entre Cine y videojuegos: un viaje de ida y vuelta, Víctor de la Torre nos explica la historia de un cambio de percepción (de consumo y de estética); de la polinización cruzada entre dos ámbitos, cine y tecnología, que han explorado los límites de sus narraciones; y de cómo el cine, a través de la figura del blockbuster, y los videojuegos de última generación, nos plantean dos apuestas, dos culturas decididas a pelear por configurar nuestra manera de percibir el entretenimiento.

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Détour Domingo, 13 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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La casa del cine: nuevos cineastas, nuevos senderos

Drive

Los próximos 29, 30 y 31 de mayo tendrá lugar, de 18:30 a 21:30 horas, en La casa del cine, el seminario Nuevos cineastas, nuevos senderos, organizado por los compañeros de la revista Transit. A lo largo de tres sesiones de tres horas cada una, los ponentes abordarán aspectos clave del audiovisual contemporáneo desde tres perspectivas diferentes: Cloe Masotta, a partir de la trayectoria de James Gray o Jeff Nichols, hablará del prototipo masculino en la actualidad contrastándolo con el perfil clásico; Carles Matamoros se centrará en modelos recientes de cine personal y subjetivo haciendo dialogar a dos cineastas contemporáneos opuestos en apariencia, Andrés Duque y Sofía Coppola; por su parte, Óscar Brox realizará un viaje por la obra de Winding Refn, Aaron Katz y James Wan y el modo en cómo estos jóvenes cineastas del presente tratan de renovar la puesta en escena y fusionar diferentes géneros cinematográficos. Si queréis más información, precios y reservas, la tenéis en el enlace que os dejamos a continuación.

Nuevos cineastas, nuevos senderos

Détour Jueves, 10 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Libros | Rescate, de David Malouf | La infancia de Nivasio Dolcemare, de Alberto Savinio

Libros

Rescate, de David Malouf (Libros del Asteroide) | por Óscar Brox

Janto, el más nervioso, el más impulsivo de los dos, es el preferido de Aquiles. Posa su mano con suavidad sobre el pelaje satinado: siente el palpitar relampagueante de los músculos bajo la piel, casi transparente.”

Atrapar la belleza del poema homérico fue uno de los objetivos de David Malouf desde su primera incursión, siendo apenas un niño, en los versos de La Ilíada. La belleza microscópica de personajes y reflexiones cuyo peso era anecdótico le animó a escribir Rescate como si se tratase de una línea de fuga de la épica de Homero. La fuga de una cultura y una moral germinada entre la vergüenza y el valor, el respeto a la dirección de las cosas impuesta por los dioses y la extraña melancolía (cuando tal término no tenía lugar ni sentido) que irradia la mirada de Aquiles ante ese mundo que inevitablemente morirá en el interior de unos versos, mientras la realidad se abre hacia otras costumbres. El factor humano es una obsesión para Malouf, como si la grandeza de Homero hubiese que localizarla en todo lo que calla: en el llanto inconsolable de un padre que quiere honrar el cadáver de su hijo; en la pena infinita de un héroe abatido por el peso de su leyenda; en la vida frugal y sencilla. Por eso, Malouf lleva a cabo su relectura homérica a partir del relato de un anciano carretero, alguien lo suficientemente alejado de la épica como para que en su narración desvele que, tras el ímpetu de Grecia y Troya, se presentan en estado puro los temas universales de la literatura. Con la delicadeza y la finura de quien pretende resucitar el espíritu de un tiempo pasado, David Malouf hace de Rescate el más hermoso testamento escrito a propósito de Homero. El último hilo de vida de una tradición que se eclipsa tan lentamente como la mirada de Aquiles sobre todas las cosas. 

 

La infancia de Nivasio Dolcemare, de Alberto Savinio (Siruela) | por Ferdinand Jacquemort

Nivasio Dolcemare, como Alberto Savinio, nace un día de esos en Grecia, lo cual le hace más italiano que los propios italianos, puesto que es él quien elige serlo. Allí pasa su infancia, momento de la vida del hombre (como indica la cita inicial) en la que nos encontramos bajo el cuidado de Antia, la ninfa de las primicias.

Así, esta es la historia de todo lo nuevo que nuestro hombrecito encuentra alrededor de él, en sus días griegos, con una familia Dolcemare centro de una sociedad alta y cosmopolita, llena de bichos raros con devenires inciertos, emblemáticos a su modo. “Desde el fondo oscuro de la infancia, los «problemas» de las personas serias le han inspirado siempre la mayor desconfianza. Falto aún de discernimiento, el instinto le sugería que esas opiniones en apariencia contrarias eran en realidad dos aspectos distintos de la misma forma de estupidez”.

Alberto Savinio, dígamoslo, era el seudónimo de Andrea de Chirico, es decir, hermano de Giorgio de Chirico. Dedicarse se dedicó a todo, desde músico a pintor, pasando, claro, por escritor, y atravesó su tiempo de la forma más inteligente que podía hacerlo. Y su tiempo no fue el más sencillo. Conoció a Apollinaire y los surrealistas, cierto, pero también a Mussolini y el fascismo. Considerado por Leonardo Sciascia como el más grande escritor italiano del siglo pasado (un elogio importante de alguien a quien considero el más grande escritor italiano del siglo pasado), su obra en España ha corrido una suerte incierta: ha sido profusamente (y deliciosamente editado), por Siruela principalmente, pero sigue siendo después de todo demasiado desconocido.

Con una escritura absolutamente deslumbrante (de la que La infancia de Nivasio Dolcemare es un brillante ejemplo, quizás su libro más emblemático), Savinio conjuga una cultura abrumadora con la más fina ironía, en un estilo nada sencillo pero profundamente adictivo.

Hay una anécdota que quizás resume al hombre, quizás al libro. Savinio, en sus últimos años, dormía en una habitación separada de su mujer. Dejaban siempre la puerta abierta, hasta que un día ella, al levantarse, encontró la puerta cerrada. Él había muerto.

Détour Miércoles, 9 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Ciclo de cine “La mamá y la puta”, en Antena

La maman et la putain | Imagen: Vanessa Agudo

El club de cine y fotografía Antena organiza un ciclo entre los meses de mayo y junio en la ETSI de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid (Ciudad universitaria). El ciclo lleva por título La mamá y la puta. Tal y como explican sus organizadores, “Hace unos meses se cumplieron 30 años del trágico suicidio de Jean Eustache, autor de una de las películas más importantes e influyentes de la historia del cine, La mamá y la puta (1973, Francia). Este ciclo rastrea algunas de las huellas de la historia del cine que siguió la cinta de Eustache, hija directa de la Nouvelle Vague francesa, pero también del cine clásico de Hollywood. Amor, pasión, política y desencanto, conceptos sublimados en el mayo del 68 parisino, encuentran en La mamá y la puta su expresión más íntima, sincera y dolorosa. Una película que cambia la forma de ver el cine y que supone una experiencia desgarradora en lo emocional y en lo intelectual. El espíritu de la película caló en las generaciones posteriores y atraviesa todo el cine contemporáneo. El ciclo contará con un total de siete películas que se proyectarán a las 18:30 en el el Aula Magna de la escuela. Tras cada proyección tendrá lugar una mesa redonda. La asistencia es gratuita y el aforo limitado. Aquí tenéis la relación de días y proyecciones:

Huellas:
4 de Mayo – Jennie
11 de Mayo – Julies y Jim
17 de Mayo – La chinoise
25 de Mayo – La mamá y la puta

Herencia:
1 de Junio – A nuestros amores
8 de Junio – Eyes wide shut
15 de Junio – Les amants régulier

Antena

Détour Martes, 8 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Las mujeres de Stepford no sufren encopresis. Hacia una Escatoestética del audiovisual contemporáneo, por Roberto Amaba

número tres | bande à part | ilustraciones: vanessa agudo

Escatoestética

El valor etnológico y antropológico que alberga la escatología o, dicho de otra manera, nuestros excrementos, mantiene un permanente conflicto con la moral y la costumbre. Si teóricos como James G. Frazer o René Girard sintetizaron en sus estudios el valor de la magia, la mitología, la violencia o la religión dentro de los diferentes estadios culturales del hombre; John Gregory Bourke hizo lo propio a propósito de la escatología y su relación con la civilización. Una relación atravesada por una serie de cuestiones y prácticas que, entre lo psicológico, lo moral y lo económico, han modulado el comportamiento del hombre con sus ritos, costumbres y maneras de ver el mundo.

La escatoestética es, en este texto de Roberto Amaba, la clave de bóveda para desarrollar una glosa alrededor de los excrementos. Desde aquellos poetas que cantaban a la mierda hasta la ingeniería social que, a través de sus implementaciones éticas, ha dibujado desde la modernidad hasta el presente una serie de pautas y modelos de conducta para el hombre. La escatoestética es en este texto un motivo para revisar nuestras concepciones estéticas, morales y sociales; un motivo arraigado en nuestra vida, desde el más bajo hasta el mayor producto cultural, cuyo estudio plagado de tabúes dibuja la línea del presente de nuestra condición humana.

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Détour Sábado, 5 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Escatoestética, un avance

Escatoestética | Vanessa Agudo

“Literatura (con diferencia su campo más fértil) al margen, la escatología como género visual único y definido es de difícil rastreo iconográfico más allá de las representaciones que las diferentes civilizaciones han realizado del sexo, de la glorificación de la guerra y de los sacrificios religiosos. Iconografías escatológicas que se movían entre la alfabetización, la propaganda, el miedo y el castigo. Frescos, muebles y cresterías, capiteles y portadas, gárgolas, algún altar, columnas y pilastras, ajuares y otras artes aplicadas. Burdeles, iglesias, palacios paganos, templos y hogares. La escatología nunca buscó el escándalo, si acaso lo hizo como elemento didáctico o disuasorio. Su representación o su prohibición era potestad de las hipocresías dominantes o de grietas populares como el carnaval. La escatología por extraño que parezca, siempre se prestó más a la iconodulia que a la iconoclasia.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la escatología fue perdiendo cualquier valor social o pedagógico para terminar en un lazareto íntimo y culpable. La sociedad, el poder y las religiones principales abjuraron de ella. Vigilaron las nuevas creaciones y si era menester siempre había un heredero de Daniele Volterra para adecentar las antiguas. Así hasta la firma de su acta de defunción fechado en 1961. Año en el que Piero Manzoni entrega al mundo sus noventa latas de Mierda de artista. 30 gramos de mierda por ítem a precio de oro. Literal.”

Roberto Amaba

Détour Viernes, 4 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Julio Cortázar y el Minotauro

Détour Jueves, 3 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Libros | Viva voz de vida, de Marina Tsvietáieva | B-17G, de Pierre Bergounioux

Libros

Viva voz de vida, de Marina Tsvietáieva (Minúscula) | por Ferdinand Jacquemort

Marina Tsvietáieva conoce a Maximilián Voloshín a los diecisiete años. Un día, este llama a su puerta. Ha escrito una artículo sobre ella y quiere saber si lo ha leído. Hablan en el umbral, él quiere conocer su habitación, hacerse una idea de aquella muchacha que todavía va al colegio, lleva el pelo rapado y se cubre con bonete… “¿Y qué hace en la escuela?”. “Poesía”. Conversan durante cinco horas que parecen apenas unos minutos y comienza así una larga amistad que acabará con la muerte de él, a la hora mágica de las doce del mediodía, enterrado en alguna montaña (Marina no sabe muy bien cuál) de las que rodean Koktebel, Crimea, el lugar donde habitó. Viva voz de vida es pues esa historia de la relación de aquel gigante mitológico con cabeza de Zeus y su amistad con la poetisa. Con la poetisa y tantos que le rodeaban, porque Max fue siempre eso, amigo de sus amigos, que eran innumerables, y que le entregaron un lugar importante en la escena literaria de aquellos años, entre blancos y rojos, entre los tiempos que se marchaban irremediablemente y aquellos que llegaban con el mismo aire inevitable.

Tsvietáieva no sabe escribir biografías. A través de ella no conoceremos la vida de Voloshín, sus grandes hazañas, sus grandes obras, nada. Conoceremos a la persona. Y también a ella misma. Y a aquellos que les rodearon. Sus sentimientos, sus miedos, sus anhelos. Como poeta, saltará aquí y allá, donde su pensamiento, su instinto le lleve y sus razones serán ningunas. Escribirá de una manera única (que Selma Ancira cuida maravillosamente en su traducción) y entre todo asistiremos a la construcción de un mito personal, verdadera razón y preocupación de una muchacha que admiraba desde bien joven a Napoleón. Así pues, más autobiográfica que biográfica, Viva voz de vida se convierte en un fragmento de historia personal, para dar cuenta de que después de todo, como dice, y para un poeta, siempre es pronto para morir, pero también es siempre la hora.

 

B-17G, de Pierre Bergounioux (Alfabia) | por Óscar Brox

“Volar, dominar el mundo lo mismo que a los dioses, es en 1944 una de las experiencias cuyo regusto habrá de quedar para siempre”

B-17G es la historia de un gesto, de una mirada que abarca el tiempo de calma entre un rayo y su sonido. A través de la imagen de una vieja grabación tomada desde la cubierta de un caza alemán, Pierre Bergounioux emprende una búsqueda en dirección al horror más primitivo. Nos cuenta el relato de esos jóvenes que, en su ignorancia, son alistados en el ejército para combatir en la guerra contra el enemigo alemán. Nos cuenta cómo, supongamos Smith, un joven artillero, realiza un viaje hacia las tripas del mal absoluto; hacia ese horror que vomita fósforo sobre las praderas francesas y reduce la flota aliada de bombarderos a antorchas humanas que, segundos antes de su colisión contra el asfalto, se consumen en el recuerdo de aquello que fueron. Un horror para el que no hay palabras, que alienta a escritores como Faulkner y Hemingway a inventar fantásticas epopeyas, pero que empezamos a intuir desde la mirada aterrorizada de un adolescente enviado a la muerte. Un horror que parte en dos la condición humana, como una brecha en la Historia de la que nunca conseguiremos recuperarnos. Un descenso al mal, a ese último momento antes de que el obús destroce la carlinga del bombardero, de que los cuerpos jóvenes mueran aplastados entre metal y fuego, en el que la ambición olímpica de asaltar los cielos revela la naturaleza del mal: la falta de comprensión de lo que en 1944 era una novedad y aún hoy nos cuesta encontrar palabras para definir. El horror.

Détour Miércoles, 2 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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Isaki Lacuesta sobre Joaquín Jordà, la integridad y el trabajo

Détour Martes, 1 de mayo de 2012 Sin comentarios »
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