Mayte Alvarado y Borja González (spiderland/snake)

Cuadernos japoneses, de Igort (Salamandra Graphic)
Pantera, de Brecht Evens (Astiberri)
Cénit, de María Medem (Apa-Apa Cómics)
Línea editorial, de Arnau Sanz (Aia editorial)

Almudena Amador y Francisco Benedito (Librería Ramon Llull)

Tiempo de dioses, de Wolfram Eilenberger. Taurus, 2019
Duelo de alfiles, de Vicente Valero. Periférica, 2018
Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza, de Vicente Valero. Periférica, 2017
Cabezas cortadas, de Pablo Gutiérrez. Seix Barral, 2018
Un vaso de agua, de Lola Mascarell. Pre-textos, 2018
Lumpen Supernova, de Emilio Martín Vargas. Visor, 2019
Una noche en el paraíso, de Lucia Berlin. Alfaguara, 2018
Cambiar de idea, de Aixa de la Cruz. Caballo de Troya, 2019
Don de la noche, de Susana Benet. Pre-textos, 2018
Monstruas y centauras, de Marta Sanz. Anagrama, 2018
Silencio administrativo, de Sara Mesa. Anagrama, 2019
La eternidad de un día. Clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934) Acantilado, 2016

José Luis Amores (Pálido fuego)

Milkman, de Anna Burns, que ganó el Man Booker el año pasado y que es una gozada. La ha publicado ADN de Novelas y en verdad es una lástima que se pierda en el maremágnum porque es una cosa magistral.
Kentucky seco, de Chris Offutt, publicada por Sajalín, es una puta maravilla, y lo digo en serio. Los de Malas tierras van a publicar otra pasada de Offutt, un tributo a su padre, que escribía novelas de ciencia ficción y porno con seudónimo, sin, y por encargo, un personaje. Se titula Mi padre el pornógrafo, y quienes quieran disfrutar de verdad tendrán que estar atentos a su salida en breve, tengo entendido. Pero que no dejen de leer Kentucky.
Obviamente, y aunque sea del año pasado, hay que leer Furtivos, de Tom Franklin. Hay dos relatos dentro, Grit y Poachers (éste da título al libro), que son obras maestras. En Dirty Works.
Y obviamente, lo mejor del año, dicho por El Cultural, El origen de los brunistas, de Robert Coover. Lo digo yo, que leo casi más que nadie porque es mi trabajo y me encanta.

Guillermo Arazo (Comunicador cultural)

Game boy (Caballo de Troya), en primera instancia, constituye ese revulsivo, que por tan esperado, satisfactorio. El periodista Víctor Parkas reflexiona sobre las nuevas masculinidades. Sobre sus privilegios. Sobre los nuevos referentes. Sobre, ¡Ays! Cómo-hemos-cambiado- qué-lejos-ha-quedado-aquella-amistad. Con dos cojones. Parkas traza una línea en el suelo de la provocación y se pone a hacer funambulismo periodístico. Sin red. Todo este juego de manos literario es un tetris de divertidos artículos, lúcidas columnas de opinión e hilarantes escenas ficticias donde la sexualidad, el feminismo, el capitalismo, pero sobre todo, la nueva masculinidad, va acoplándose hasta dibujar un paisaje (de nabos) de lo que significa ser hombre hoy. “Dejad que os hable de mi polla” Si para algunos escritores el estilo es un cochazo con el que pasearse entre líneas, para Parkas es más como un abro-hilo-en-forocoches. Divertido y ácido. Un instrumento que le lleva a los fangos de la vida. Un piloto kamikaze planeando sobre el machista cabreado. ¡Banzai! Desde su operación de fimosis “Tengo siete años, un cinturón amarillo de karate y fimosis” a la crítica lacerante al cine de Woody Allen. Una mirada efervescente a las masculinidades tóxicas, que se lee en un gemido y que consigue su objetivo: (emoticono estallar la cabeza)

Óscar Brox

Distraídos venceremos. Usos y derivas de la escritura autobiográfica, de Andrea Valdés (Jekyll & Jill)
Kentucky seco, de Chris Offutt (Sajalín)
Inocencia in extremis, de John Hawkes (Alfaguara)
Amor divino, de Ángela Segovia (La uña rota)

Laura Claravall (Ediciones del subsuelo)

Como novedades, recomendaría en Ensayo: Aquellos años del boom de Xavi Ayén, editado por Debate y en Narrativa: Esta bruma insensata, de Enrique Vila-Matas, editado por Seix Barral.

Como títulos muy recomendables para disfrutar y tener siempre a mano en la biblioteca, recomendaría en Ensayo: Tolstói o Dostoievski, de George Steiner, publicado por Siruela y en Narrativa: Maestros antiguos, de Thomas Bernhard, publicado en Alianza.

De nuestra editorial: Biografía de una idea, de Sigismund Krzyzanowski en Narrativa, y Breviario de la estupidez en Ensayo.

Miguel Fuentes (Librería Cosecha Roja)

Kentucky seco, de Chris Offutt (Sajalín)
Sigue el viento libre, de Leigh Brackett (Valdemar)
Petit Paris, de Justo Navarro (Anagrama)
Safari en la pobreza, de Darren MacGarvey (Capitán Swing)
John Ford, de Peter Bogdanovich (Hatari Books)

David González (El Paseo editorial)

Recomiendo nuestra galería de ilustres fracasados de El Paseo editorial, que seguirá, créeme:
La muerte difícil, de René Crevel, con prefacio de Salvador Dalí y traducción de Julio Monteverde.
Cárcel (seguido de «Estrofas del Éter»), de Emmy Hennings, en traducción de Fernando González Viñas
 Contra la vida establecida, de Ulrike Voswinckel, en traducción de Fernando González Viñas
Y un entretenimiento magnífico:
Los pájaros y otros relatos,  de Daphne du Maurier, en la tersa traducción de Cisneros Perales.
De otros suelo recomendar lo último que leo o releo o que me ha transformado realmente:
El mundo sigue, de Juan Antonio Zunzunegui (Editorial Noguer), una gran novela perdida que tengo la alegría de anunciar que vamos a recuperar para el público en el segundo semestre de este año.
-estoy releyendo Por el ojo de la aguja de Peter Brown (Acantilado), un libro que te deja obnubilado, ni Agamben, vaya…
-Y tengo en la mesilla como lectura discontinua el Diario: Memoria de la vida literaria, de los Goncourt, editado por Renacimiento, y la última de Juan Bonilla, Totalidad sexual del cosmos (Seix Barral).

María Hernández (Ediciones Asimétricas)

Nuestras recomendaciones Asimétricas:
Esoterismo y arte moderno (Iván Gómez Avilés)
Tener el azúcar bajo llave (Eva Lootz)
Arquitectura, arte y diseño (El Lisitski)
Usted está aquí (Recetas Urbanas)
Ornamento #3: MAEKAWA (M. Sotos, S. Romeo, Y. Tomida)

Donatella Iannuzzi (Gallo nero ediciones)

Asterios Polyp, de David Mazzucchelli (Salamandra Graphic)
La entreplanta, de Nicholson Baker (La navaja suiza)
Peces de colores y hormigón, de Maartje Wortel (Seix Barral)

Juan Jiménez García

El par de senos más bello del mundo, de Roland Topor (Pepitas)
La muerte difícil, de René Crevel (El Paseo)
El triunfo del huevo, de Sherwood Anderson (Greylock)
Una historia de la luz, de Jan Němec (Errata Naturae)
Biografía de una idea y otros relatos, de Sigismund Krzyzanowski (Ediciones del Subsuelo)
El hechicero de Meudon, de Éliphas Lévi (WunderKammer)

Y un manga: Mi vida sexual y otros relatos eróticos, de Shotaro ISHInoMORI (Satori)

Javier Lucini (Dirty Works)

Para empezar, a modo de aperitivo, b de birra, de Tom Robbins, en Underwood, porque el vino es de derechas y así, de buena mañana, lo que apetece más es una cervecita bien fresquita, dos mejor que una, y ya tres ni te cuento, a poder ser con sus aceitunitas (y, aparte, porque el tándem Fernando Peña & Javier López González nos promete gloriosas francaCHELAS, y si no, al tiempo, no les pierdan de vista). Luego un Kentucky seco, de Chris Offutt, de la cerveza al bourbon de Sajalín (y no vayan a creer que haya colado este pelotazo solo porque haya tenido el honor de traducirlo, aunque bueno, un poco sí, ustedes sabrán disculparme, será el alcohol y la fase de exaltación de la amistad, esperen a que llegue la fase violenta; he aquí las dimensiones de mi credibilidad). Todo muy mosca de bar, como ven. Por eso también recomendaría al viejo Hank, con esos inéditos que se acaba de sacar Anagrama de la manga, Las campanas no doblan por nadie, aunque los conversos lo denosten y andan renegando desde hace tiempo de sus viejas borracheras, allá ellos, nunca supieron beber (ahora andan leyendo cosas de enjundia –entrecomílleseme mucho la enjundia esa, si me hacen el favor–). Y de ahí, con bastante resaca, a Hijos de Las Vegas, de Timothy O’Grady, en Pepitas, para solazarnos un poco en la inmundicia, bello y desolador, muy de amanecer con vómito en un callejón tras una pelea y un gato mirando (y ya que estamos con Pepitas, El par de senos más bellos del mundo, con el que inauguran la ilusionante Biblioteca Topor, con traducción de monsieur Diego Luis Sanromán, eficacia aprobada, como el 3 en Uno). Y para terminar, Sigue el viento libre, de Leigh Brackett, número 20 de la colección La Frontera, solo porque es el último que han sacado los viejos y admiradísimos pistoleros de Valdemar, si fuese el nº21, pues recomendaría el nº21, o el que fuera, porque La Frontera es oro puro, es el Yukon en plena época de la Fiebre, cuando todavía quedaban vetas buenas. Al igual que recomendaría a ciegas cualquiera o todo lo de Wunderkammer, gabinete de maravillas, ya más para quedarse, si eso, tirado en casa, con mucho cojín y el mal francés, o en la trastienda del chino, con las sedas y los opiáceos.

Rubén Martín Giráldez (Traductor y escritor)

A su manera, estas cuatro lecturas acompañan la traducción en marcha del libro de Guyotat Éden, Éden, Éden para la nueva editorial Malas Tierras. Un poema épico, opaco y sucista en prosa saludado por Leiris, Barthes, Sollers y Foucault en 1970, por decirlo rápido y mal.
Pierre Guyotat. Essaie biographique, Catherine Brun, Editions Léo Scheer, Paris, 2005
Verbi Gratia. Los escritores macarrónicos de España, Antonio Torres-Alcalá; Porrúa, Madrid, 1984
«El autor del Merlini, que habla de la visita a Cádiz del Almirante de España, para describir la alegría y el bullicio del pueblo, usa la palabra zangamalangus poniéndola en boca del perplejo Hércules: “Quis zangamalangus… invaserit Urbem?”. Asimismo, describiendo el ruido de los cañones, usa gatatumbam: “Qui gatatumbam no faciat…” y “Rursus disparant, undique tumb, tumb!”»
Correspondencia 1914-1922, Proust-Rivière; La uña rota, Segovia, 2017; prólogo, traducción y notas de Juan de Sola.
De una reseña de Henri Ghéon para la NRF que aporta De Sola en su prólogo: «[…] Ni siquiera se toma la molestia de ser lógico y aún menos de “componer”. Se obstina en negarnos esa satisfacción orgánica que nos procura una obra cuyas partes abarcamos de un solo vistazo […]. Ese libro adolece de la locura de la sinceridad […]»
Y una novela viva que debo a un amigo —ahora que los amigos pueden ser, en efecto, eléctricos—, Vicente Nascimento:
La guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez; Cátedra, Madrid 2016 (publicada por primera vez en 1976).

Inés Martínez García

Sigo aquí, de Maggie O’Farrell (Libros del asteroide)
Golpéate el corazón, de Amélie Nothomb (Anagrama)
Saudade, de Yasmín C. Moreno (Amargord)
Ejercicio de las memorias, de Romina Serrano (Liberoamericana)
Primera persona, de Margarita García Robayo (Tránsito)

Vanessa M. Montesinos (Afán de plan)

El tutú (Princesa Safo, 1891); Oblómov (Ivan Goncharov, 1859); Crimen y castigo (F. Dostoyevski, 1866); El proceso (F. Kafka); Bartleby, el escribiente (Herman Melville, 1853); El juguete rabioso (Roberto Arlt, 1926); Rayuela y Los autonautas de la cosmopista, además de muchos de sus cuentos breves (Julio Cortázar); La campana de cristal (Sylvia Plath, 1963); El rodaballo (Günter Grass, 1977); El arrancacorazones (Boris Vian, 1953); La grieta (Doris Lessing, 2007); La mujer singular y la ciudad (Vivian Gornick, 2015); Hacia la boda (John Berger, 1995); El libro de las ilusiones (Paul Auster, 2002)…

Tengo una tendencia natural, que aumenta con la edad, a disfrutar con el humor negro y el absurdo… No solo me ocurre con la literatura, también con el cine, la fotografía, el collage, la danza o el teatro; aunque el teatro prefiero verlo a leerlo. No obstante, debería leer más teatro. Angélica Liddell, Lluïsa Cunillé, Laila Ripoll, Magda Labarga, Sarah Kane, Patrícia Pardo, todas las publicaciones del Laboratorio de Dramaturgia Insula Dramataria Josep Lluís Sirera… Beckett, Ionesco, Genet, Pinter. Poco a poco.

Si alguien las tradujera, me encantaría leer Insel, la única novela de Mina Loy, o Héroïnes, de Claude Cahun. Tengo pendiente Cárcel (Gefängnis), de Emmy Hennings, recientemente traducida. Próximamente, iré a por Vernon Subutex, de Virginie Despentes; El par de senos más bello del mundo, de Roland Topor; El estilita, de Uri Costak; Los asquerosos, de Santiago Lorenzo; Jovencitos con botines, de P. G. Wodehouse; y El ejército de los sonámbulos, de Wu Ming. Ahora estoy alternando Juegos de la edad tardía, de Luis Landero, con la Prosa completa de Alejandra Pizarnik.

Núria Molines (Traductora)

Cambiar de idea, de Aixa de la Cruz (Caballo de Troya): una confesión descarnada y directa a la yugular sobre diferentes episodios de su vida. Aixa de la Cruz les ha puesto voz a muchos conflictos actuales desde la honestidad, sin cortapisas. Un libro que te coge de las entrañas y te lleva a un viaje frenético que gira alrededor de la culpa, la construcción de la identidad, la violencia estructural… Una gran reflexión sobre lo que significa ser mujer a punto de cumplir los treinta.

Julio Monteverde (Escritor, traductor)

Meret Oppenheim: Un extraño continente. Tres molins.
Esther Peñas: La vida, contigo. Adeshoras.
Anselm Jappe: La sociedad autófaga. Pepitas.
António José Forte, Un cuchillo entre los dientes y otros textos. Ediciones de La Torre Magnética.

Almudena Muñoz

Cualquier título de los Mumin, de Tove Jansson (Siruela)
La dependienta, de Sayako Murata (Duomo)
Flush, de Virginia Woolf (Lumen)
El unicornio, de Iris Murdoch (Impedimenta)

Dani Osca (Sajalín)

Total Khéops, de Jean-Claude Izzo (Akal). Trad. de Matilde Sáenz
El hogar eterno, de William Gay (Dirty Works). Trad. de Javier Lucini
Desguace Americano, de Bonnie Jo Campbell (Dirty Works). Trad. de Tomás Cobos
El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell (Anagrama). Trad. de Marcelo Cohen
Últimas notas de Thomas F. para la humanidad, de Kjell Askildsen (Lengua de Trapo). Trad. de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Maus, de Art Spiegelman (Reservoir Books). Trad de Cruz Rodríguez
Pescadores de medianoche, de Yoshihiro Tatsumi. Trad. de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Esclavos del trabajo, de Daria Bogdanska (Astiberri). Trad. de Cristina Hernández

Francisca Pageo

Posesión, de A.S. Byatt (Anagrama)
Encontraste un alma, de Edith Södergrand (Nórdica)
Un pintor de hoy, de John Berger (Alfaguara)
Historia de una flor, de Claudia Casanova (Ediciones B)
La persona y lo sagrado, de Simone Weil (Hermida Editores)

Mireia Pérez (La batisfera)

Mercé Rorodera removió la tierra en un segundo plano mientras escribía La plaça del diamant haciendo de La mort i la primavera su novela más particular, diferente a las otras historias que publicó, tanto en sus características formales como en en el tono. Sin embargo, aunque el libro estaba escrito lo dejó sin terminar. Existe una edición anterior, un rompecabezas, pero es en esta reconstrucción que hace Arnau Pons con esos retales descosidos y que publicó Club Editor en 2017 donde, descartando muchas piezas que se incluyen en un apéndice, se recompone una historia de posibilidades que se acerca a la de todas las personas y sociedades. Aquí se recurre a una simbología que resuena atávica pero en realidad es una propia. El objetivo, hacernos sentir el deseo, el miedo, el dolor y su belleza. Precisamente es la singularidad de su mitología, alejada de todo referente occidental, vinculada al cuerpo y a la naturaleza, lo que la hace tan rica e imprescindible. El punto de partida es la tierra, la bestialidad de una montaña escarpada y abierta por la mitad como si hubiera recibido un golpe mortal, rodeada por un río violento que se le mete por la carne al suelo. La montaña acoge en su falda un pueblo luminoso y el bosque donde recorremos la vida del protagonista desde sus ojos, piel y voz. Aunque se compara constantemente con escenarios políticos, es el deseo en su conjunción constante con la muerte el alambre ardiente que estructura su lectura. La Mort i la primavera cuenta la historia de alguien inocente en su diferencia que es temido, y en consecuencia odiado, por obedecer libremente su deseo genuino. Si tuviera que compararla con otras referencias sería fácil hacerlo con Dogville, The village o cualquier otra historia de terror rural, pero es en la obra de artistas como Ana Mendieta donde encuentro más semejanzas.

Elisabet Riera (Wunderkammer)

Pierre Michon. Llega el rey cuando quiere. Conversaciones sobre literatura (Wunderkammer, colección Áurea). Las mejores entrevistas literarias a Michon; una clase magistral.
Agota Kristof. Claus y Lucas. Libros del asteroide. Una novela brillante con una propuesta narrativa fuera de lo común.
Kate Millett, Sita, Alpha Decay. Escritura autobiográfica amorosa valiente y descarnada.
Kate Millett, Viaje al manicomio, Seix Barral. Escritura autobiográfica valiente y descarnada, esta vez con la locura y la represión social como tema central.

Rafa Rodríguez Gimeno (Verlanga)

Ser pobre, de Borja Monreal (La huerta grande). La inasumible avalancha de novedades que llega cada semana a las librerías provoca que algunos títulos pasen totalmente desapercibidos. Sería una lástima que eso ocurriera con “Ser pobres”. Un acercamiento a la pobreza desde la experiencia de su autor, Borja Monreal, a pie de campo, traspasando los corsés propios del ensayo y dando prioridad a sus conocimientos en los lugares donde más azota, junto a las personas que la sufren, lejos de teorías simplistas que intentan adecuar la vida humana a incompletas ecuaciones matemáticas. “Lo peor de la pobreza es su silencio”, escribe y combate al mismo tiempo en las casi cien páginas del volumen. Y lo hace dando voz a sus protagonistas, esos a los que “falta de todo” y no son dueños “de la situación y tampoco del propio futuro”. O trazando un mapa con paradas necesarias, como en esa Uganda que acoge refugiados con la humanidad que nos falta en Europa. Porque, como muy bien explica, “el hambre no es una enfermedad: es la trágica consecuencia de decisiones políticas perversas. Una representación de qué y quién importa en el planeta”.

Susana Romanos (Greylock editores)

Existe un texto ficcional que no copia la realidad sino que construye un mundo ficcional autorreferencial. El texto de ficción no apunta hacia otra realidad representada, sino que se autorrepresenta, no es una mala copia o falsa apariencia, sino una forma de desvelarnos parcelas de realidad que de otro modo no serían visibles. De esta forma, inspirada por esto, las lecturas que propongo para esta edición del Día del Libro son, sobre todo, lecturas de intuiciones.

Comenzaré por un cómic: Materia, de Antonio Hitos (Asteberri), ciencia, ética y estética a través de una obsesión de formas y una marcada paleta cromática que roza la paranoia, tema presente a su vez en la propia historia de esta obra. Materia me lleva a pensar en los teoremas de la incompletitud que demostraron que las matemáticas eran en realidad un laberinto repleto de potenciales paradojas, en Obras completas de Kurt Gödel y traducción de Jesús Mosterín de las Heras (Alianza). Creador de paradojas, a través del impacto brutal de sus textos, aparece Miquel Bauçà del que he seleccionado Carrer Marsala (Empúries) en el que se nos dibuja a través del personaje toda una geografía física. El espacio asoma así como recipiente, a lo que se añade la palabra como algo vivo, por tanto, autorreferencial, y con ello cerramos el círculo, lo que permite concluir esta pequeña aportación con esa obra maravillosa que son Cantos de Ezra Pound, con traducción de Jan de Jager (Sexto Piso), y de la que me he servido para titular estas líneas.

Diego Salgado

Creadores de Hits, cómo triunfar en la era de la distracción, de Derek Thompson, editorial Capitán Swing, 2018. El título puede dar la impresión de que Thompson, al fin y al cabo analista de actualidad para medios como Business Channel y Business Week, ha escrito una guía de autoayuda y superación en torno a cómo sobresalir (y perdurar) en el campo de la cultura de masas que se desee, en unos tiempos en que la saturación de propuestas lo hace casi imposible. Y algo de eso hay en el libro. Pero, cuanto más se avanza en sus páginas, más se percibe que su gancho sirve a un propósito más reseñable: descubrirle al lector su propia psicología al respecto de las expresiones culturales que tienen resonancia y las que no, con conclusiones abrumadoras. Tras su ameno y convincente aluvión de datos, anécdotas significativas y reflexiones, ejemplo del mejor periodismo divulgativo anglosajón, es muy difícil llevarle la contraria a Thompson cuando certifica que la cultura popular que triunfa es aquella que nos da lo que ansiamos, siempre y cuando nos hayamos engañado antes a nosotros mismos pensando que somos demasiado inteligentes para ella. Es decir, la que nos sorprende ofreciéndonos exactamente lo que andábamos buscando, pero con los retruécanos suficientes como para sentir que la hemos interpelado. Teniendo en cuenta que el propio libro es ese tipo de artefacto, se produce en Creadores de Hits una concordancia entre fondo y forma difícil de encontrar.

Faustino Sánchez

Este año nos ha tocado un día del libro en campaña electoral, por lo que el ruido, la vorágine y la presión dificultarán que nos detengamos en los rescoldos de belleza que aún nos reservan los libros. Inmersos en esta rueda, muchas veces nos es difícil ser conscientes de la burbuja que nos envuelve y que nosotros mismos ayudamos a crear. Por eso, este año recomiendo tres libros que nos hacen muy conscientes de ese ruido. Los dos primeros están inmersos de lleno en el problema, en ese caos abigarrado de voces y estímulos, ya sea en un eje político o en una dimensión de economía e histérica avaricia; el tercero, por su lado, parece un bálsamo, un respiro, cuando no es más que la consecuencia opresiva de una sociedad que encarna todo lo anterior. Quizás por eso, sea el que nos coloca frente a frente con la desolación.

La hoguera pública, de Robert Coover (Pálido fuego).
Jota erre, de William Gaddis (Sexto piso).
Según venga el juego, de Joan Didion (Literatura Random House).

Diego Luis Sanromán (Escritor, traductor)

Duchamp. Nueva edición ampliada y revisada, de Calvin Tomkins, Anagrama (2019). Traducción de Mónica Martín Berdagué.
La bala perdida: William S. Burroughs en México, de Jorge García-Robles, La Moderna (2018).
La larga carretera de arena, de Pier Paolo Pasolini, Gallo Nero (2018). Traducción de David Paradela.
Made in Taiwan, Copyright in Mexico, de Roland Topor, Editions du Rocher (1997).

Dara Scully

Las retrasadas, de Jeanne Benameur (Árdora). Una novela bellísima como una nana, como un poema que se pronuncia en un susurro para que cada palabra te acaricie.
Lolita secreta (Melusina). Memoria o juego, niñas ninfas y muchachos flor, carne hecha de ternura.
La azotea, de Fernanda Trías (Tránsito). Una novela donde el terror es cotidiano y blando como una fruta que se pudre, extendiendo hasta ahogarnos con sus humores venenosos.
El río, de Rumer Godden (Acantilado). Memoria-ficción, la India de una belleza total, y en su mismo centro una niña que crece y sufre, que se corta con el filo brutal de la existencia.
El jardín colgante, de Patrick White (Tres hermanas). Una infancia exuberante que trepa como la hiedra, buscando donde asentar su cuerpo, su aprendizaje del mundo.

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