Vista Chinesa, de Tatiana Salem Levy (Libros del Asteroide) Traducción de Mercedes Vaquero Granados | por Gema Monlleó

Tatiana Salem Levy | Vista Chinesa

“Hay cosas que, incluso después de haber acontecido, siguen aconteciendo. No te dejan olvidar porque se repiten todos los días”

Joana Jabace (nombre real, en clara reivindicación no-victimizante de la víctima) sufrió una violación en 2014 mientras hacía deporte por Vista Chinesa (en el Parque de la Tijuca, a las afueras de Río de Janeiro). Este hecho, un número más en las estadísticas de agresiones sexuales de la ciudad brasileña, deviene único (porque cada agresión es única) en la individualización novelada que escribe Tatiana Salem Levy (amiga de la víctima) donde narra el hecho y sus consecuencias.

Vista Chinesa (Libros del Asteroide, 2022) es una novela epistolar de una única carta. Han pasado cinco años desde la violación, Julia (nombre de la protagonista) está casada y tiene dos hijos gemelos, pero continúa viendo su cuerpo ultrajado al mirarse al espejo: “y ahora, ¿cuánto tiempo ha pasado? Sigo haciendo ejercicio, corriendo, pero cada vez que me miro desnuda en el espejo veo al agresor, y me dice que de nada sirve que me esfuerce, mi cuerpo fue destrozado, y un cuerpo destrozado nunca volverá a ser un cuerpo bello”. Con cierta voluntad terapéutica decide escribir una carta a sus hijos explicándoles todos los detalles de la violación pese a la incomprensión de su marido (“pero, ¿por qué te gusta tanto hurgar en el pasado?, y le he dicho que no estaba hurgando en el pasado, que estaba hurgando en el presente”). Julia quiere recuperar los detalles, todos los detalles que se mezclan y entremezclan en una tarde que regresa y regresa, para poder expulsarlos, para poder encapsularlos, para reconciliarse consigo misma si ello es posible (sí, la culpa, la víctima que se siente culpable de la agresión sufrida).

Julia salió a correr. Julia fue violada. La vida de Julia cambió. Y no hay eufemismos para disimularlo: “Las palabras correctas podrían ser, fui violada. Vuestra madre fue violada. Yo, vuestra madre, fui violada. Fue. Fui. Violada. Violada. Vio-la-da.”. La violación es la primera violencia que sufre, a esta le sucederán todas las demás: la policial, la de la prensa, la familiar, la social.

Contexto. Estamos en 2014 dos años antes de los Juegos Olímpicos de Brasil, en plena efervescencia inmobiliaria, en esos momentos en que las ciudades aprovechan para pintar su cara (que no lavarla), que la fachada sea bien bonita aunque la violencia corra por las calles. Julia es arquitecta y está diseñando el campo de golf en el que se disputarán las olimpiadas. La brecha entre la imagen de lujo que la ciudad quiere proyectar y su vivencia colisionan de la forma más violenta posible. Apátrida por expulsión de su paraíso, la ciudad será también un territorio que reconquistar: “necesitaba hacer las paces no solo con mi cuerpo y la vida, sino también con la ciudad”.

A la violencia y al trauma (“un trauma, palabra que oiría decir a la policía docenas de veces, interrumpe todo lo que te rodea, interrumpe tu propio mundo, confunde el tiempo, la memoria, y te arrastra fuera del paisaje”) se le unen la incomodidad del entorno (Salem Levy afirma que así como el Me Too abrió la veda para hablar de abusos sexuales, las violaciones siguen siendo un tema tabú), la revictimización constante, el afán de venganza familiar y un entorno policial sumido en la incompetencia cuando no en la corrupción. 

Julia quiere, necesita, recuperar la parte de su esencia enganchada al cuerpo (“todo el tiempo, la lucha entre el cuerpo que ya no era mío y el cuerpo que nunca había sido tan mío”) y el libro se abre en abanico sobre las diferentes experiencias posteriores de corporeidad más íntima: la recuperación de la sexualidad, la gestación y el parto. Cada paso adelante es una celebración de una vida puesta en cuestión por ella misma: “estaba viva, pero aún no sabía si la vida sería posible”.

Vista Chinesa se enmarca en la misma corriente que Violación (Joyce Carol Oates), El invencible verano de Liliana (Cristina Rivera Garza), Por qué volvías cada verano (Belén López Peiró), ficciones y no sobre el trauma de la violación y de las agresiones sexuales a mujeres. Todas ellas se erigen como la voz del después, la voz del cuerpo, la voz que desea contar para recolocar en su interior o liberarse de su propia vivencia, la voz de la vida después del aullido.

“No sé si algún día tendré el valor de entregaros esta carta, de contaros que vuestra madre no es solo vuestra madre, vuestra madre es también esta mujer que vio al diablo frente a sí”. Julia escribe. Julia no entregará la carta a sus hijos porque Julia no existe. Julia es un personaje. Joana no escribe. Joana le cuenta su historia a Salem Levy y ella escribe. Joana lee y comenta y Salem Levy reescribe. Vista Chinesa es una novela basada en hechos reales. En esa intersección nos encontramos.

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