Quimera, de Pere Joan Martorell (LLeonard Muntaner) | por Gema Monlleó

Pere Joan Martorell | Quimera

“Encara no sabies   el meu nom 
i la nit ens va fer   deutors del temps. 
Després vingué l’imperi   de la sal” 

Si entendemos la vida como un continuum en modo montaña rusa y las relaciones como la vagoneta que tan pronto sube como baja como te deja del revés, Pere Joan Martorell (Mallorca, 1972) sitúa este su nuevo poemario Quimera en un vagón que desciende. Y es desde ese descenso, desde la ruptura, en el desamor impuesto, desde donde Martorell escribe versos de pérdida, de duelo, de desgarro, y de expiación.  

A contracorriente de unos tiempos que celebran el amor múltiple, el amor que no puede celebrar el poeta es el amor de pareja, el del tú y el yo, el que desafía a los hados desde el díptico en el espejo (“Jo vaig ser tu per dir   tot el desig. / Tu vas ser jo per ja   no creure en déu”) y el que cuando pierde al par se enreda en su unívoca individualidad (“L’altre que ets / no vol ser tu”). De la provocación a los dioses al reto forzoso del yo, de la arrolladora fuerza del amor compartido a la necesidad de recomponerse en/como uno solo. 

“I el somni fuig / de la pell erma”, y el declive amoroso se retrata no sólo en versos y palabras, sino también en espacios, en versos que se fracturan en espacios blancos para (tal vez a imagen de los guiones de Marina Tsvetáyeva) respirar y poder continuar(se). Versos rotos de intersticio triple (“Saba i verí flueixen / sense descans   sense / temor”) que asumen con determinación poética esa nada, ese abismo, ese espacio vacío “junto a”, esa ausencia que ya no responde a la retórica universal del ser enamorado (“Serem potser la nit / oracles immortals / Fins quan / Fins quan / Serem desig”). No hay “hasta cuándo” que quiera ser respondido desde el empírico mundo real, no hay palabra santa (“paraula és llei”) que ofrezca la respuesta científica y segura ante el rugido del eco, sólo del eco (“Teu és   Amor / el plany incert   crepuscular / l’albada eterna   el temple buit / d’aquest reialme”). 

Impúdico con la herida (“Descalç trèmol   mig un / clavant-me agulles seques / alçant la copa al vent / Extingit / d’aquest reclam injust / que he de portar / mentre la veu   la veu / segueix fent camí”), lanzando bengalas fosforescentes de aviso a un mundo (“No som res / L’amor no existeix / Tot és mentida / Tot és mentida / L’amor no existeix / no som res”) que, exterior o interior, retrata desasosiego cuando no, de nuevo, la violencia de la reverberación vacía (“Poblat de mans / inhàbils   assedegades / de verins i alacrans / d’unicorns i solatges”). Martorell se pregunta por las promesas incumplidas (“Aquella nit vas dir-me: “vull morir / al teu costat”. Jo vaig   restar callat”), la montaña de deseos de los enamorados que termina en vertedero pútrido, el abismo pasto de los cuervos (“El somni va ser un corb   negre i gegant / amb el plomatge encès   i reguerols / de sang d’un cap estret   entre les urpes”) que, en voz de poeta, no puede sino remitirme a los versos de Ted Hughes (“La realitat donava la lliçó, / la seva mescla de sagrades escriptures i de física”1). 

Poemario litúrgico ad-hoc para el desamor, plagado de referencias religiosas y filosóficas en disputa por la ofrenda de las respuestas verdaderas. Amor-cáliz-dádiva (“sang beguda”), poeta-ser-doliente virginal tras la purificación (“desposseït / net de culpes / sens tresor ni memòria”), sacrificial mártir (“la creu que espiga l’òxid de l’ossada”) y Lot del XXI sin miedo a mirar atrás (“T’he vist / Juraria que t’he vist / Tot just comença   ara / el principi de la fi”) que anticipa y supone el reflejo pretérito en otro espejo (“Un cos multiplicat / per la saliva d’altres veus / per la insurrecció / de llengües estranyes”) e invoca, postrer y rendido, la paz de las distancias (“Una gran plaga d’ombra   ens allunyarà”). 

Es Quimera un conjuro que deshace el hechizo amoroso, un falso dietario de la autoexpiación del fracaso (así lo leo en el verso que componen los títulos de cada una de las cuatro partes: Sense / La necessitat / De ser / Quimera), un relato en verso de la alienación del amor (“levitar entre deliri / i puixança”), añoranza, laceración, ultraje (“M’has dit   plorosa / avui fa un any que em vas mentir”), bautismo hereje, “dis / Còr / Dia”, juicio de sentencia heraclitiana, el dedo en la llaga escrita de la aflicción, y una promesa elíptica para el renacer(se) tras un epitafio último:  

“Vers calcigrat
sota la sorra
escindit
Vers l’epitafi” 

 


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