Leer mata, de Luna Miguel (La Caja Books) | por Gema Monlleó

Luna Miguel | Leer mata

“Y tengo la sangre dulce como una tarta de manzana”
Diarios. Sylvia Plath

¿Leer mata? El título de este autoensayonovelado lo afirma, provocadora y contundentemente. A lo largo del libro, sin embargo, la acción homicida más que en el verbo y la lectura yo la situaría en la mano del lector. ¿Cómo leer hasta matarse? ¿Cómo matarse a leer?

Luna Miguel (1990, poeta, novelista) vuelca en esta anti-autobibliografía las filias y fobias lectoras de Ella (alter ego innominado de sí misma), no con el propósito de definir un canon de títulos (criminales o redentores), sino con la impúdica intención de entreabrir una puerta desde la que sus lectores, cual voyeurs, conozcamos su modus lectora (consecutivamente definido por ella como bulímica, enfermiza, sumisa, somática y amorosa) y como este se imbrica en su modus vivendi

Diario de lectura, que no de lecturas (aunque El mar, el mar -Iris Murdoch-, La señora Dalloway -Virginia Woolf- y el Ulises -James Joyce- vertebran el texto), diario de vida-mientras-se-lee, diario de enamoramientos lectores (con sus consabidos atracones después del asalto al bolsillo), diario de obsesiones que se retroalimentan de una lectura a otra, diario de hambre lectora: “esa batalla de querer pasarlo todo por la mirada. Esa de ansiar leerlo todo, todo y todo antes de morir”. Miguel/Ella insaciable: “artista ocular, acaparadora de caracteres ajenos”.

Miguel/Ella lee desde la autoflagelación, desde lo físico, desde lo poroso, lee desplazándose inter lecturas con filamentos protozóicos, lee hacia dentro (bolígrafo azul aguamarina en la piel), lee dejándose perforar por Charles Arrowby, Humbert Humbert o Leopold Bloom, lee desde el placer del daño lector: “leer es entregarse a los designios del otro”. Lee desde la sumisión y metamorfoseándose en tanti altri para quien la lectura fue/es vida, vicio, dolor: “leer duele de manera prosaica. Leer acapara al cuerpo en su totalidad. Una jeringa repleta de ideas, directa a la carne del brazo derecho”. Las lecturas de Miguel/Ella como lectura-glucosa, lectura-sanguínea, lectura-cuerpo, lectura-contagio, lectura-gangrena y también como: lectura-sanación, lectura-estigma (rozando el misticismo, sí), lectura-expiación. Miguel/Ella, la que «no sabe leer, sólo sabe devorar. Es probable que tampoco sepa amar. Le excita la inteligencia ajena. Se alimenta de ella. ¿Y si es que sólo existo en el tiempo detenido de los libros?»

La lectura-con, el leer compartido, amplía el foco más allá del onanismo lector: “se piensa mucho en las parejas de escritores pero no tanto en las parejas de lectores”. Miguel/Ella comparte con su amante la bibliofagia (metafórica), y sus apetencias sexuales (mails included) se mezclan con sus apetencias lectoras (las de ella, en ocasiones las de ambos). “Leeres” distintos (más ordenado el de él, más compulsivo el de Ella) que se compenetran (en todas sus acepciones) y complementan. “Leeres” en carrera y a la carrera (el final de la lectura de Miguel/Ella de El mar el mar es absolutamente murdochiano), “leeres” a la contra o por amor (él lee Los hermanos Karamazov de Dostoievsky y Miguel/Ella los cuentos completos de Chéjov, el teatro de Lorca, pero también los Karamazov en diagonal, como quien buscar soñar el mismo sueño del amante-amado), “leeres” como salvación del mal-de-donquijote o del bovarysmo: “quererse les recuerda que hay una posibilidad de vida fuera del papel”. “Leeres” como previa o post del sexo: “¿leemos?, le preguntaba él a veces, ¿te apetece que nos sentemos a leer ahí?, le preguntaba ella, ¿una horita más de lectura? ¿follamos y volvemos a leer?”. Miguel/Ella y su amante “drogadictos a sueldo (de la lectura). Artistas oculares, Asesinos. Bibliofrénicos”.

Recién leídos Los armarios vacíos de Annie Ernaux no puedo evitar relacionar el “autodidactismo feroz” de Miguel/Ella con la avidez cultural e intelectual de Denise/Ernaux. Miguel/Ella, bachiller, sin carrera, a quien “le gustaba sentirse como una ilustrada autodidacta” y Denise/Ernaux que sintió el aprendizaje como el trampolín para ascender de clase social. Ambas convirtiendo su “enfermedad lectora” en virtud, ambas autoinflingiéndose el saber literario por todas sus grietas. 

Ensayo sin tesis, ensayo epicúreo, ensayo lecto-lujurioso, ensayo orgiástico. Termino el libro y me encuentro con un puzzle a mis pies. Sé cómo lee Miguel/Ella, tengo las piezas de lo que podrían ser tipologías de “lecturas vivendi” y quisiera recomponerlas en modo espejo, descubrir cómo leo yo a partir del striptease lector leído. De momento juego, las cambio de lugar, volteo el rompecabezas. “Leer es una combinación del goce y el castigo de empujar eternamente una gran carga -una biblioteca-.” En la época de las novelas fragmentarias siento que la que se ha fragmentado soy yo. Si la lectura fuese un naufragio ahora mismo soy plural: pecios a la deriva en busca de autor.

Coda 1: Contexto: Leer mata inaugura la colección bastardilla de La Caja Books. Una colección de libros breves a propósito de la lectura

Coda 2: ante tanto ensayo de ideas prestadas se agradece la Bibliografía que Luna Miguel adjunta al final del libro: “citados, odiados, amados, ojeados, releídos, abandonados, plagiados, subrayados, heredados y consultados”.

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