El tercer inconsciente, de Franco «Bifo» Berardi (Caja negra editora) Traducción de Tadeo Lima | por Óscar Brox

Franco 'Bifo' Berardi | El tercer inconsciente

En La segunda venida, una de sus obras más recientes, Franco “Bifo” Berardi trataba de poner en escena una propuesta frente a la obliteración del entendimiento crítico, la merma de bienestar social (gracias, neoliberalismo) y, en definitiva, la automatización como estilo de vida. Aquel era un texto urgente, escrito a rebufo del trumpismo y el capitalismo de plataformas, en el que el teórico italiano intentaba rehabilitar una marca históricamente debilitada como la del comunismo en aras de dar forma a un futuro imprevisto. Esa asignatura pendiente, fetiche de autores como Fredric Jameson o Mark Fisher. Tenemos que imaginar el futuro.

Sin que suponga una continuación de aquel, El tercer inconsciente retoma algunos de sus hilos adaptándolos al contexto social de pandemia que vivimos desde el invierno de 2020. ¿Otro texto urgente? Veámoslo. Ante todo, me gusta recordar que la emergencia de la COVID-19 provocó una avalancha de textos críticos -algunos, demasiados, verdaderamente aborrecibles- en los que la intelligentsia se puso las botas a costa del confinamiento global. No fue el caso de “Bifo”, cuyo diario íntimo desde Bolonia representó uno de esos pocos ejemplos de humildad intelectual; tampoco de Giorgio Agamben, aunque sus impresiones le valieron una buena cantidad de reproches. La cuestión es que el análisis micro de aquellos textos de “Bifo” ha precipitado la puesta en forma de este ensayo. ¿Por dónde empezar? Parece apropiado, en plena expansión de variantes del virus, que por los cambios y consecuencias que han tenido lugar en estos dos años; fundamentalmente, como señala Berardi, en nuestra proxemia social y en las relaciones afectivas.

Para “Bifo”, este es un último eslabón de una cadena que se inicia, un poco paradójicamente, en tiempo de revueltas y revoluciones sociales. O sea: cuando el capitalismo c. S. XX puso en marcha su laboratorio para acelerar el proceso de penetración en el tejido social -o sería mejor decir, mental. En esta historia juegan un papel nuclear Gilles Deleuze y Félix Guattari, en tanto que su trabajo supuso un salto considerable en el terreno filosófico-psicológico al caracterizar el inconsciente como un laboratorio, fuerza magmática que produce nuevas posibilidades de imaginación. Así, “Bifo” reconstruye ese itinerario que le lleva de Freud a la psicoesfera atenazada por el virus y sus consecuencias para anotar hasta qué punto esa utopía de la liberación del deseo supuso una trampa del neoliberalismo para aumentar sus competencias depredadoras. Dicho en plata: para convertir la utopía tan 1968 en una distopía. Para separar el deseo del placer, transformando lo primero en pura maquinaria de consumo y postergando lo segundo hasta quitarle el sentido.

El tercer inconsciente es un texto preocupado, tan melancólico como los de producción reciente de “Bifo” y, asimismo, decididamente beligerante: con el clima social actual y su medicalización casi absoluta (otra forma, en definitiva, de automatización) y con la fuerte sensación de que el pensamiento ha pisado el freno mientras el capitalismo acelera hacia el apocalipsis. Será por eso que parte del libro trata de rehacer, reconstruir, viejos conceptos como la Nada, la Muerte o el Fin, que ayuden a entender la encrucijada en la que nos hallamos. Así, a simple vista, cualquiera diría que hemos alcanzado la sublimación de la biopolítica, preocupadísimos todos por tecnificar nuestro instinto de conservación manteniendo a raya a la muerte a costa de burlarnos y hacer de menos a la senectud. Aquello de hacer vivir y dejar morir, que decía Foucault, tuvo su eco en la España que vio cómo sus ancianos morían sin poder hacer nada, dejados a su suerte en residencias privadas durante la pandemia.

La cuestión es que “Bifo” lleva a cabo un análisis meticuloso de la situación, incluida la emergencia de un pensamiento eco, verde y sostenible larvado desde el Norte de Europa, sin dejar de apuntar que todas esas buenas intenciones no son suficientes sin una nueva política, una nueva terapéutica, que produzca un vuelco en el umbral histórico. Utopía como la que narra Salman Rushdie en su Quijote, fenomenología para tramar otro paisaje psíquico. Aquí, más que nunca, Fin significa la posibilidad de emergencia de lo nuevo. Ahí radica el trabajo del teórico italiano a la hora de pensar, de resignificar, todas esas palabras que han caído en vano. En pleno colapso, tal y como consignan los diferentes episodios del libro, advertidos por las señales del cambio climático y el bio-info-psicovirus, Berardi llama a pensar este momento como la clase de situación excepcional que permite, casi que más bien obliga, a imaginar otro futuro. O comunismo o barbarie. Esta tercera forma del inconsciente, con su fuerza magmática produciendo constantemente nuevas posibilidades de imaginación, supone un buen laboratorio para ello. Como rezaba una de las pintadas que “Bifo” evoca como recuerdo de juventud: Corre, camarada, el viejo mundo está detrás de ti.

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