Jean-Claude Izzo. Punto de ebullición, por Juan Jiménez García

Soleá, de Jean-Claude Izzo (Akal) Traducción de Matilde Sáenz López | por Juan Jiménez García

Jean-Claude Izzo | Soleá

Soleá es la tercera entrega de la trilogía marsellesa de Izzo y bien podría ser un título para la trilogía en sí misma, si, como leemos, soleá es una composición poética, que  suele versar sobre el tema de la soledad y el desengaño. En tres versos. El tercer libro es el libro del apocalipsis, el libro de la destrucción, el libro del final de las cosas. No es que Fabio Montale, su protagonista, crea menos en lo que le rodea de lo que creía antes, es simplemente que aquello que le rodea y le importa se muere. Aquello que le jode permanece, indestructible. Y lo que solo eran intuiciones se convierten en certezas.

Jean-Claude Izzo es seguramente el escritor noir francés más político. Podríamos incluso decir que sus novelas son novelas políticas que se construyen sobre un andamiaje de novela negra. La novela negra es la forma, pero el fondo es político. No debemos olvidar el lugar en el que están ambientadas, que es Marsella. Una Marsella que pese a ser la segunda ciudad de Francia siempre jugó un papel marginal en el imaginario negro de la novela de aquel país. Hasta allí se iba y se volvía, pero poco más… Lo más paradójico es que es precisamente Marsella la ciudad que reúne todo aquello que el policiaco busca: muertos, una geografía, la mafia, las bandas, el gansterismo,… ¿Entonces? Misterio. Un misterio más que tendrá su explicación, una explicación que no hemos encontrado. Aún.

Eso por un lado. Por otro lado, políticamente, las novelas de Izzo (militante del partido socialista primero, luego del comunista) se convierten en anticipadoras de una realidad que tenemos muy presente hoy en día, y lo son por la propias circunstancias de la ciudad. La inmigración, ese crisol de culturas pero también esas tensiones entre lo nuestro y lo suyo. Una inmigración acorralada, encerrada en las barriadas periféricas, llenas de desesperación y sin ningún futuro (algo que solo pareció percibirse cuando ese problema se trasladó también a París). El ascenso del Frente Nacional. Un partido que ahora puede entenderse como una amenaza pero que ya era una amenaza muy concreta en la Marsella de hace veinte años, aquella en la que se sitúan sus novelas. Y ya no hablamos de la connivencia entre política y mafia, pero también extendida a empresarios, policía, etcétera. En fin, la palabra la conocemos bien. Esa corrupción que sigue tan presente como entonces y a la que se sigue ninguneando.

Todo eso ya está presente en sus novelas y en Soleá su presencia es insoportable. A diferencia de otros escritores del noir francés, Izzo es mediterráneo y su escritura está más cerca de otros escritores del sur que de la novela americana. Eso le hace un escritor hedonista, con un protagonista entregado a las mujeres y a la comida, al paisaje, a la nostalgia e incluso a la música. Pero (y esa es su paradoja) Montale vive en un estado de desesperación, de tristeza crónica, vital, en la que el presente se confunde con el pasado. El tiempo le ha convertido en un guardián de las esencias, de todas aquellas pequeñas cosas que le hacen vivir, entre los muertos y los desaparecidos. Pero cuando alguien entra en su pequeño museo y empieza a lanzar a manotazos las piezas, todo se viene abajo, también él. La tercera parte de la trilogía será ese infierno en el que la mafia aparecerá como esa fuerza destructora, ese punto final, ese punto de ebullición en el que el agua desborda los cacharros y la muerte desborda la vida.

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Détour

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