Un vaso de cólera, de Raduan Nassar (Sexto piso) Traducción de Juan Pablo Villalobos | por Óscar Brox

Raduan Nassar | Un vaso de cólera

Un vaso de cólera parece escrita para leer en voz alta, palabra a palabra hasta galopar a lomos de sus largos párrafos. Hasta dejarse llevar por el singular desnudo emocional que lleva a cabo su autor, Raduan Nassar. Un desnudo integral, tierno, grotesco y sensible, en el que la energía de la vida de una pareja se traslada a un puñado de escenas que retratan un tiempo de amor y de cólera. A zarpazos, con toda la violencia que transmiten los accesos de furia de su protagonista, pero también con esa rara sensatez que ejerce de contrapunto a los arranques de vehemencia. La escritura de Nassar recoge lo físico y lo intelectual, cada gesto de los personajes y el poso de pensamientos con el que barniza el toma y daca entre ambos. La guerra de sexos, las necesidades afectivas, la soberbia artística que marca un punto de distancia con los demás y la inmadurez masculina que describe esa permanente voluntad de dominación. O de admiración, de quedar a merced de ese temperamento volcánico tan capaz de plasmar la obra más hermosa y la palabra más pueril.

Nassar plantea su novela como un bellísimo muestrario de sensaciones, tan descarnadas que apenas requieren una forma literaria elaborada para transmitir esa mezcla de inmediatez y naturalidad; esa sensación de penetrar en el ojo del huracán del conflicto amoroso para observar como, a cada poco, nacen y mueren los sentimientos más efímeros. El placer, la vanidad, el deseo, el egoísmo… Todo aquello que sirve de fermento a la hybris de su protagonista, al torrente de improperios que vomita sobre la página. Dicho así, la grandeza de la obra procede de su sencillez, de la facilidad con la que su autor forja esos minúsculos instantes de humanidad que inundan cada párrafo, cada intervención de sus personajes, cada episodio en esa batalla emocional. A grandes pinceladas, firmes sobre el lienzo blanco, que pintan poco a poco el clima de esa pareja atravesada por la cólera y el arrebato. Por el deseo y el frenesí con el que exprimen el tiempo en común.

Un vaso de cólera da nombre a todas esas emociones, generalmente no verbalizadas, que proceden de nuestras entrañas. Al grito ahogado, el gemido, los músculos contraídos, el pecho descubierto, el contorno de la boca, los ojos entornados, las lenguas enroscadas o el aliento cálido. Nassar transforma eso que solo sabemos describir cuando lo vivimos en un delicadísimo retrato literario, de manera que sus escasas páginas devienen una intensa puesta en escena de las pasiones humanas. Una coreografía de movimientos, gritos y susurros que desemboca en una radiografía precisa de nosotros mismos. De nuestra forma de sentir. De nuestros sentimientos, como si algo tan etéreo, tan poco verbalizable, alcanzase a encontrar unas pocas palabras para definirlo con toda justicia. Nassar, como un herrero, fragua a través del lenguaje el hilo que nos une a las pasiones más desbordadas, que nos expone en nuestras flaquezas y también en esa ternura tan fuera de lo común que solo manifestamos sobre aquello que amamos.

El nacimiento de las emociones, el lento discurrir de los afectos y la pasión. La guerra del sexo y la lucha de los arquetipos más encerrados por los lugares comunes. Un vaso de cólera narra, desde el exceso y, también, la autenticidad, ese momento privilegiado, casi secreto, en el que desnudamos nuestras identidades para dejarnos llevar por el instinto. Sin razón ni trabas, pulverizados por el frenesí y la rabia. Y es tanta la que acumula la escritura de Nassar que resulta imposible no imaginar su relato en forma de cuadro viviente en el que cada párrafo representa las articulaciones de ese amor salvaje, preñado de deseo y desdén, que viven hasta el límite sus protagonistas. De ahí, en definitiva, que la corta experiencia que ofrece la novela deje, prácticamente, sin aliento al lector; exhausto tras, casi a voz en grito, vivir las escenas de una pareja. La fragua del amor, del odio, de la necesidad y la resistencia. De las emociones humanas descarnadas, directamente escritas desde las entrañas.

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