Matrioixques, de Marta Carnicero Hernanz (Quaderns crema) | por Gema Monlleó

Marta Carnicero Hernanz | Matrioixques

¿En qué momento termina una guerra?: ¿cuándo se firma la paz? ¿cuándo los supervivientes olvidan? ¿cuándo los culpables son juzgados? ¿cuándo los que intervinieron (por acción, omisión, daño infligido o dolor soportado) mueren? Estas son las preguntas que me deja la lectura de Matrioixques, tercera novela de Marta Carnicero Hernanz.

Matrioixques tiene dos protagonistas: Hana y Sara. La historia de ambas forma un díptico en forma de baile (en el libro suenan Janis Joplin y Patti Smith) en el que las protagonistas se acercan y se alejan, se cruzan, se sienten, se imaginan, se olvidan, se rozan, se ubican, se desean y se repelen. 

Hana, exiliada en un país sin nombre (lo no-nombrado, ese gran peso a lo largo de toda la historia), rondando los cuarenta, cocinera en un restaurante (la cocina como símbolo del cuidado), arrastrando el trauma de la guerra de Bosnia. Guerra que le sobrevino cuando estaba casada y los soldados la secuestraron junto a sus alumnas en la escuela. Hana, maestra y cuidadora. Hana, atenta a la supervivencia en el “campo de refugiadas” (¿puede haber un eufemismo mayor?). Hana, cocinera voluntaria en el campo con intención de imprescindibilidad. Hana, que reclama a los soldados a Nina (su sobrina adolescente) como pinche de cocina para protegerla desde la cercanía. Hana, que se ofrece finalmente a la esclavitud sexual para ocupar su lugar. 

“El teu cos és un refugi perniciós que t’acabarà matant com més t’hi exposis; les ferides de dintre fan més mal. Furgant per dins la cavitat, enfonsant-hi mig braç, t’ho han hagut d’arrencar tot, fins i tot l’ànima, cosida als budells com uns enagos. La teva ràbia acabarà d’omplir el que ells han farcit de culpa i vergonya”.

La autora muestra a lo largo de toda la historia la vulnerabilidad de la mujer en situaciones extremas (su potencialidad como víctima) y afirma que su intención principal era visibilizar que las mujeres son las grandes damnificadas en las guerras por la sistematización (universal) de la violencia sexual contra ellas: “Montar un campo de violaciones no ayuda a ganar una guerra”. Y es que es aquí, en la violencia sexual, donde estalla la dualidad delicadeza vs crueldad de la literatura de Carnicero con descripciones verosímiles y espeluznantes pero sutiles y apenas escabrosas.

“Al camp la humiliació ja no és mitjà: és un fi. L’objectiu final del sexe, al marge  de la satisfacció de les urgències de la tropa, és marcar-vos, com es fa amb el bestiar; imprimir-vos la cremada que us distingirà com a receptores d’un horror que no haurieu hagut de sobreviure (…). La humiliació, si está ben dissenyada, és un tatuatge d’oprobi que portes als ulls, en la incapacitat de retornar un somriure. És la por que no t’ha deixat tornar a dormir perquè ha après a sacsejar-te en l’angoixa del malson”.

Sara, casi dieciocho, familia bien, Barcelona. Deseosa de ejercitar la libertad que la edad le confiere y la juventud le exige. Sara, adoptada en busca de sus orígenes. Sara, tópica y permanentemente enfrentada a su madre adoptiva, Bet. Sara, jueza cruel de las decisiones adultas que la condicionan. 

“Espero de veritat que la mateixa incompetència que ha dut els pares a callar tots aquests anys (i quan dic incompetència vull dir mediocritat, i vull dir covardia) no els hagi portat a explicar la meva vida (…) Si la mama ho ha explicat pel món (tan càssic d’ella, que no sap callar, del seu egoisme boques de merda): hem acabat. Per sempre. No pensó aceptar que aquesta traïció, aquest moviment de merda, sigui el camí per calmar una consciència que no té”.

Como lectora tuve un momento de pánico a medida que el libro avanzaba. De repente, las costuras de todo el entramado literario se me hicieron visibles y temí que lo que había comenzado como una lujosa Матрёшка se convirtiese en un catálogo hueco de lugares comunes. Me equivoqué, felizmente. Revelar los pespuntes era necesario y mostrar hacia donde iba a derivar la historia no le restaba un ápice de interés porque el brillo, tanto en la narración de los hechos más terribles como en las cada vez más justificables pataletas adolescentes, estaba muy por encima de lo que convencionalmente denominamos trama.

“Perquè de patiment n’hi ha per donar i per vendre, però el bàndol menys ferit ha après a guardar-se’l com un mal menor. Quan la humiliació carrega la balança d’un costat, desenterrar el passat es torna de mal gust per als que voldrien estalviar-se la vergonya dels seus actes”.

Hana y Sara. Sara y Hana. Un juego de espejos que se rompen y pegan y hacen y deshacen (pocas veces la imagen de la cubierta ha tenido tanto sentido). Sara y Hana. Hana y Sara formando parte de una única historia: la de la violencia más brutal y la de todas sus aristas: desde el silencio (¿cuántos mutismos en el santísimo templo de la(s) familia(s)?) hasta la construcción de un relato bajo/sobre/con el que (con)vivir y en el cual posar nuestras preguntas o descansar nuestra ira.

“Per això us diuen supervivents: perquè se suposa que heu viscut nivells de dolor, d’humiliació i misèria suficients per carregar-se a qualsevol, però que a vosaltres, per sort vostra, només us han trencat per dintre”

Matrioixques es la historia de dos personas heridas que necesitan sanarse y que no pueden hacerlo solas. Matrioixques es una historia de secretos vinculados al perdón y a la(s) maternidad(es). Matrioixques es la historia de dos traumas con un mismo origen y de una doble necesidad de reparación. Matrioixques es una encrucijada de la que ni los personajes ni los lectores salimos indemnes.

Coda: el centro de violación y torturas que describe el libro existió, es el balneario de Vilina Vlas.  Hoy continúa abierto como un hotel.

(*) Kozmic Blues: canción del álbum I Got Dem Ol’ Kozmic Blues Again Mama! de Janis Joplin grabado en 1969, un año antes de su muerte.

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