Chuleandra, de Liviu Rebreanu (Xorki) Traducción de Joaquín Garrigós | por Juan Jiménez García

Liviu Rebreanu | Chuleandra

Liviu Rebreanu es un clásico de la literatura rumana. Un clásico moderno, podríamos decir, desde el momento en que, si atendemos al postfacio de Gheorghe Glodeanu, puede ser considerado el renovador de la escritura de aquel país, llevándola hacia otros tiempos mientras discurría el periodo de entreguerras. Eso en nuestro país no le ha servido de mucho, y ahora, tras puntuales ediciones históricas perdidas en la noche de los tiempos, nos llega Chuleandra en la traducción de Joaquín Garrigos (al que le debemos buena parte de la literatura de aquel país), en edición de Xorki. Y con él también nos llega la constatación de todo lo que nos queda por leer… Y conocer.

Puiu Faranga es el último eslabón de una familia de amplio recorrido histórico. Su vida discurre plácidamente, sin privarse de ningún placer ni ninguna aventura amorosa, hasta que un día asesina a Madeleine, su mujer. Para salvarle de la prisión y la pena de muerte, el viejo Faranga empieza a utilizar sus contactos, y logra que lo ingresen en un sanatorio, primer paso para declarar que todo fue debido a una crisis nerviosa. Ese inexplicable asesinato (también para su autor), ese estrangulamiento, marcará el inicio de un proceso de disolución: la suya y la de su familia. En la soledad de aquel lugar, en ese encuentro consigo mismo, se enfrentará a la búsqueda de una razón, una razón que se le escapa, para haber cometido ese crimen. No tenía nada contra ella, nada había ocurrido para llegar a ese extremo.

La chuleandra es una danza tradicional rumana, que consiste fundamentalmente en una baile y una música que van subiendo su ritmo más y más, hasta el agotamiento o, mejor, el éxtasis. Fue precisamente durante esa danza donde Puiu conoció a su mujer, una jovencísima campesina, poco más que una niña. El proyecto de su padre de purificar una sangre viciada por los siglos, se materializa en ella. Mădălina se convertirá en Madeleine (por el gusto afrancesado de la época entre las clases altas) y Rebreanu escribirá su novela psicológica, que discurre prácticamente en su totalidad en ese sanatorio, al ritmo de esa danza. Todo progresará hasta llegar a ese momento en el que algo se romperá. La vida, la felicidad, los sentimientos, las esperanzas. Hasta el momento en el que Puiu logre entender aquella mirada de ella, cuando le gritaba que se callara, apretando entre sus manos su delicado cuello. En ese momento, lo incomprensible se volverá comprensible. Insoportablemente comprensible.

Historia de destinos que se repiten con distinto final (el del protagonista, el de su guarda, el de su médico), Rebreanu escribe una novela de intriga en la que solo hay una persona que se busca a sí misma sin llegar a encontrarse nunca. El asesino es su propio detective, y no hay ningún culpable al que buscar, sino tan solo una razón. Llevado aquí y allá por sus propias pesadillas e incomprensiones, Puiu encontrará tan solo enemigos en todos lados, también dentro de él. Sus cambios de humor, su desprecio hacia el médico que le atiende o su obsesión repentina por el número trece no serán más que los últimos fragmentos de una vida que se le escapa. Igual que no logra recordar la música que sonaba aquel día en que conoció a Madeleine, la música de la chuleandra, igual que no logra entender esa última mirada, su mirada, perdida en algún lugar tras la ventana, empieza a entender que algo ha muerto definitivamente dentro de él. Lo demás será esperar la certeza de lo que solo se intuye.

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