Nudos de vida, de Julien Gracq (Ediciones del Subsuelo) Traducción de Lluís Maria Todó | por Juan Jiménez García

Julien Gracq | Nudos de vida

De vez en cuando, Julien Gracq. Gracq, que no tenía mucha confianza en la persistencia de su obra, como escritor intraducible. Sí. Qué complicado debe ser restituir, mínimamente, su prosa. Cuando lo leemos, nos causa un cierto estupor esa precisión, esa justeza y, a la vez, esa belleza de su escritura. Olvidamos al traductor, el esfuerzo de traducirlo (en este caso, Lluís Maria Todó) y, cuando saciados pensamos en ello, también lo hacemos en todo lo que se habrá quedado en el camino, en esa búsqueda del escritor de la palabra exacta. Porque debe haber más. Incluso con todo, debe haber más. Y no por la abundancia de su obra, que no era abundante en una muy larga vida (dos volúmenes en la Bibliothèque de la Pléiade, llenos de materiales dispersos). Profesor de historia y  geografía, en sus 97 años prefirió recorrer los caminos, mientras nos ofrecía destilados de esos paisajes y formas que atravesaba, física o espiritualmente. En eso Nudos de vida, libro póstumo, obra encontrada, obra fragmentada y fragmentaria, es emblemático en sus cuatro partes: Caminos y calles, Instantes, Leer y Escribir. Todo aquello que lo conforma como escritor y le da un hilo de vida.

Caminos y calles es atravesar esos paisajes que le son queridos. Detenerse en los detalles y en las impresiones, en la naturaleza que sale al encuentro, en forma de bosque pero también de calle (su calle preferida de París, por ejemplo), No los bellos paisajes, o no siempre, sino también aquellos lugares que no le han gustado. La naturaleza no es solo grandeza, sino también vulgaridad. Y Gracq no solo nos narra los grandes momentos sino también las decepciones, igualmente preciso como geógrafo, en descripciones ricas en matices, siempre con ese cierto humor de la sinceridad de las sensaciones. En Instantes, el paisaje se convierte en un momento, pero ese momento contiene la misma riqueza, y por lo tanto hay una continuidad en su evocación. Hay una fragmento (del que surge el título de libro) que no me resisto a transcribir: Lo que muchas veces  he deseado, lo que tal vez todavía me gustaría expresar es lo que yo llamo nudos de vida. Algunos hilos solamente, procedentes de lo indeterminado y que regresan a él, pero que por un momento se entrecruzan y se aprietan el uno contra el otro. Gracq busca esos intersticios de vida y soledad, que antes existían y ahora… Demasiado ruido, demasiada gente.

Pero Julien Gracq, caminante, observador próximo, también lee y escribe, y esas dos actividades se convierten en otros hilos que recorrer, otras impresiones de otros espacios, más inmateriales, pero no menos exentos de una necesidad de capturar ciertas impresiones. Los nombres se repiten. Stendhal, Valery o Rimbaud, a veces rebotando contra la pared de André Breton (Gracq estuvo en las proximidades del surrealismo, pero sólo frecuentó seriamente a este). Reflexiones sobre el oficio de escribir y también del de leer. Apuntes, a menudo luminosos, reveladores, escritos por el mismo geógrafo. Una geografía de la palabra. Leer y escribir se confunden. Leyendo, escribiendo, como llamó a uno de sus libros. Unos textos que podrían ser intercambiables, esos hilos que se entrelazan, instantes de vida. Eso es todo.

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