La librería más famosa del mundo, de Jeremy Mercer (Malpaso) | por Óscar Brox

La librería más famosa del mundo | Jeremy Mercer

En algún momento de nuestras vidas, todos hemos dedicado al menos una tarde (en realidad muchas, para qué engañarnos) a recorrer una librería de una punta a la otra. Da igual si pertenecía a una cadena o se trataba de una de lance. Lo importante era la sensación de perder la mirada en cada sección y en cada mesa atiborrada de libros, sortear una columna de ejemplares apilados o cambiar impresiones con el librero. Respirar, en definitiva, junto a ese pequeño o gran espacio que nunca ha dejado de ser un depósito de cultura. El mundo editorial ha visto en el lugar y el oficio una posibilidad narrativa tanto en el terreno del best-seller como en el ámbito del ensayo. En este último caso, por ejemplo, se encuentra el texto de Jorge Carrión Librerías, publicado el año pasado por Anagrama. Por eso, no resulta extraño que haya sido el propio Carrión el encargado de inaugurar una nueva línea para la editorial Malpaso con La librería más famosa del mundo, de Jeremy Mercer, crónica, entre otras cosas, de las andanzas de su autor como inquilino de la Shakespeare and Company de París. También visión de una empresa vital, la de librero, erigida en la persona de su impulsor: George Whitman.

La primera vez que se cruzó en mi camino el nombre de Shakespeare and Company fue durante la escena inicial de Antes del atardecer, de Richard Linklater, en la que su protagonista masculino presentaba su novela en esa librería. Una imagen fugaz de un lugar que no he reencontrado hasta conocer a Jeremy Mercer. Porque La librería más famosa del mundo arranca, como en una narración cinematográfica ejemplar, con la presentación de su personaje principal: un joven periodista de sucesos en Canadá atrapado por una vida tan cómoda como vulgar a cuyo guion urge un punto de giro. Aunque tradicionalmente la bildungsroman abarca una edad más tierna, Mercer convierte su desembarco en París en una genuina novela de formación, el desarrollo que su aún joven Jeremy vivirá gracias al ambiente económicamente modesto y la incipiente relación con George, el dueño de la librería que recoge y cobija a aquellos escritores en potencia.

Mercer, cronista a pesar de todo, sabe cómo tejer el relato de sus avatares mundanos sin dejar de lado su otro interés: cultivar en paralelo una biografía de Whitman, de ese último estandarte del librero, padre, amigo y camarada, a coletazos entre la generación beat y el comunismo de raíz. En el fondo, más que la madurez literaria, Mercer busca atrapar al hombre que ha impreso un giro de 180º en su vida; al idealista y al cantamañanas, al divulgador cultural y a los ojos que han registrado el fermento intelectual del último medio siglo francés. De ahí que la figura de George siempre serpentee alrededor de las diferentes anécdotas que su autor trae a colación. Como una clase magistral que abarca meses de enseñanza a cambio de años de experiencias. Eso es lo hermoso del ambiente que reúne Shakespeare and Company: la comunión, la compañía, la sensación de que has encontrado el Lourdes de las singularidades y de que, en mitad de esa marabunta de libros, vidas dispersas y carestía, la literatura se abre camino como un torrente incontrolable.

A buen seguro, Jeremy Mercer daría crédito a aquel título de un filme de Alain Resnais, pues aunque conocemos su idea de escribir una novela esta acabará convertida en su propia vida. Una novela que muestra la cara B de París, la de los economatos y las rutas de alimentación barata, la de los recitales de poesía a orillas del Sena y habitaciones minúsculas, la de mujeres y hombres de ida y vuelta y viajeros que dejan un poco de sus historias entre las paredes de la librería. Mercer se afana en recabar cada experiencia con la paciencia que tenía como cronista de sucesos, sin dejar escapar un detalle ni caer en el embellecimiento excesivo de los pasajes. Pero, por encima de todo, se empeña en narrar una amistad forjada al calor de dos de esos rasgos que cada vez echamos más de menos: el respeto y los principios. Los mismos que llevan a un canadiense fugado y un americano trotamundos a establecer un vínculo emocional que trasciende la relación literaria.

En estos tiempos de miseria moral, en los que la cultura parece todavía más desencajada del mundo, la visión que arroja La librería más famosa del mundo puede sonar a chiste alojado en plena burbuja capitalista. Más que una novela de libros o de libreros, la de Jeremy Mercer es una historia sobre el oficio de vivir, una narración que no necesita amplificar su lectura política para advertir que estos pequeños edenes culturales escasean y conviene protegerlos a toda costa. Porque son parte de nuestro tejido cultural, porque de hecho no se puede entender el tejido cultural sin ellos. Me gusta pensar que mi segundo encuentro con la librería Shakespeare and Company me ha recordado -supongo que a eso apela Mercer en su novela- algo tan esencial como que no se puede vivir sin libros. O lo que es lo mismo, sin principios ni cultura.

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