Croma, de Derek Jarman (Caja negra) Traducción de Hugo Salas | por Óscar Brox

Croma

¿Por qué me agobia esta necesidad imperiosa de recibir noticias del mundo exterior cuando todo aquello que concierne a la vida y la muerte se juega y funciona dentro de mí?

Reino Unido, años 80. Apogeo de Thatcher, rugido del post-punk, eclosión del VIH. Derek Jarman recibe la noticia de que ha contraído el virus. Hasta ese momento, su carrera se ha movido entre extremos; demasiado conservador para los jóvenes airados -Jarman haría gala de un gusto por la cultura clásica- y demasiado caótico para la esfera conservadora. Queer, cineasta político sin necesidad de ahogar sus proyectos en mensajes y eslóganes. Creador cuyo trabajo abarca el cine, la escritura, el videoclip e, incluso, la jardinería -una de sus últimas obras sería la de su jardín de Prospect Cottage. Frente a otros casos, Jarman decide hacer pública su enfermedad y, si bien personalmente no puede estar más abatido, convertir lo que le quede de tiempo en una suerte de investigación creativa.

De esa época surgen dos libros, Naturaleza muerta, que es un ensayo sobre botánica y jardinería, un diario íntimo, cuaderno de apuntes y reflexiones sobre cine y vida, gesto político contranostálgico y tratado sobre el cuidado de sí, y este Croma. Un libro sobre el color. Tal cual. Un libro azul que, de buenas a primeras, nos recuerda el amplio campo semántico que una palabra como azul tiene en la lengua inglesa; el más habitual, la tristeza. ¿Es este, por tanto, un libro de duelo? En absoluto, pues Jarman transforma esa cuenta atrás en una especie de apogeo creativo. En un trabajo lleno de vida, de ideas que van, vienen y se entrecruzan, de asociaciones y relaciones estéticas. Un libro que es, al mismo tiempo, historia de los pigmentos y diario de una enfermedad. En el que su autor consigna algunas de sus preocupaciones estéticas mientras deja constancia de los estragos del VIH. De la ceguera parcial y los problemas motrices con los que culminará la redacción. De un color que ya apenas puede entrever -una de sus películas más hermosas, en muchos aspectos testamentaria, será Blue (1993)-, pero que todavía puede exaltar a través de las palabras.

Con Jarman resulta difícil acotar, trazar una línea de demarcación, un estilo. Es este un ensayo en el que se habla de Wittgenstein y Goethe, quizá las dos figuras que más se preocuparon por escribir sobre el color, pero también sobre la naturaleza del índigo, sobre Ficino, Vang Gogh o el chiaroscuro. Es un cuaderno de notas, desde el rodaje o la recepción crítica de Jubilee hasta las tribulaciones de un Reino bastante desunido. Y es, ante todo, una necesidad por hacer, por crear y construir la enfermedad como un acto creativo. Algo que el propio Jarman describe con todo detalle en el capítulo Hacia lo azul:

El doctor del Hospital San Bartolomé quiso ver si lograba detectarme lesiones en la retina, me dilataron las pupilas con belladona, dentro de ellas se encendió la antorcha de una terrible luz cegadora.

En mis ojos, destellos azules.

La retina ha quedado destruida, el sangrado todavía no se detiene. Jarman escribe el capítulo bajo la incertidumbre, pensando una y otra vez en lo que pasará, en el tiempo que resta. El azul, ese otro azul, trasciende los límites humanos. La mayoría de sus amigos han muerto o se han consumido. Él mismo admite que la vida se le escurre entre los dedos. Y, sin embargo, ante una próxima ceguera, se levanta un impulso creativo. Un ímpetu que no cesa. Unas palabras que borbotean y llenan con anotaciones e intuiciones esas páginas que comienzan a emborronarse. Algo se apaga, cada vez más rápido. El autor, en cambio, no deja de percibir, puede que todavía más afiladamente. Discute los efectos y contraindicaciones de la medicación que le administran, convierte la ansiedad en poesía y reconstruye sus días y recuerdos como si ellos también fuesen parte de ese tratado sobre el color.

Van a olvidar nuestros nombres
Con el tiempo
Nadie recordará lo que hicimos
Nuestra vida pasará como el rastro de una nube
Y quedará desperdigada como
El rocío al que siguen los
Rayos del sol
Nuestro tiempo es una sombra que pasa
Y nuestras vidas se propagarán como
Chispas en el rastrojo.

Croma es un libro sobre el color, cierto, pero también sobre la transparencia. Sobre ese gesto político de hacer transparente la enfermedad y elaborar un ensayo a su alrededor. Adueñarse de las metáforas, trabajar el campo semántico y caminar en paralelo a la historia de las ideas. Poner en diálogo a Wittgenstein con la última manifestación artística, a las funciones del color con las aflicciones del corazón, y al impacto de las pinturas con el íntimo deseo de revolución que todavía está presente en la escritura de Jarman. O como escribiera el propio cineasta: poner por escrito una presencia luminosa que aquí está y ya se fue.

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