La vall del Mulde, de Daniela Krien (Més Llibres) Traducción de Maria Bosom | por Gema Monlleó

Daniela Krien | La vall del Mulde

A veces las historias que se cuentan en los libros de relatos tienen un único manto que las contiene. En La vall del Mulde, el último libro traducido al catalán de la alemana Daniela Krien (Maria Bosom, Més Llibres) el manto es la infelicidad. La infelicidad extrema unida, a su vez, por dos hilos conductores: el de la localización geográfica (el Valle de Mulde, actualmente distrito de Sajonia, que perteneció a la RDA entre 1949 y 1990) y el de la localización temporal (todos los relatos se sitúan una vez caído el muro de Berlín y ya unificadas las dos exAlemanias).

En un país en reconstrucción los personajes de La vall de Mulde intentan su propia transformación entre desorientación, resentimiento, frustración y culpa, pero también desde la dignidad y toda la resiliencia que su propia vida (individual, familiar, del entorno inmediato) les permite.

A mí no me gustan los relatos. Suelo encontrarlos “cortos”, faltos de contexto “profundo” para que sus historias me resuenen lo suficiente como para disfrutar con ellos. Sin embargo, en este Valle de Mulde siento que transito por un único paisaje más allá del que pisan los personajes. Y es que el retrato de todos ellos es un estado de ánimo común entre la fascinación por lo anhelado y la pesada ancla del pasado. Un fresco plagado de detalles a los que mirar individualmente o como escena global. Un cúmulo de abismos. Una caída.

Ya en el prólogo la misma Krien nos pone sobre aviso:

“Ens agrada llegir sobre la derrota, sempre que al final hi hagi una victòria. Ens encanten les històries de persones que superen tots els obstacles i tenir èxit en la vida. 

Els meus herois no són guanyadors.”

Tras esta declaración de intenciones, el catálogo de derrotas. La vida en los hechos, la vida en los gestos, la vida en las actitudes, y sobre todo la vida en la sumisión-aceptación de un destino que de repente se desmorona ante el estallido de la libertad (en realidad, ante el estallido del capitalismo).

“La seva desconfiança en el sistema capitalista era tan gran llavors com ho és ara. No creia que a l’Oest la falta de llibertat de les persones fos més petita, sinó que simplement no tenia forma, era invisible a primer cop d’ull.”

Los relatos, las once casi nouvelles, de Krien tienen la misma economía de palabras que la economía de medios en aquel mundo ya inexistente. Krien trata a sus personajes con la frialdad del telón de acero. Ninguna empatía, ninguna disculpa para sus acciones, ningún porqué más allá de la realidad de una época ante la cual la rebelión era suicida. Costumbrismo sin adornos, sin bisutería. Sordidez determinista.

“Dels primers deu anys de vida, no en conserva cap record. Ni una sola imatge. Cap sentiment.

Més endavant, recorda a ver estat feliç una vegada. Tenia dotze anys.”

Leer estos relatos es como leer poesía. Se requiere una pausa, un descanso, una descompresión, entre la lectura de uno y otro. Leer de corrido sería empacharse de palabras, comer bolas de nieve que te dejan el estómago helado. Por la crudeza, por el dolor en toda su intensidad, por las penurias (físicas, emocionales) de las que es imposible escapar.

“Ja ha deixat enrere el post fronterer.

Encara que no haguessin obert la frontera, el Ludwig no hauria trigat gaire a poder viatjar: als jubilats no els impedien sortir del país, perquè eren prescindibles.”

Símiles cinematográficos: entre La vida de los otros, Good Bye, Lenin! y La mirada de Ulises. Ironía, evolución (involución a veces), pérdidas, sensibilidad, desesperación y un cúmulo de realidades sórdidas y latentes como un tsunami engulléndolo todo.

Mis relatos preferidos del libro: Tornada a casa (el niño-joven Gunnar, entre la empatía y el horror) y Llibertat (¿hablamos de maternidad?, lean).

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