La herida en la lengua, de Chantal Maillard (Tusquets) | por Francisca Pageo

Chantal Maillard | La herida en la lengua

Chantal Maillard es ensayista, filósofa y poeta. A buen seguro, en cada una de estas facetas es una de las más grandes de nuestro tiempo. Gracias a Tusquets Editores, nos llega su último libro de poesía; una obra llena de vida en todas sus acepciones. Algo que no debe resultar desconocido para quien conozca la escritura de Maillard.

La autora nos habla del cuerpo, de la luz, del alma, de la valentía y la cobardía con la que el ser humano vive y vibra. Maillard compara al cuerpo con la casa, con el hogar. Nos encontramos ante una especie de oda que, aunque no se declara como tal, podemos llegar a sentirla en esos mismos términos. En sus páginas, la noche llega, la inmensidad del cielo se abre a nosotros y el esplendor de las estrellas nos ilumina sin quererlo, pero no nos engañemos… Es un libro que, además, trata sobre la animalidad, sobre la naturaleza y los seres vivos que en ella habitan. La poesía se inscribe de una manera sutil, pero también directa y dura. A través de ella y del cuerpo, Maillard trata de ofrecernos una conciencia de sí, de lo animal y de lo humano. Nos habla de una anulación del pasado, que indica y nos invita a centrarnos en el presente. El lenguaje propio de la poeta habla del poema, de la vida y de la observación que de ella tenemos.

Sin duda, La herida en la lengua es un libro en el que el lenguaje es el principal protagonista. En él, Maillard se pregunta a sí misma, ¿estamos preparados para la vida? Nos hacemos y la hacemos a través de los hechos y del lenguaje. Hay algo presente a lo largo del libro, una pregunta al yo primigenio, al arquetipo del self, una constante de lo que el humano ha hecho y deshecho. La autora habla de cosas concretas y se convoca a sí misma, así escribe ella. Maillard no se muerde la lengua. Hay una evocación de todo el lenguaje, de sus trampas. El lenguaje y el logos, aquí, nace en la boca. De ahí la importancia del eco para ser, pues somos porque nos reconocemos, o quizás no, en otros. Maillard habla por los muertos de todas las guerras. Habla por ellos y por los vivos. El silencio ha matado al humano. «La lengua inventa expresiones, lugares comunes: «genocidio», «exterminio», «masacre», «desastre» para disimular en el concepto lo que de ella se desborda. La lengua falsea. La lengua miente… (…) También la lengua tirita.»

Este es un libro en el que la metáfora va ascendiendo hasta convertirse en una especie de ensayo sobre la historia y las guerras que ha llevado a cabo el ser humano. Aquí el ser, como bien habría dicho Edith Stein, se vuelve finito y a la vez eterno. Las personas que han vivido, y han sido anuladas, siguen viviendo en la historia y en nuestra memoria. Y Maillard los rescata. Habla por ellos.

El ser humano puede llegar a ser valiente, pero también puede convertirse en un cobarde. Y los cuerpos, nuestros cuerpos y los de los animales, son testigos de ello. Nos hacemos y deshacemos a través de lo que callamos y hablamos. Y Maillard habla. No es cobarde, no calla. Escribe y no se muerde la lengua. La herida es la prueba del lenguaje.

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