Los jugadores, de Carlos Fortea (Nocturna) | por Óscar Brox

Carlos Fortea | Los jugadores

Los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial han quedado encajados en la Historia bajo el epíteto de entreguerras. Es curioso pensar en las resonancias morales de esa palabra, que ni siquiera concede un paréntesis a la humanidad entre las dos grandes catástrofes del Siglo XX. En su lugar advierte el impacto que redibujó el mapa territorial de Europa, las consecuencias psicológicas que impulsaron al nazismo y, muy especialmente, el precario mandato de la paz que se rubricó con el Tratado de Versalles. Precisamente, Los jugadores, la novela de Carlos Fortea que publica Nocturna, nos sitúa en los días de la negociación de aquel acuerdo multilateral. Estamos en el París de 1919, puerta abierta a la reunión entre naciones, poco después del final de la Guerra, en ese momento en el que los vencidos no han terminado de lamer sus heridas y los vencedores comienzan a advertir el coste humano que ha requerido la contienda. Es, por tanto, la época de los especuladores y de las grietas en los débiles gobiernos que han aguantado el peso de la Guerra. El tiempo de la tragedia de Europa, que ha visto cómo el fuego de artillería devoraba el imperio austrohúngaro y propiciaba la caída de los dioses. La edad en la que comienzan a atisbarse las primeras fracturas que precipitarán el segundo hundimiento del continente. El preludio a una atrocidad mayor.

Fortea arranca la acción de la novela entre bastidores, en un segundo plano con respecto a la reunión de los Jefes de Estado. París hierve con la presencia de corresponsales, hombres de negocios, agentes secretos y políticos de rango menor; todos ellos permanecen atentos a cada avance, bloqueo y negociación entre potencias. No en vano, la paz es un pretexto para considerar el nuevo reparto de poder a nivel estratégico. Sin embargo, lo que diferencia a esos encuentros del foco sobre el que pone el acento su autor es la hondura dramática resultante de la contienda. El impacto que ha golpeado a un Antiguo Régimen tan asimilado, en lo económico y lo psicológico, que no puede trasladarse a un entorno diferente así como así, tal y como lo refleja uno de los personajes del relato, súbdito austrohúngaro relevado a la bajeza de ser, simplemente, austríaco. Y es que esos primeros pasajes contienen el que será el eje de la novela, esto es, el pragmatismo salvaje con el que el mundo trató de configurar un futuro a corto plazo para mantener la concordia entre naciones.

Vista así, en la Europa de Los jugadores cunde la sensación de sálvese quien pueda en la que cada potencia, cada hombre de negocios o cada infiltrado negocia en su propio provecho, sin pensar en las dramáticas consecuencias que acarreará la firma del Tratado. Son tiempos para los bajos instintos, como los del empresario Alcoriza, o para consolidar el liderazgo mundial, como esa América encarnado en los rasgos espartanos de Woodrow Wilson. Tiempo para ganar poco y perder demasiado, en el que la soga comienza a apretar a cada país, a medida que los niveles de exportación no compensan ni aligeran la maltrecha economía de la posguerra. Porque, ante todo, la reunión no busca tanto las garantías para la Paz como para la solvencia de un continente devastado por la Guerra. Ese en el que todos los extranjeros son príncipes sin linaje y la sombra ominosa del fascismo amenaza el delicado equilibrio entre potencias.

La prosa limpia, clara, y la narración sujeta a varios personajes permiten a Fortea armar una novela en cuyas páginas confluyen los intereses de los distintos actores. Camaradas, altos mandatarios, desgraciados, periodistas o crápulas se dan cita entre un pasaje y el siguiente para relatar las condiciones de paz que el mundo puso con Europa. En muchos aspectos, Los jugadores combina la sencillez (y esto es una virtud) de la novela juvenil, que su autor había cultivado hasta la fecha, con el encanto de aquella novela de entreguerras que focalizaba todo su interés en los motivos morales de sus personajes. Y eso es, precisamente, lo que Fortea lleva a cabo al entremezclar las discusiones de Estado con las relaciones truncadas de sus protagonistas. El destino de Marina Galván, el papel político en la sombra de Cortázar, el arribismo de Alcoriza y Gurrea o la debilidad de la periodista que cubre la conferencia. Todos ellos dibujan la Europa herida, todavía frágil, que no ha empezado a cicatrizar cuando ya se ve en la tesitura de hincar la rodilla, en un ejercicio de realpolitik, ante la que se avecina.

El drama que dejó tras de sí la Primera Guerra Mundial fue, fundamentalmente, que una parte del continente tuvo que comprender que no podría continuar siendo fiel a sus principios. Los tiempos de Churchill, Chamberlain o Clemenceau no fueron, pues, los mismos para aquellas dinastías que languidecían eclipsadas por los aires de cambio. Los jugadores narra aquella cita con la Historia en forma de intriga, con un pie en la realidad y otro en el complicado mapa sentimental que legó la posguerra. Y es desde esa incomodidad desde la que Fortea nos explica cómo la difícil relación entre potencias acabó por deslizar de su agenda política la función de la paz. O dicho de otra manera, cómo aquellos años de calma se convirtieron en un período de entreguerras, con las resonancias morales que consignábamos líneas arriba. En el que, si acaso, se hizo aún más patente ese sentido del sálvese quien pueda. El segundo hundimiento de Europa.

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1 thought on “ Carlos Fortea. El hundimiento, por Óscar Brox ”

  1. Una gran novela. Aunque sólo sea porque se ha atrevido a contar que España vio el espectáculo sangriento durante cuatro años al tiempo que se aprovechaba de él. En ese aspecto los diálogos entre Von Klettemberg y su amigo español Gabrieñl Cortázar no tienen desperdicio. Pero desde luego que hay más, mucxho más, en esta novela de la que muchos deberían tomar ejemplo. Si es que pueden.
    Por si sirve de ayuda a estos y a quienes quieren leer algo distinto a novedades adocenadas y de importación una reseña https://lanovelaantihistorica.wordpress.com/2015/11/20/espana-y-la-gran-guerra-los-jugadores-de-carlos-fortea/

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