Nu)n(ca, de Luigi Amara (Sexto piso) | por Óscar Brox

Luigi Amara | Nu)n(ca

Todo comienza con la fotografía de una mujer de espaldas tomada por Onésipe Aguado en 1862. El catálogo del Metropolitan Museum of Art la describe como una mezcla entre el retrato, el figurín y la broma. Para Luigi Amara se trata de un lienzo en el que proyectar el misterio. El rostro desconocido, el deseo de voltear ese cuerpo, la imposibilidad de colmar un anhelo. De resolver ese enigma que se nos resiste. Es la poesía, pues, una forma de aproximarse a lo que parece inaccesible, de dar con las palabras justas para reflejar lo que no existe: el movimiento majestuoso que anuncia la postura de espaldas de la mujer retratada, la belleza esquiva que solo ofrece la curva del hombro y la fantasía del vestuario, el amor y el terror que precipitan el deseo de revelar el aspecto de la modelo desconocida. Eso que la fotografía nunca nos permitirá contemplar.

En muchos aspectos, Nu)n(ca parece apelar al eros indómito, a la esencia misma del deseo, que existe en tanto que no es algo alcanzable. Que vive en su secreto. Amara se acerca a la fotografía desde la fascinación que le provoca esa ausencia; ¿acaso es tanta la belleza o, incluso, la fealdad que el objetivo eligió retratarla de espaldas? Así, sus versos se dedican a descomponer cada palmo de la imagen para describir los detalles, como si aquellos le proporcionasen un sendero de miguitas de pan para dar con la quimera que persigue. La espalda de la mujer es, casi, un accidente geográfico que conviene escalar para coronar su nunca desnuda; el cabello recogido en un tocado, un maellstrom en el que los dedos se pierden y la mirada se abisma. Frente a la broma de los cuadros de Magritte, Amara recuerda la visión de aquella gorgona que petrificaba con sus cabellos de serpientes a quienes no desviaban la vista. ¿Es eso lo que esconde el retrato de Aguado?

Amara se viste de lector, de hermeneuta y de poeta. Como lector, se acerca a De Quincey, a Juan Gelman o a Poe; invoca a Annabelle Lee o a la prostituta que el autor de La rebelión de los tártaros trató de encontrar en los rostros desconocidos de la muchedumbre. Como hermeneuta, interpreta cada uno de los detalles, de los signos y las formas de la fotografía, la pone en consonancia con el aire burlesco de su autor y con el comentario artístico que se desprende. Y como poeta, en fin, como poeta lleva a cabo el trabajo más arduo: la tarea de dar nombre a las cosas, de crear con palabras ese sendero de miguitas de pan para describir lo que no es, lo que no existe, lo que ha quedado congelado en la imagen. ¿Cómo llamar a eso que nos eriza? Nu)n(ca es un poema sobre la fuerza, sobre la tensión que ejerce ese misterio cada vez que intentamos una estrategia para abordarlo, sobre el placer que dibuja lo imposible de resolver. Aquello que agota las palabras, que se impone a cualquier tentativa de respuesta, que vive en el titubeo y en la imaginación. En la búsqueda sin término y en las descripciones que solo pueden construir un monumento efímero a la belleza. O, mejor dicho, al misterio de la belleza.

Por así decirlo, Amara se pone en el lugar de Caspar David Friedrich para describir la honda emoción que le suscita ese mar de niebla dibujado en los contornos de una mujer. Cómo los sucesivos intentos por dar con el secreto tras el rostro vuelto de espaldas reflejan la condición de posibilidad del deseo. El placer de saber que nunca encontraremos respuesta a esa quimera, que el tiempo quedará detenido en la fotografía. Y en ese registro a ratos tierno y a ratos burlón, a ratos analítico y a ratos sensible, Amara nos enseña que lo importante no es lo que se escapa, sino el rastro que deja. Por eso, la fuerza de un poema como Nu)n(ca emana de la intensidad con la que su autor consagra cada palabra a la conquista de lo imposible. Porque solo así se puede consignar la historia de ese rostro cuyos rasgos imaginamos incansablemente aunque no logremos dar con el retrato completo. Porque solo así se puede escribir sobre el deseo. Aquello que nos eriza cada vez que intentamos desentrañar su misterio.

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