Herejes, de Antonio Pau (Trotta) | por Francisca Pageo

Antonio Pau | Herejes

“¿Acaso le dice una hierba, una flor, un árbol a otro: eres amargo y oscuro, y no quiero estar junto a ti? ¿No tienen todos ellos una misma madre de la que se nutren?”, dice Jacob Böhme.

22 herejes son los que conforman este libro de Antonio Pau. En él, y a través de cada uno, vemos conformado este pensamiento diferente al de la sociedad religiosa impuesta en cada época, en cada lugar, haciéndose así cada uno un hueco en aquello que llamamos libertad o que al menos podemos atribuirle. Como nos indica el prólogo, Herejía proviene de haíresis, que significa creencia, opinión. No es cuestión de explayarse en cada opinión que tenían todos los herejes que habitan en este libro, pero sí hay que dar a entender que algunas de estas herejías serían precursoras de otro tipo de creencias que formarían otras religiones, o subtipos de pensamiento, como el Maestro Eckhart, que inspiraría a Rainer María Rilke en su obra. Böhme, por ejemplo, no quería crear una religión nueva, sino que intentaba enraizar una pluralidad de religiones que nos sirvieran de ejemplo en diferentes facetas. Para él, el ser humano tiene que luchar porque el amor (el Si) supere siempre al mal (el No).Son varios los herejes aquí mostrados que hoy en día no conocemos, como Arnau de Vilanova, Pedro Valdo, Miguel Servet… Todos ellos lucharon por su palabra propia, modificaron, de algún modo, aquello que ya venía programado por sus precedentes; por ello fueron perseguidos. Quizá no estuvieran en épocas fáciles, quizá no valía la pena luchar por lo que creían cierto o por aquello que creían deber hacer, pues muchos fueron quemados en la hoguera, pero si algo sacamos en claro de ello es que de todos ellos aprendimos una lección. Una lección de lucha, de aprender a estar con nuestros pensamientos y opiniones frente a lo que todos creían cierto o todos creían cómo debían ser las cosas.

Me gusta cómo Antonio Pau trata a Dios y cómo nos expone a Dios a través de estas diferentes personas. Los estímulos que provocan las palabras y opiniones de estos herejes nos incitan a pensar, a irnos a los márgenes, a no dar por hecho lo que se nos presenta. Creo que esa es la clave de la organización de una sociedad futura que nos proporcione aquello que más importa, aquello que deberíamos buscar dentro de nosotros mismos, en el interior del todo, donde yace lo que en el fondo todos deseamos: el bien por nosotros y nuestras comunidades. No es fácil hallar la verdad en algo que desconocemos, algo nuevo para nosotros, pero si somos capaces, desde el respeto, escuchar con atención a esas personas, ver desde esos márgenes y esos lados, muy probablemente la herejía no tendría ni por qué existir; pero fueron otros tiempos donde todo estaba perseguido, todas las sociedades al servicio de una iglesia que nos limita, nos soborna, nos oprime, nos incita a ver que esas otras formas posibles son malas cuando en realidad son sólo formas de pensamiento que quizá nos indican que algo va mal en las creencias, en las sociedades o incluso en nosotros mismos, que es en donde radica y sale todo.

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