Escritos del exilio. Textos desde Madrid 1978-1983, de Antonio Di Benedetto (Adriana Hidalgo) | por Óscar Brox

Antonio Di Benedetto | Escritos del exilio. Textos desde Madrid 1978-1983

La dictadura y el exilio han sido, especialmente durante la segunda mitad del Siglo XX, dos circunstancias que han marcado la producción y la vida de no pocos artistas. Antonio Di Benedetto vivió el arresto, la tortura y la privación de libertad a escasas horas de ser oficializado el golpe militar en Argentina. Prisionero, fue liberado en 1977 y, prácticamente, obligado a emigrar para mantenerse a salvo. Su periplo por Europa culminó en Madrid, adonde se radicó durante siete años hasta el final de la dictadura y su regreso a Argentina. Un retorno, casi, sentimental, habida cuenta de que solo pudo disfrutar un par de años de su patria perdida antes de fallecer. 

Hasta hace poco, el trabajo de Di Benedetto en el exilio madrileño permanecía prácticamente olvidado o poco conocido. No en vano, el autor de Zama recaló en un país que recién había recuperado el orden democrático y todavía se sacudía de encima las telarañas de una dictadura terrible que abarcó cuatro décadas. En ese contexto, Di Benedetto aterrizó en una revista de contenidos e información médica, Consulta semanal, para hacerse cargo de esa sección generalmente marginal que representa el apartado de cultura. Unas pocas páginas, ciertamente, pero también una carta blanca para explorar desde un formato reducido intereses, novedades, ideas, obras y autores. Liliana Reales y Mauro Caponi, responsables de la presente compilación, rastrearon ejemplares y textos, anotando el uso de seudónimos por parte del autor (Ditto, Numa, Ben Simple, Greco, unas veces A.B., otras A.D.B.), así como la ingente producción de notas, más de 300, que durante unos pocos años publicó Di Benedetto. 

¿Qué podemos encontrar en estos Escritos del exilio? Principalmente, un trabajo de crítica de actualidad. Di Benedetto convertido en periodista cultural que da cuenta de cada evento, estreno, exposición o encuentro tanto en Madrid como en otras ciudades del territorio español. Pero si escarbamos un poco, enseguida ponemos en cuestión la etiqueta de periodista cultural, en tanto que los textos no solo presentan o se hacen eco; también funcionan como miniaturas de estilo en las que explora temas, aporta matices y muestra una escritura que trasciende a la información cultural. Dicho de otra manera, son textos en los que Di Benedetto plasma sus pensamientos, preocupaciones y obsesiones, en los que comparte dudas y en los que también pregunta o continúa la obra o el libro que ha visto o leído. Textos breves, sí, pero siempre generosamente enriquecidos con pensamientos propios. 

Hay que tener en cuenta que en aquel momento se vivió una explosión cultural de una intensidad inédita. Si atendemos a la cartelera que reseña Di Benedetto, uno puede encontrar a Pasolini o Fassbinder, a Godard o al Saura recién premiado en Berlín. El teatro eran Nieva, Mihura o Buero, pero también Lindsay Kemp -que recaló unas cuantas veces en Madrid- o Tadeusz Kantor. Y en la literatura tan pronto podía aparecer Gabriel y Galán o Cela -¿el autor más reconocible internacionalmente?- como ese boom latinoamericano que tuvo su congreso en las Canarias. O Borges, en compás de espera para ganar el premio Nobel o recogiendo el Cervantes -ese Nobel para la lengua castellana. Por todo ello, las crónicas de Di Benedetto siempre van un paso más allá, arañando la superficie de cada tema sin eludir cualquier aspecto polémico. A cuento del Kagemusha, de Kurosawa, se pregunta por los préstamos estilísticos que el gran cine japonés ha dejado en Hollywood, y viceversa; hasta qué punto, cuando Hollywood se interesa por los viejos maestros nipones, lleva a cabo una especie de trasvase de estilo que contamina las líneas maestras de, por ejemplo, Kurosawa. Sabe reconocer la valía de cineastas como Berlanga -en Patrimonio nacional– o Pialat -en Loulou-, pero no regala halagos ni sobreadjetivaciones entusiastas. Y qué decir de su reseña de La clase muerta, en la que dispara contra la vanguardia de Kantor preguntándose hasta qué punto es nuevo, diferente o radical eso que lleva a cabo sobre el escenario -o reclamando, de aquella manera, una mirada más limpia sobre el hecho cultural. Mención aparte, su especial sensibilidad a la hora de acercarse a la pintura y a artistas como Cézanne, Klee o Mondrian. 

Estos Escritos del exilio trascienden la categoría de Bonus Track en la obra de un autor para erigirse, por su volumen y su multiplicidad de temas, en una novela del exilio. Crónica, diario, dietario voluble, reseña o, por qué no, monólogo de un Di Benedetto que, a kilómetros de distancia de su hogar, no dejó de escribir y consignar todo lo que sucedía en el mundo cultural mientras otro mundo, más íntimo, colapsaba entre el silencio del emigrante y el terror de la dictadura. Una colección, en definitiva, extraordinaria.


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