En peligro, de Richard Hughes (Gatopardo) Traducción de Damià Alou | por Óscar Brox

Richard Hughes | En peligro

Las primeras páginas de En peligro respiran un aire melvilliano, en tanto que en ellas se ofrece un sucinto recorrido por las entrañas de la nave Archimedes; por su interior, su diseño y construcción, su tripulación y su misión. Sin embargo, estos son otros tiempos. Ya no es la fuerza del hombre la que mueve a la embarcación, sino el vapor. Las cartas de navegación se ajustan a un horizonte cada vez menos misterioso, mensurable y cuantificable tras horas de navegación. Y el ímpetu humano parece atemperado por el negocio de las rutas comerciales, que han sustituido en el imaginario marítimo a las quimeras y las conquistas imposibles. Queda, eso sí, la fuerza incontrolable del maellstrom, del huracán o del tifón en alta mar. La lucha por la vida en un paisaje inclemente, sometidos a una naturaleza que reacciona con indiferencia a las penurias del hombre. Queda, en definitiva, el hálito aventurero que aún hoy nos sacude cuando cruzamos de una orilla a la otra, entre la vasta inmensidad del agua. Ese sentimiento de pequeñez, esa sensación de colectividad de la que brotan las emociones morales; la ira, el valor y la conmiseración. Todo aquello que nutre al relato de Hughes, la odisea de un barco y su tripulación ante la violencia desatada por un huracán.

El propio Hughes es consciente de ese cambio paulatino en la literatura cuando ve la obra de Conrad a la luz de los tiempos modernos, ese impacto dramático y humano al que ahora debe acercarse por otros medios, con otras palabras. Sin tomar prestadas las del autor de Tifón. Y es que En peligro siempre parece dialogar con sus referentes literarios, como si la hazaña del navío respondiese también a la destreza del escritor para fintar los lugares comunes en busca de una mirada renovada. Quizá por eso, el relato de Hughes abunda por momentos en lo sensorial, en el efecto devastador del huracán sobre el Archimedes; la perenne cortina de agua que azota a los tripulantes según la caprichosa dirección del viento, el avituallamiento cada vez más escaso o el pánico a encontrar la muerte en mitad del mar. Todo son pensamientos interiores, gestos que apenas se verbalizan, que pasan de un hombre a otro a falta de una mirada de consuelo. Acciones, reacciones, destrucción. El barco aguanta, se hunde, zozobra o navega desorientado por algún lugar cerca de Cuba. El miedo se intensifica en unos personajes incapaces de bregar con una naturaleza para la que no tienen respuesta. Solo su confianza en la navegación moderna, en el combustible que ha sustituido a la energía humana.

En un punto de la novela, Hughes explica que la mirada de los hombres de mar no se adquiere durante las travesías, sino con el correr del tiempo. El rostro curtido, sereno y bronceado es el resultado de una madurez producto de horas y horas de experiencias acumuladas. En definitiva, de vida. Quizá por ello, En peligro aparca la narración coral para centrarse en los avatares de dos de sus personajes más jóvenes, Dick Watchett y Ao Ling. Resulta inevitable ver en ambos una suerte de transición literaria, siendo Dick la figura de ese pasado novelístico que abordaba el mar como una suerte de educación sentimental, y Ao Ling el rostro contemporáneo de la aventura. Un fugitivo, el bandido que huye de casa para evitar la muerte y abanderar la revolución política que se está fraguando en China. El mar como necesidad y el mar como salida de emergencia; la visión romántica y la visión pragmática. Mientras Watchett fantasea con el amor de juventud por el que ha quedado prendado, Ao Ling recuerda con dolor la tierra de la que ha escapado. El padre terrible, la dictadura que le invita a doblar el lomo y la revolución campesina que se larva al calor de la rebeldía.

La tormenta de agua destruye el motor del Archimedes, obligado a navegar a remolque hasta alcanzar tierra firme. El barco moderno cae derrotado por el mismo enemigo que venció a su pariente más lejano, nos dice Hughes. Sin embargo, En peligro filtra toda tentación aventurera para desplegar una reflexión sobre ese mundo que llegaba a su fin, como la veterana tripulación que teme la ira de la empresa armadora una vez evalúen los daños. Y es que esta es una novela de claroscuros, en la que la educación sentimental de sus jóvenes protagonistas se entremezcla con la vida crepuscular del resto de personajes. Con el aire taciturno que suscita el mar embravecido, con el irrefrenable deseo de vencer a ese monstruo de agua que nunca se deja doblegar. Por eso, el lector alcanza el final de En peligro con la sensación de que, como los lobos de mar, su rostro también se ha curtido con el tiempo. Con el paso de las experiencias y las vivencias recogidas entre envites y embestidas marinas; con las suspicacias que la tripulación china despierta entre los anglosajones y el terror que la mirada del tripulante más joven describe al alcanzar la madurez. Porque en esta novela de Richard Hughes todo parece cada vez más viejo, más lejano, el eco de otro tiempo. El recuerdo de una juventud que unos ojos ancianos rememoran cuando está a punto de desaparecer convertida en leyenda. El mar infinito.

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