Granta 6. El peso del mundo, por Juan Jiménez García

Granta 6: Tierra (Galaxia Gutenberg) | por Juan Jiménez García

Granta 6: Tierra

La tierra. Lo físico. La piedra. Hay algo de cierto en todo esto, poco de abstracto. Es como si siempre hubiéramos estado ahí, como si en ello hubiera no solo una cierta estabilidad, sino también la presencia de un mundo que está ahí desde siempre, que forma parte del principio de los tiempos, de un pasado que ni tan siquiera llegamos a imaginar, a visualizar. Como en aquella Roma de Federico Fellini, tal vez todo desaparezca al ser descubierto. O tal vez no. Ahí están aquellas catedrales prehistóricas, las cuevas, con aquellos pintores anónimos que no esperaban ninguna posteridad. En Granta, número seis, Judith Thurman escribe sobre ellos y sobre si aquellos hablaban de nosotros, seres igualmente desconocidos e inimaginables. Es un bonito para abrir un bonito número. Las cuevas de Lascaux, de Chauvet, en un texto que luego inspiraría a Werner Herzog. Sobre la piedra escribió Roger Caillois mucho. Y aquí hay un poco de ello. También de su colección. Roger Caillois, el hombre que amaba las piedras, escribió Marguerite Yourcenar. Caillois. Esa lejana obsesión.

En este seis hay un lugar para todo. Como en números anteriores. Herta Müller, siempre tan especial, en Que no se te vaya la cabeza adonde no debe escribe sobre las canciones. Las canciones que cantaba y las que no podía cantar. Porque las canciones son otro arma poderosa. Y eso se sabía en la Alemania de Hitler y también en la Rumanía de Ceaușescu. Harold Pinter escribe sobre Shakespeare. Apunte sobre Shakespeare es el dramaturgo como obsesión y como herida. Hay asociaciones. Ramón Andrés escribe Sonido y piedra. Y como afortunada asociación, pensamos soñadoramente en ello. Frente a la pesadez de la piedra, la Levedad, de Monika Zgustova. Es un relato sobre un encuentro. Hay más relatos. ¿Tienes un rato? es de Kaori Fujimo, escritora japonesa traducida por primera vez a nuestro idioma y de la que nos quedamos con ganas de más. O Tierra no hay más que una, de Jenn Diaz. O Juan Vico y Aquí.

Ken Follet escribe sobre su familia. Sus complejas relaciones con esa familia ultracatólica, fundamentalista (una palabra que asociamos a algunas religiones, pero no a otras). El texto se llama, reveladoramente, Mala fe. Francesc Serés, volviendo a lo físico, a la tierra, escribe sobre Robert Smithson y sus fascinantes imágenes. El peso del mundo (que también era el título de aquel libro de aforismos, de esencialidades, de Peter Handke). Son preguntas en busca de respuestas. O respuestas en busca de preguntas. En el número seis también hay un cuestionario. Sobre Laberintos. Bueno, no exactamente. Ese es el título, pero se buscan lugares únicos para uno, paisajes personales, piedras o minerales. Responde mucha gente. Cada cual entendiendo lo que quiere entender. Desde Enrique Vila-Matas hasta Francisco Goldman. Entre ellos, muchos.

Hay más. Escribir sobre todos no vale la pena, porque lo realmente importante es leerlos. Leer Granta es encontrar un tono, una manera de entender la edición. Hay algo que atraviesa todos los textos y ese algo no es lo evidente. El título, Tierra, no es más que una piedra lanzada al agua, esa agua en la que rebota y rebota, salta y salta, trazando nuevas formas y entre incógnitas y revelaciones.

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Détour

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