Cuentos que acaban mal, de Géza Csáth (El Nadir) Traducción de Bernadette Borossi y Marga Valdeomillos | por Francisca Pageo

Géza Csáth | Cuentos que acaban mal

Hay autores que dejan huella no sólo aportando su visión, sino también a causa del halo de maldición que arrastra su vida y su trabajo. Entre estos autores figura József Brenner, un nombre a priori desconocido pues publicó su obra bajo un pseudónimo, Géza Csáth. En este libro de relatos llamado Cuentos que acaban mal, que edita El Nadir, Csáth nos cuenta de primera mano el gozo negado y la muerte. Esos serán los temas principales de estos cuentos que no, no acabarán bien pero que sí nos harán estremecer ante la habilidad de su autor para detallar diversas sensaciones y deseos que se nos muestran en ellos. Estamos ante relatos donde la descripción abunda y en los cuales es necesario pararse para asimilar todo lo que acontece en ellos.

Csáth narra cada historia de una manera sencilla, aunque como ya hemos dicho detallada. Así, es capaz de condensar en cada una de ellas la esencia de la literatura y la habilidad que tiene de dotar a los personajes una psicología propia es, sin duda, relevante. El autor habla del tiempo y sus consecuencias y cómo este deja huella en la vida de las personas. El tiempo, del que se ha hablado mucho en otros libros que se podrían considerar más afamados que este, es sin duda el protagonista esencial de los relatos y también esencial mientras los leemos. Pareciera que el reloj se para mientras las palabras de Csáth entran por nuestros ojos y nuestra mente.

Csáth es directo en su narrativa, no se pierde en palabras de más sino que sabe dar el suficiente poder y fuerza a lo que escribe, aunque esto sean historias cortas, muy cortas. Hay un atisbo de lucidez, de consciencia, en algunos de sus relatos. La filosofía y el profundo pensamiento del hombre toman asiento aquí para despertarnos, o al menos preguntarnos, sobre lo que leemos y hacemos. El autor habla de la muerte como si fuera algo que pudiese suceder a cualquier hora o cualquier día -y de hecho así es. Hay cierta obsesión por ella a lo largo de todo el libro. Parece que Csáth se anticipe a su destino, como si pudiese ver la muerte mucho antes de que esta llegase (el autor, como podemos leer en el prólogo, mató a su esposa y acto seguido se suicidó).

Csáth también escribe sobre el horror y el amor, el uno niega al otro, y sin embargo los dos cobran su peso y estrechamiento con maestría. Hay cierto halo de nostalgia y melancolía en las palabras de Csáth, pareciera que escribir fuese su única avenida, su único porvenir, pues por su entonación desprende un deseo y anhelo, aunque esté la muerte acechando libremente. Además, la manera que tiene Csáth de describir la ciudad es bella e imaginativa. Logra que vivamos en ella, que respiremos a su compás y andemos a la vez que leemos sus palabras.

Estamos, sin duda, ante un autor que, aunque perturbador y oscuro, escribe y nos lleva a su terreno, nos embelesa con sus palabras hirientes y claras. Un autor maldito que no nos dejará indiferente y que logrará que nos preguntemos sobre la muerte o que, al menos, la temamos un poco. Un poco más de lo que ya lo hacemos.

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