Enrique Vila-Matas. Nadie, por Juan Jiménez García

Doctor Pasavento + Bastian Schneider, de Enrique Vila-Matas (Seix Barral) | por Juan Jiménez García

Enrique Vila-Matas | Doctor Pasavento + Bastian Schneider

¿Cómo desaparecer en estos tiempos que nos ha tocado vivir? Doctor Pasavento ha pasado de ser un libro experimental a convertirse en un libro de ciencia ficción. Antes, a menudo, pensábamos como su protagonista en desaparecer. Un día nos marcharíamos para ser nadie. Moríamos en vida y nos esconderíamos para ver ese qué dirán de nosotros. La necesidad de que nadie te conozca, de ser un desconocido, de ser otro. Pero ahora ya no. Atrapados en las redes, somos incapaces de estar ni tan siquiera unos minutos sin dar noticias de nosotros (qué vidas tan interesantes creemos llevar). Nos sentimos perdidos pensando que nadie puede llamarnos por teléfono, aunque nadie nos llame nadie. Hemos pasado de la necesidad de desaparecer a la necesidad de estar siempre presentes. Ni tan siquiera podemos perdernos, porque una simple acción nos dirá donde estamos. A nosotros y a tantos otros, conocidos y desconocidos. No, el Doctor Pasavento ya no podría huir.

El Doctor Pasavento es solo una de las múltiples personalidades de un escritor escapando de sí mismo. Porque ese es el principal problema de esta huída: que uno puede irse lejos, muy lejos, al último rincón del mundo, que uno puede escapar de todas aquellas personas que le conocen o creen conocerle, de todas aquellas que puede reconocerle, pero no puede escapar de sí mismo. Lo peor: que huimos para ser encontrados. Como esos suicidas que se suicidan esperando que alguien los encuentre y los libre de esa muerte en el último instante. Porque, tal vez, lo único que pretendemos desapareciendo es ser visibles. Y buscando la muerte, vivir.

En su alocada carrera está Robert Walser. Siempre ahí. En sus obras, en el sanatorio en el que pasó buena parte de su vida, voluntariamente, entregado de una escritura microscópica y a ser olvidado, sin pensar que estaba construyendo, definitivamente, su inmortalidad. Más allá de Robert Walser está Georges Perec. O la literatura como juego. Esa tentativa de agotar la rue Vaneau. Y al agotar esa calle, agotarse uno mismo, entre casualidades y encuentros innecesariamente evitados. Ser nadie. Ser nadie es todo un propósito. El camino hasta allí está lleno de dudas. Tanto que recuerda a aquel señor Zweifel.

La escritura de Enrique Vila-Matas se vertebra a través de las citas. Las cita convertida en una de las bellas artes. Bastian Schneider se dedica a recopilar citas para un escritor. A deformarlas también, para adaptarlas a las necesidades del momento. Quién sabe si, como Jean-Luc Godard uno no sería capaz de escribir un libro hecho de fragmentos de los otros. Y, con ellos, construir una obra personal e incluso íntima.

Doctor Pasavento es una novela agotadora. Agotadora porque en ella se busca la desaparición por la sobreexposición. Su protagonista, en su intento de ser invisible, no deja de verse por todos lados. Y al final, de nuevo Godard (que citaría a alguien que ahora no recuerdo), sabe que la mejor manera de hacerse invisible es estar ahí, bien a la vista. No es un héroe, como algún momento reconoce. Tampoco un cobarde. Solo alguien entregado a un deseo entonces posible, con una obsesión digamos enfermiza por conectarlo todo. Sí, definitvamente, Doctor Pasavento es una novela de ciencia ficción, nuestro tiempo otro y su tiempo otro más. Y, como Walser, camina entre la nieve y se vuelve más y más blanco, como la página de un libro por escribir. Y entonces, desaparece. Y nosotros un poco con él.

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Détour

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