Edogawa Rampo. Turbios misterios, por Juan Jiménez García

Los casos del detective Kogoro Akechi, de Edogawa Rampo (Satori) Traducción de Rumi Sato | por Juan Jiménez García

Edogawa Rampo | Los casos del detective Kogoro Akechi

Uno de los detectives más conocidos de la literatura japonesa fue (o es, porque todavía sigue presente en distintos formatos, especialmente la televisión) Kogoro Akechi. Creado por Edogawa Rampo, apareció por primera vez en uno de los relatos que se incluyen en este libro, El asesinato de la cuesta D, y aunque el escritor no parecía muy satisfecho con su creación, lo cierto es que acabó por imponerse. A él y a los lectores. Satori, que sigue con la publicación de la obra del escritor japonés, nos trae ahora algunos de sus casos. El ya citado, El fantasta y, sobretodo (dado que ocupa la mayor parte del libro, con mucha diferencia), Pulgarcito. De nuevo encontramos ahí todo un universo, esta vez pasado por el fino tamiz de la novela de detectives.

El personaje de Kogoro Akechi surgió como un cruce, reconocido, de la obra de Doyle y Poe. Detective aficionado, no parece tener ninguna voluntad de dedicarse a ello profesionalmente, y, de hecho, está más interesado en resolver el misterio que en castigar a los culpables. Como decíamos (y como señala Daniel Aguilar en su epílogo) Rampo no estaba muy contento con él y lo veía como una obra menor. Pero ya sabemos que, más allá de equivocas percepciones, la obra menor del algunos es la obra mayor de otros.

En el primero de los relatos, El asesinato de la cuesta D, nos encontramos con un extraño caso que tiene mucho que ver con los famosos misterios de habitaciones cerradas de sus escritores de referencia. Sentado en la terraza de un café, su protagonista mira una librería de viejo, intrigado por la belleza de su dueña. Al poco se reúne con él Akechi. Y con ellos, el misterio de un asesinato, que responde perfectamente al universo de Rampo y, de paso, le sirve para establecer las reglas del juego de su aproximación detectivesca.

El fantasma tiene mucho de ejercicio de estilo y, una curiosidad, presente en no pocos relatos (hay que recordar que el detective ya salía en El que pasea por el revés del techo, relato incluido en Rampo, la mirada perversa): Akechi tiene mucho de personaje secundario, dejando la acción a los demás.

En Pulgarcito nuestro detective deja que el protagonista sea Monzo Kobayashi, pero, igualmente, cuando queremos saber algo de lo que está ocurriendo tenemos que acudir a él. A partir de la extraña aparición de un enano (a los que por entonces llamaban en Japón pulgarcitos) en una incursión nocturna en el parque de Asakusa, los dos hombres se encontrarán alrededor de un misterio: la desaparición de la joven Michiko, hija de un empresario. Una historia absorbente, llena de giros y revueltas y de un turbio ambiente. Un ambiente lleno de personajes que parecen esconder (o esconderse) de algo, y multitud de piezas que encajar, no siempre de la manera más evidente. Además de un personaje digno del universo grotesco de Edogawa Rampo, un autor, que, como no podía ser de otro modo, se encontró no pocas veces con un director de cine como Teruo Ishii. Director que precisamente adaptó este relato en la fue su última película.

En definitiva, Los casos del detective Kogoro Akechi constituyen una interesante selección de aquellos protagonizados por él, en la medida que nos acercan a su mundo y al mundo que le rodea, tan del gusto de su autor, mientras nos hacen disfrutar de sus peculiaridades como investigador privado, que no son pocas. Entretenidas novelas de misterio que nos dejan con ganas de más, mucho más.

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