Velas encendidas, de Bella Chagall (Mishkin Ediciones)  Traducción por Rhoda Henelde y Jacob Abecasís| por Francisca Pageo

Bella Chagall | Velas encendidas

Bella Chagall no fue solo la mujer y musa del pintor Marc Chagall; de hecho, nada más empezar el libro podemos apreciar en el prólogo que esta no es una obra escrita para hablar de esa “mujer de”: Bella Chagall también tenía su historia y eso lo sabemos porque Bella dejó un legado que estamos empezando a conocer y que hace de su figura un ser excepcional y bello, como su nombre. Recién publicadas, Mishkin Ediciones nos trae sus memorias de infancia, por primera vez traducidas al español por Rhoda Henelde y Jacob Abecasís. Su idioma original sería el yiddish, ese lenguaje proveniente del hebreo y usado por los judíos en la Europa central y del Este, por lo que nos podemos hacer una idea de cómo transcurrirán estas memorias cuyo título ya nos indica el eje principal del libro.

La infancia de Bella Chagall transcurrirá entre rituales, día sí y día también, que la cultura judía va dejando tras de sí. Ella sería la menor de la familia y así mismo se vería protegida por todo aquello que pudiera conllevarle cierto peligro. De hecho, ella siempre intentaba buscar y buscar allá donde pudiese encontrar algo valioso para su alma: le gustaban y disgustaban ciertos rituales, pero no podía dejar de mirarlos con alevosía; además, era muy buena estudiante y su familia, acaudalada, le brindaba una educación bastante apropiada para que su propia voz lograra adecuarse a aquello que a ella más le gustara.

Velas encendidas son unas memorias iluminadas por la luz; la de las velas hebreas y también la luz de la propia Bella y la de la cultura judía. En este libro Bella abarca todos los rituales sagrados y cotidianos que acontecieron durante su infancia. Todos ellos creados por un padre joyero y una madre que daría todo por su familia. Que cuidaría su casa y también cuidaría a sus hijos. En esa cultura, Bella logró encontrar cierta parte de su mundo, aunque no su mundo —de él venía pero ella también tenía una misión extrafonteriza a ello: surcaría las culturas hasta encontrara a Marc, que se enamoraría de ella hasta sus últimas consecuencias. De hecho, los padres de Bella no querían que se casara con Chagall.

Para conocer a Bella nos basta con adentrarnos en este libro. En él encontramos esa pura esencia de la que se enamoró el pintor. En él, además, también hallamos un documento íntimo y primordial para conocer de primera mano la cultura judía y los más íntimos pensamientos de una niña. Una niña que no cesaba de preguntarse por todo lo que la rodeaba, que descubría la poesía de las velas blancas iluminadas y que también reconocía en esos telares y vestidos blancos, en esas bañeras calientes y en esas mujeres que ritualizaban toda su vida.

Leamos Velas encendidas. Adentrémonos en estas palabras que nos embaucan como si de una película se tratara y que nos alientan a descubrir otro mundo ancestral. Un mundo que Bella vivió para buscar luego la libertad.

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