Correspondència amb mediterrània, de Xavier Mollà (MuVIM, Valencia. Del 30 de julio al 29 de noviembre de 2015) | por Juan Jiménez García y Francisca Pageo

Xavier Mollà | Correspondència amb mediterrània

El Mediterráneo no es un espacio geográfico: es un estado de ánimo. Un sentimiento. El sueño de una luz determinada o el espacio donde el mundo, tal como lo conocemos surgió, entre guerras y esperanzas. El fin del mundo empezaba más allá de él, luego el mundo estaba ahí, cuna de dioses y, por tanto, de personas comunes. El tiempo ha pasado. Los años, los siglos, los milenios. El mar, el azul del cielo, permanecen. Todo lo demás cambia vertiginosamente o se queda ahí, igual, sin importar el lugar. Xavier Mollà dice que encontró en Turquía aquellas mismas personas que encontraba en la costa levantina. Ese es el primer enigma, el primer misterio que su fotografía busca resolver (mejor: mostrar). Correspondencia de países, de personas. Si todo es una sola cosa, la fotografía tiene que ser algo más.

El primer enigma, el primer misterio, es que no hay ningún enigma, ningún misterio. En sus fotografías, composiciones limpias y precisas (incluso cuando están desenfocadas, porque ese desenfoque también nos dice algo, también sucedió), la naturaleza, la gente, el mar Mediterráneo, impregnan un tiempo que no huye, sino que se queda ahí, remolón y dulcemente espeso. El fotógrafo se pregunta qué pretendemos descubrir a través de la fotografía y su fotografía no tiene la respuesta. Simplemente está ahí, sin interrogaciones. Solo sensaciones.

Bajo una fragilidad que nos envuelve, los instantes son efímeros y se desvanecen ante nuestros ojos. Es la vida, podríamos decir, pero es complicado capturar la vida, esa vida mediterránea que, como su luz, es demasiado vieja, demasiado sabia. En sus imágenes está esa elegancia y esa sutileza que son propias del tiempo. También esa humanidad y esa naturaleza que permanecen, mundo antiguo, pastoreado por los gigantes homéricos. Así, el viaje de la exposición es un viaje por la belleza, sin más. La belleza que es un encogimiento, un estremecimiento, un vuelco en algo, interior.

No. El Mediterráneo no puede ser un espacio geográfico porque está en cualquier lado, como una precisa abstracción. Está en esos retratos de personas, personas que están en cualquier lado pero que son las mismas, como si una misma corriente las atravesara. En ellas están esas líneas, ese paisaje inscrito. También ese tiempo. Como lo están en los espacios, que son fragmentos de una misma idea.

Correspondència amb mediterrània, a través del blanco y negro o del color, al que no renuncia, tiene algo de búsqueda de lo esencial en lo involuntario, en lo que está ahí. Esa esencia es una cuestión de la mirada del fotógrafo, convertida en un extenso paisaje en el que todo está confundido; también nuestros sentidos. Ciento cinco maneras de ver que son una sola. Un solo espacio que son infinitas maneras de ver.

Xavier Mollà | Correspondència amb mediterrània

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