Todo en vano, de Walter Kempowski (Libros del Asteroide) Traducción de Carlos Fortea | por Juan Jiménez García

Walter Kempowski | Todo en vano

Todo en vano sería el final de las crónicas alemanas de Walter Kempowski, una serie de quince libros. Fue el último porque también fue su último libro. Poco después llegó la muerte. Qué duda cabe que nada sabíamos del escritor en nuestro país. Pese a su importancia en la literatura alemana y pese a instalarse en unos lugares comunes (pero no compartidos) con escritores como Heinrich Böll, Günter Grass o Siegfried Lenz. Con algunos de ellos compartía incluso el origen, esa Alemania del este, que incluso pudo acabar formando parte de Polonia. Pero lo que no compartieron fue su destino tras el final de Segunda Guerra Mundial, que les pilló a todos muy jóvenes (excepto a Böll). Kempowski acabó en la República Democrática Alemana y, por una denuncia de ciertas actividades que estaban realizando los ocupantes soviéticos, acabó en los campos de trabajo de allá, condenado a veinticinco años de prisión. Cumplió ocho y regresó a Hamburgo, con su madre. Fue al final de los años sesenta cuando apareció su primer libro y, para entonces, sus elecciones personales no estaban muy a la moda de la literatura y las inquietudes alemanas. Su obra se fue construyendo al través del testimonio de los que vivieron aquellos años, con técnicas cercanas al collage, y así, entre el reconocimiento y la polémica, pudo completar una extensa obra.

Todo en vano se instala en un punto concreto de la Historia alemana. El nazismo se está desmoronando en todos los frentes. Los soviéticos avanzan, los aliados occidentales, con los americanos a la cabeza, avanzan a su vez. A Alemania se le está devolviendo toda la destrucción que proporcionó a los demás. Los bombardeos dejan las ciudades convertidas en ruinas y muerte. Las certezas se vienen abajo y cada vez es más complicado creer en las noticias y las promesas de la propaganda. Estamos a principios de mil novecientos cuarenta y cinco. Katharina von Globig, su hijo Peter y una tía de su marido (un oficial destinado en Italia) se ocupan de la hacienda familiar, en un pueblecito de la Prusia Oriental. Las señales que anuncian el fin de un tiempo, se suceden. Ellos no se pueden quejar. Viven en una situación desahogada, dado que cuentan con la comida necesaria. Pero el peligro, el Ejército Rojo, está cada vez más cerca, y el paso de las unidades alemanas que van hacia el frente no tranquiliza.

La casa se ha convertido en un lugar de paso. Allí llegan algunos personajes que van del este al oeste, huyendo o por algunas otras circunstancias. Un curioso economista con otro tipo de inquietudes y aficiones o una violinista nazi con un soldado manco. Conformen pasen los días y se acerque el final definitivo, la casa se convertirá también en alojamiento para los huidos, bajo la mirada del jefe nacionalsocialista de turno, hasta que a ellos también les toque el turno de huir. Su mundo se derrumba sin mucha tragedia, casi inconscientemente. Para Katharina todo parecen formar parte de una irrealidad cotidiana. Cómo podría ser diferente para alguien que lleva escapando a su propia realidad desde hace años, buscando siempre que puede la soledad de su habitación. Después de todo, como nos dice su título, todo es en vano. Esa sensación de destino. Walter Kempowski reúne un puñado de vidas para hablarnos de la derrota y la huida, otra historia natural de la destrucción, entre la perplejidad, la desorientación de un mundo hacia su final.

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