Arquetipos junguianos, de Robin Robertson (Obelisco) Traducción de Montserrat Ribas Casellas | por Francisca Pageo

Robin Robertson | Arquetipos junguianos

Aquellos que conozcan a Robin Robertson sabrán de su estudio constante en todo aquello que se refiere a la psicología profunda que Carl Jung tomó como modelo. En Arquetipos Junguianos, que publica la editorial Obelisco, Robertson propone reflexionar sobre la relación estrecha entre la teoría psicoanalítica de Jung y las claves matemáticas del filósofo y matemático Kurt Gödel.

Para empezar, leemos la importancia que ha tenido la unión de la ciencia, el arte y la filosofía en el hombre renacentista. Para este, toda observación en el mundo, ya provenga de la naturaleza, de sus sentidos y sentimientos interiores, o de sus propios pensamientos -tanto lógicos como sensibles- sobre la vida que le rodea, es vital para que pueda experimentar, desarrollarse y nutrirse. Este profundo sentimiento aporta algo que el hombre de ciencias puras rehuye, tal y como refleja Robertson al hablar de Leonhard Euler o Jean Le Rond D’Alembert. Estos suelen hacer caso omiso a las cosas que sienten -y pertenecen- al alma o espíritu. Por ello, la filosofía empieza a tomar relevancia para conseguir cierta unión entre lo observado, lo pensado y lo sentido; y es gracias a ello que nace el psicólogo tal y como lo entendemos.

El libro nos aporta una breve y concisa información sobre cómo surge la psicología y cómo empieza a ser aplicada. Así, conocemos la importancia de la psicología experimental que William James aplicó y cómo Freud logró encontrar y usar un enlace inequívoco entre el inconsciente y la consciencia, lo que tenemos oculto y lo que somos capaces de pensar. Es así como Carl Jung, discípulo de Freud, formuló su propio modelo, considerando que nuestra psique está gobernada por arquetipos. Gracias a ellos encontramos y relacionamos lo que pertenece a nuestro inconsciente y, asimismo, de lo que somos conscientes.

Los arquetipos, regidos por patrones que más adelante se podrá ver hasta qué punto están relacionados con la lógica y la matemática, nos ayudan y sostienen en nuestra vida y en aquello que nos rodea. Robertson resalta los más importantes, tales como la sombra -totalidad de nuestro inconsciente-, el self o sí-mismo -la totalidad del hombre o unión de todos sus opuestos-, o el ánima/ánimus -nuestra parte femenina y nuestra parte masculina-; arquetipos, todos ellos, que nos hacen ver esas cualidades de nuestra psique que nos sostienen y, a su vez, nos permiten desarrollarnos como personas sociales e individuales que somos.

Las ideas de Gödel, al igual que las de Pitágoras y Platón en su forma más resumida, nos muestran cómo las matemáticas son entidades arquetípicas que toman por forma el número, la lógica y el lenguaje. Estas pueden verse tanto en la geometría como en los diversos estudios físicos que se han elaborado de la naturaleza y de cómo percibimos las cosas, la realidad. Para Gödel, las matemáticas no pueden basarse solo en la lógica, pues estas también pueden transformarse en símbolos; las matemáticas proceden directamente del logos.

Poco a poco observamos cómo tanto para Jung como para Gödel hay una realidad subyacente que rige el mundo físico y el mundo mental. Gracias a esta conjunción de teorías percibimos cómo cada arquetipo y cada número están estrechamente unidos y son totales en sí mismos. Si somos capaces de ver esta relación podemos intuir que el hombre renacentista del que se nos habla al principio del libro o el arquetipo total que podemos alcanzar, el self o sí-mismo, -e incluso me atrevo a añadir nuestra concepción total que tenemos del mundo- son la suma de todos los arquetipos, todos los números; todas las formas que nos rigen y que podemos llegar concebir. De ahí la importancia que asume Jung en la unión de los contrarios. Si somos capaces de unir filosofía y naturaleza, arte y matemáticas; si somos capaces de hacernos amigos de nuestra sombra, de aprender a ver qué enseñanza tiene nuestro inconsciente, tanto personal como colectivo -en el que todos estamos unidos-, podemos percibir qué parte nos falta para completarnos y autorrealizarnos como seres humanos.

Así, consideramos, la suma de todo y de todas nuestras partes, tanto internas como externas, la suma de todos los números, leyes y formas, nos hace y nos realiza, así como también nos vitaliza y, sobre todo, integra y une, ya sea con nosotros mismos o con el resto del mundo y de los seres humanos.

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