Arte criminal, de Pablo Álvarez Almagro (Pepitas, Los aciertos) | por Juan Jiménez García

Pablo Álvarez Almagro | Arte criminal

Del arte considerado como un crimen. O, mejor: del crimen considerado como un arte. Allá, al fondo, Thomas de Quincey. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Arte criminal? De la experiencia vital de un puñado de seres marginales y sus derivas posfranquistas y postransicionales, en los mágenes de una sociedad-suciedad, entre sexo, drogas y esa dudosa concepción posmoderna del arte (ya llevo tres “pos”, por oposión de pre… pero ¿pre qué?). En fin. Historia y narración coral de un grupo que hoy sería performativo, desde el momento que hacen de su propia experiencia (y también cuerpo) una obra de arte, con todas las dudas sobre lo que es el arte y algunas sobre lo que es criminal. Todos bajo el dominio, que no mando, de Diana Dolor Danger, nombre libremente adoptado por la hija de Juana García Romero, violada y vengada, tal vez equivocadamente. Un mundo de confusiones en el que lo único que parece cierto, en su determinación, es Diana, que arrastra tras de sí a un puñado de jóvenes que salen a su encuentro y que acaban por compartir el placer de la carne y de una vida libre, que no liberal. Hasta que deciden fundar AC, un grupo de acción artística, que igual hace provocativos carteles enseñando culos tatuados, que crea gigantescas bombas fétidas y rueda una delirante película pornográfico-underground (muy underground), todo con los beneficios de la producción y tráfico de anfetaminas. Atrás quedó la ruta del bakalao, seguida del makinismo. Tiempos convulsos, de cuerpos agitados, espasmódicos, orgásmicos.

Este podría ser un resumen apresurado, de urgencia, de la novela de Pablo Álvarez Almagro, que ya tiene una cierta producción literaria y algún guión inolvidable (Karate a muerte en Torremolinos), lo cual le podría convertir en un personaje más de sí mismo. He dicho novela como podría decir cualquier cosa, porque también podría ser la falsa crónica con alguna cosa cierta, de la previda, vida y muerte del grupo Arte criminal, a través de las declaraciones de aquellos que sobrevivieron o se cruzaron en el camino de estos u otros. Un conseguido puzle, un corta y pega de vidas que difícilmente podemos llamar a la deriva, porque esas vidas iban hacia algún sitio o tras algo, mientras que nuestras ordenadas existencias a menudo no son más que una enorme duda (podría escribir broma). Y sí, también podría ser algo sobre dominantes y dominados, pero hasta sobre eso tenemos algo que decir. Y al final una ya no sabe salir de estos líos mentales entre lo políticamente correcto y tremendamente aburrido y lo incorrecto pero divertido o, al menos, humano.

Al final acabamos en los lugares comunes del retrato generacional de una época y unos jóvenes, que es un recurso muy sufrido para hacer fajas de libros y poner citas en las contraportadas, pero este libro se lleva mal con las generalidades porque, después de todo, es un libro sobre la excentricidad, y como en los márgenes, en los bordes de los abismos, en las orillas, es donde puede encontrarse algo, acertado o equivocado, porque a veces sufrimos de cierta ingenuidad pensando que simplemente por estar ahí es algo. Y sí, tal vez lo sea, porque al menos hay una voluntad de escapar. Como decía Witold Gombrowicz: Prohibiría esta ingenuidad típicamente polaca que cree que sólo en las cumbres hay algo por descubrir. En las cumbres no hay nada: nieve, hielo y rocas; en cambio, hay mucho por ver en el propio jardín. Lo cual me deja sin nada más que decir.

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