Ksenia, de Massimo Carlotto y Marco Videtta (Navona) Traducción de Valentina Mercuri | por Juan Jiménez García

Massimo Carlotto, Marco Videtta | Ksenia

Siempre es acontecimiento encontrarse con un libro de Massimo Carlotto. Primero, porque la narrativa negra italiana no se prodiga mucho por nuestro país (tampoco la francesa, en uno de esos misterios insondables de la edición). Segundo, porque estamos hablando del máximo representante del género en su país (con permiso de Andrea Camilleri que, por otro lado, ya no es de este mundo y juega en una división aparte). Carlotto le aportó al género dureza y pesimismo y, tal vez por eso, el planteamiento inicial de Las vengadoras es tan atractivo. Carlotto junto con Marco Videtta (con el que ya había escrito un libro a cuatro manos) nos trae historias de mujeres que buscan esperanzadoramente liberarse de sus problemas y miedos a través de un acto liberador: la venganza. Cuatro libros con las mismas protagonistas (Ksenia, Eva, Sara y Luz) pero en el que cada uno de ellos otorga el protagonismo (es decir, las razones) a una. En lo formal, un atrevido cruce entre la novela negra y la novela romántica (con un claro componente feminista o, al menos, de la superioridad de la mujer frente al hombre).

El primer libro, Ksenia, sirve de marco referencial para los siguientes y traza las líneas maestras, no solo a nivel de presentación de los personajes y del mundo en el que se desenvuelven, sino a nivel argumental. Ksenia es una joven rusa (siberiana), gimnasta, traída mediante engaño a Roma para casarse con un viejo tipo repelente en lo físico que, para más inri, es usurero y controla un grupo de delincuentes dedicado a diversos menesteres, ninguno bueno. Ellos ejercen un control total sobre el barrio y la vida de buena parte de sus habitantes, y Ksenia, sin pasaporte y bajo amenazas hacia su familia, se ve obligada a transigir. Hará de imperfecta ama de casa además de tener que prestarse a una turbia relación entre su marido y la hermana de este, basada en jueguecitos sexuales.

En ese ambiente nada amable en el que vive (vamos, en esa auténtica mierda, retrato de una Roma nada brillante, totalmente corroída por el delito), en su ir y venir por ese barrio, aún encontrará gente que ofrece algo así como una esperanza, en forma de otra vida. Pero para llegar hasta ahí, antes tiene que acabar con no pocos obstáculos y tener una firme voluntad destructora, porque solo desde la destrucción puede llegar a construirse algo diferente. Ksenia tiene la voluntad, al menos de sobrevivir, y el resto lo irá cogiendo de aquí y de allá. Sara aportará la contundencia y los medios, Luz una relación estable y Eva la promesa de un futuro mejor. Y ahí es donde se irá tejiendo todo un plan que, pese a partir del azar, estará perfectamente trazado. Y no estará sola.

Testigos de una realidad nada amable con las mujeres, Carlotto y Videtta (o ese tercer autor, nacido de la conjunción de sus escrituras) logran construir un retrato despiadado de un mundo de hombres (aunque en este caso, también el personaje al que se enfrentan sea una mujer… una mujer que también tiene sus propias dificultadas en el mundo del crimen, por el hecho de serlo). Y lo hacen a través del testimonio de cuatro mujeres que poco tienen en común entre ellas más allá de esa necesidad de liberarse, una necesidad que las une más allá de temperamentos dispares, más allá de la adversidad. Contra todo. Contra todos.

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