A propósito de Majorana, de Javier Argüello (Random House) | por Juan Jiménez García

Javier Argüello | A propósito de Majorana

El 25 de marzo de 1938 desaparecía Ettore Majorana. Físico, su especialidad era los neutrinos y, por tanto, la energía atómica. Estaba considerado un genio, un avanzado de su tiempo. Su tiempo era el fascismo de Benito Mussolini y el nazismo de Adolf Hitler. Su tiempo era una guerra a la vuelta de la esquina, como quien dice. Ese día cogió el barco de Nápoles a Palermo y nunca más se supo de él. Había dejado unas cartas anunciando su intención de suicidarse, pero quién sabe. Nunca estuvo demasiado claro. Incluso Leonardo Sciascia, siciliano como él, escribió un libro, La desaparición de Majorana. Y ahora es Javier Argüello quien vuelve aquellos días, también como argumento para estos otros.

Ernesto Aguiar es un periodista argentino que trabaja en Barcelona. No es nadie o poca cosa. Como periodista. Como hombre tampoco le va muy bien. Lo más próximo es casarse, sin muchas ganas, con Ana. En el periódico se ocupa de escribir necrológicas, que son esas notas breves en las que siempre sobra sitio. Piensa él. En Suiza se va a producir un importante anuncio sobre los neutrinos y, para llenar sitio, piensan en enviar a Aguiar a Nápoles, porque allí hubo un hombre que desapareció un día misteriosamente y que era una eminencia en eso. Para algo dará. Es una oportunidad de algo. Tal vez solo de huir.

El viaje lo hará en barco, sin dar muchas explicaciones. En un velero de su amigo el gringo Ross, un personaje al que anunciaron la muerte para dentro de un año hace cuatro. Entonces, el día que llegaban a Nápoles el gringo desaparece. Todo se hunde, pero nada llega a la costa, excepto Aguiar. La policía le impedirá salir de Nápoles. Es lo único que tienen en ese misterio. La policía le tiene a él, y él solo tiene una habitación en un hotel que van a derribar, una relación de complicidad con el comisario Salvatore Espósito, y una mujer, Valeria. Y también: otra desaparición. Porque él está allí, después de todo, por Majorana.

Javier Argüello construye con todos esos elementos dos mundos paralelos que conviven como si fueran átomos. Su novela es la búsqueda de una explicación que no llega conforme nuestro periodista va descubriendo cosas alrededor del físico napolitano, sino más bien cuando va descubriendo aquello que investigaba. El verdadero misterio es cuántico. La reconstrucción de la vida de aquel, de las razones para suicidarse, de las probabilidades de que no lo hiciera, de los posibles lugares a los que partió, se van alternando con otra reconstrucción posible por vivida, la de ese viaje en velero atravesando el Mediterráneo.

Entre dos desaparecidos, Aguiar estará tentando también de desaparecer, aunque no sea físicamente. Cambiar de vida, de costumbres, de lugar. Ser otro. Nápoles, esa ciudad decadente, consumida, pero de una belleza histórica, dormida por siglos, le atrae peligrosamente. Y esa será la historia de todos, una historia de desapariciones, de motivos para desvanecerse, para convertirse en otra cosa, muerto, fugado, exiliado, otra cosa. Algo que Argüello irá desvelando en una novela trepidante, construida con secretos y medios descubrimientos. Descubrimientos que irán dejando paso a ese instante final, bello, pleno. Bello como dos neutrinos que se encuentran para anularse y dejar de ser.

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