Novela natural, de Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel) Traducción de María Vútova | por Juan Jiménez García

Gueorgui Gospodínov | Novela natural

Vamos hacia atrás. Desde la historia del mundo como algo particular, hasta la historia natural de uno mismo (y los significados de natural son todos). Desde Física de la tristeza hasta Novela natural. Solo que novela natural fue el primer libro del escritor búlgaro Gueorgui Gospodínov. Todas las historias ahora son unas pocas, pero esas pocas son suficientes para escribir sobre tres hombres que comparten un solo nombre o un solo nombre que son tres personajes. Y tal vez ninguno tenga que ver con el escritor, que se llama igual que ellos. E incluso él lo niega. Después de todo qué importa. La historia de una separación (la de uno de ellos con su mujer o cualquier otra separación, porque en aquel entonces todo se separaba: los bloques, las parejas, los países). La historia de ese animal del demonio, la mosca, o de los váteres.  Las historias, en definitiva, de un editor, un naturalista y un vagabundo. Pero, prefiero recurrir a las palabras del propio Gospodínov: Podría leerse la novela como el diario de un fracaso y el diario de una separación.

Tal vez para poder escribir sobre una novela fragmentaria, deberíamos recurrir a aquellos fragmentos que dejamos señalados, como migas de pan en un bosque cerrado y profundo. Pruebo. Capítulo seis: Me gustaría que alguien dijese: la novela es buena porque está entretejida con titubeos. Si Física de la tristeza era el laberinto, Novela natural es uno de esos muebles llenos de cajoncitos (que tendrá algún nombre que ahora no soy capaz de recordar), cajoncitos que el escritor, dudando, abre como por azar, un azar que solo puede ser construido desde el lenguaje y la necesidad de decir. Capítulo 8 (digo capítulo cuando debería decir fragmento… a veces). El anuncio hecho a Gospodínov. Ema vuelve a casa y le dice que está embarazada. Pero no se han acostado desde hace seis meses. No hay nada que decir, pero eso no evita una deriva entre pérdida y permanencia. Entre lo evidente y lo deseado. La constatación de algo que está roto desde hace mucho, el vértigo de muro caído, no puede evitar la nostalgia por un futuro que prolonga el pasado, aunque este sea una sucesión de errores. Capítulo 12: Solo lo trivial me interesa. No hay nada que me divierta tanto. Una historia de la mosca. No. Una Historia de la mosca. Y de los váteres. ¿De la mierda, entonces? Cosas que se nos revelan en aquello que evitamos, aquello que apartamos a manotazos, ese animal contra el que luchamos desde hace siglos, en vano. Capítulo 19. ¿Por qué hago todo esto? ¿Por qué intento hacer una «novela natural»? ¿Por una mujer a la que debo olvidar? ¿Por recordar cómo vivía antes? Antes. La ruptura como punto sobre el que volver al pasado, volver sobre las cosas que fueron. Intento de encontrar que falló cuando uno ha estado conviviendo con esos fallos durante todo este tiempo. ¿Por qué escribir? ¿Para qué volver sobre aquellos viejos tiempos del pasado? ¿Por qué intentar? Las derivas de un protagonista, de un escritor, antes la separación de un mundo: el mundo antiguo, malo pero conocido, por uno nuevo que promete algo que somos incapaces de entender, de ver. Capítulo 37. El cerezo del tiempo perdido. Nuestro mejor tiempo en este mundo. La infancia. Hemos llegado. Los riesgos de mirar hacia atrás es llegar hasta ella. Ese tiempo que recordamos mejor porque simplemente no logramos recordarlo bien. Falsos recuerdos. Ese instante en el que empezamos a pensar que el mejor tiempo fue ese tiempo perdido. Nada de lo que hicimos puede compararse con esos instantes de nada que lo contenían todo. Capítulo 45. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada.

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