Cuentos, de Fernando Pessoa (Páginas de Espuma) Edición y traducción de Manuel Moya | por Juan Jiménez García

Fernando Pessoa | Cuentos

Pessoa no se acabará nunca, como no se acabará nunca ese baúl del que nunca han dejado de salir sus escritos, como si fuera un terreno fértil que alimentara una producción inmensa porque carece de orden. Ese baúl oulipiano donde lanzaba sus textos sin orden ni concierto creando, antes de Raymond Queneau, cien mil millones de libros. Por eso es imposible hablar de cuentos completos como es imposible hablar de un Libro del desasosiego, que es tantos como estudiosos se han acercado a él y como lectores lo han leído. Momento importante en la edición pessoana en nuestro país, Páginas de Espuma nos propone sus Cuentos y ya está, en edición y traducción de Manuel Moya, que tal vez son completos ahora pero quién sabe en un futuro. Ese futuro incierto de Pessoa, que su vida dejo de legado para su muerte y el porvenir.

El primer problema, la primera cuestión, sería qué es un relato para Pessoa. Podríamos ser más atrevidos en la pregunta e interrogarnos sobre qué era la escritura para Fernando Pessoa, empleado de oficina y escritor en sus ratos libres. Una simplificación nos llevaría a verlo como una manera de escapar a una realidad siempre presente, a una monotonía de días que pasan, hojas con números que pasan, gente que pasa por la calle, vistos tras una ventana. A una vida que está más allá. Pero ¿y si la escritura para el portugués era una manera de dialogar con otros? Todas aquellas conversaciones que no pudo tener, toda aquella gente que quiso conocer pero no podía conocer. ¿Y si sus heterónimos no son más que un puñado de amigos invisibles? El Libro del desasosiego podría ser entendido como un diario íntimo escrito por los otros, mientras que estos relatos nos entregan un diálogo entre esos otros, heterónimos o personajes desconocidos que solo responden a una necesidad: la necesidad de interrogarse.

Hasta tal punto se puede confundir el Libro del desasosiego con sus cuentos, que Manuel Moya ha seleccionado un buen número de fragmentos de este como parte de su edición. Es una cuestión de matices, después de todo. Si exceptuamos algunos de sus primeros relatos, influenciados por Edgar Allan Poe, la mayor parte de estos consisten en conversaciones alrededor de un tema con una mínima puesta en escena. Estos llamados cuentos intelectuales, nos remiten directamente a su obra mayor, en lo que tal vez sea solo una variación, una parte del todo o un cambio en la forma. No hay ningún historia, nada que desvelar, ninguna acción. Solo el pensamiento, convertido en héroe de su tiempo. Las ideas como personajes, como trama, como todo. Un mundo que se desarrolla en nuestras cabezas frente a ese otro, más triste, más gris, ese de cada día, de casa a la oficina y vuelta.

Fernando Pessoa decidió vivir todas las vidas que se le negaban, pero el suyo es un mundo de pensamiento y rara vez de obra. Tabaquería es algo más que un poema. Tal vez su escrito más personal, aquel que recogía todas las verdades y ninguna mentira, todos los temores y todos los sueños. Sus Cuentos son esa otra pieza del puzle coherentes con el todo, parte de un mismo paisaje con Lisboa al fondo. El todo es ese baúl encontrado, que es la metáfora que atraviesa su vida. Ese cabeza en la que se encierran las cosas en un desorden ordenado, escurridizo, difícil de atrapar. Una invitación a construir nuestros propios enigmas y habitar en su misterio.

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