Herbario y Antología botánica, de Emily Dickinson (Ya lo dijo Casimiro Parker) Traducido por Eva Gallud | por Francisca Pageo

Emily Dickinson | Herbario y Antología botánica

Emily Dickinson no sólo hacía brotar poemas, también imágenes. Y es que, con bastante esmero y detalle, la poeta recolectó más de 400 flores y plantas que fue secando, prensando y catalogando en un herbario propio y de gran valor artístico y documental. Un herbario bellísimo y completo, cuyas páginas tenemos aquí desde el año 1839 al 1846, digno para todo aquel amante de la botánica y el arte, y, por qué no, de la poesía. Ya lo dijo Casimiro Parker ha sabido traérnoslo a España muy bien. Con una antología muy cuidada y específica de los poemas de la autora, elegidos y traducidos por Eva Gallud, tenemos un florilegium en el más puro sentido de la palabra.

La antología de poemas botánicos es lúcida, sencilla que no simple, y esclarecedora en cuanto a los intereses de Dickinson. La autora sabía sacar el máximo partido de las palabras, uniéndolas y formando significados y metáforas naturales y bellos. Eva Gallud ha sabido traducir con gran ahínco la interpretación misma de Dickinson; incluso así, pareciera que en nuestro idioma las palabras tomasen otros matices, otros destellos y luces.
El propio herbario está compuesto de tal manera que se ve casi como un collage documental. Cada planta está clasificada con la escritura misma de la autora, lo que lo hace más personal, más particular y bello. Podemos reconocer plantas y flores, pero también podemos descubrir otras nuevas.

¿Pero cómo leer un herbario? ¿Podemos leerlo como si de poemas se tratasen? Creo que así sucede con este libro. Flores y plantas y palabras y poesía se entremezclan, se unen, se dan la mano para que podamos así ver a Emily Dickinson y su obra en todo su esplendor. No es fácil hacer un libro así, no es fácil unir las pasiones de una autora y hacer que en realidad sean una. ¿Acaso podríamos hacerlo nosotros? Quizá, pero siempre con mucho trabajo, mucha pasión y mucho gusto por lo que estamos creando. Dickinson veía el mundo de una manera muy particular. Una manera bonita, pero también realista y natural. Está claro que se nota. Está claro que conocía muy bien el mundo botánico, que sabía ver las palabras allá donde los demás solo veían verde y color.

Este se convierte así en un libro fundamental para todo amante de la poesía y todo amante de las flores y plantas. No dudo en que este florilegium se convertirá en un clásico, y no sólo de la poesía, también de la botánica. Es de sentirse afortunada poseer y poder leer un libro así, pues nos hace conjurar la naturaleza, nos hace embellecer la mirada, nos hace sentir vivos y, al fin y al cabo, ese es todo destino de la poesía si sabemos que, a pesar de su ocultamiento, nos desvela lo que aún no supimos ver.

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