La banda de los Sacco, de Andrea Camilleri (Destino) Traducción de Carlos Vitale | por Juan Jiménez García

Andrea Camilleri | La banda de los Sacco

La historia de los Sacco comienza a mitad del siglo XIX, cuando su padre, Luigi, que tan solo era un muchacho espabilado y feliz, empieza a trabajar en el campo. La vida, su carácter le irán permitiendo hacer algo de dinero e incluso tener sus propias tierras. Tendrá cinco hijos y una hija, y como ocurre en aquellos tiempos, todos deberán dedicarse a trabajar, excepto el pequeño (que dejará testimonio de su historia). Habilidosos como el padre, logran que los negocios vayan prosperando. Pero no lo hemos dicho: estamos en un pueblecito llamado Raffadali. Un pueblecito de Sicilia. Un día llegará una primera carta pidiéndoles dinero. Y su vida cambiará de repente: acaban de encontrarse con la Mafia.

Podemos pensar que La banda de los Sacco es una historia siciliana. Incluso que es una historia siciliana escrita por Leonardo Sciascia. Tal vez solo sea un homenaje de alguien que lo apreció tanto como Camilleri o quizás que cuando se habla de los mismos temas desde la misma convicción hay un aire de familia, no solo entre ellos sino también con nosotros, lectores. Crónica de una gente obligada a echarse a las montañas para huir no de la Mafia, sino de la Mafia y la justicia, de la policía que debería perseguir a los primeros, la negativa de los Sacco a pagarle a los mafiosos se convertirá en una historia triste (no hay nada de odisea, nada glorioso, más allá de la decisión de resistir y, más tarde, de sobrevivir en esa resistencia). Los hechos se irán sucediendo con frialdad. A todo acción corresponde una respuesta que desencadenará más acciones. No hay nadie inocente, nadie está a salvo de este engranaje.

La Mafia en aquellos años veinte era algo siempre presente porque formaba parte del propio pueblo, inseparable, una sola cosa, frente a la pasividad, disfrazada de impotencia, de los carabineros. A Camilleri lo que más indigna es precisamente eso: cómo aquellos que te tienen que proteger acaban convertidos en instrumentos de los otros, lo quieran o no, sin que quede ninguna opción para aquellos que quieren escapar de ese círculo. Los Sacco pasarán a la clandestinidad tras sus vanos intentos de resistir: acabarán antes ellos en la cárcel que los otros, y no tardará en presentarse la muerte.

Pero en aquellos primeros años del fascismo vendría a ocurrir algo inédito: el prefecto Mori es trasladado a Sicilia con la misión de acabar con la Mafia. Y lo hará usando sus mismos métodos, empezando por la ausencia de ley. Paradójicamente, aquel que debería ser un momento para la esperanza en los Sacco (aquellos que quedan) se convierte en el horror. Porque los Sacco no solo se resistían a la Mafia con las armas en la mano, sino que eran socialistas. Convertidos en una temible banda (una banda que no ha cometido ningún delito) todo se volverá contra ellos.

La banda de los Sacco es la crónica de una derrota. No la de los Sacco, que ya estaban vencidos desde las primeras líneas, sino la del Estado italiano. Cuando un Estado es incapaz de proteger a sus ciudadanos ya no queda nada. Y lo cierto es que en esa nada es donde se ha instalado por décadas. Ellos ahí, el resto en la desesperación. Pero desesperación sería decir mucho, porque para que todo funcione es el desanimo o la resignación los que deben imponerse en esas economías de supervivencia. Camilleri, como Sciascia (hay que volver a Sciascia, una y otra vez), sabe que la historia italiana se construye constantemente, y a su narración de los hechos le añade una segunda pasada, una vuelta a los capítulos, para completar, para puntualizar o tal vez para hacer entender lo tambaleante de la realidad siciliana. De nuevo solo nos quedará una sensación: la de asistir a una historia incompleta, punteada de esa oscuridad de los asuntos públicos italianos. Temer que nunca se sabrá todo y que nunca estaremos seguros de aquello que sabemos.

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