Ursula K. Le Guin. El verdadero viaje es el regreso, por Almudena Muñoz

El día antes de la revolución, de Ursula K. Le Guin (Nórdica) Traducción de Enrique Maldonado. Ilustraciones de Arnal Ballester | por Almudena Muñoz

Ursula K. Le Guin | El día antes de la revolución

El día antes de la revolución, nadie recuerda qué ocurrió realmente. Los niños jugaban en descampados, el zar recibió su chocolate matutino, llovió en algunas zonas, formando charcos, y un camión repartía barriles de cerveza que entrechocaban entre sí y parecían acompañar un cántico de protesta. Después de escribir su novela Los desposeídos (1974), la autora Ursula K. Le Guin terminó un agotador trayecto cuyo punto de partida había olvidado por completo. Es más, una vez llegado al final de la historia, ni siquiera lo había ideado.

El día antes de la revolución, escrito aquel mismo año, es El relato antes de la novela, una pequeña historia que continúa el universo planteado en Los desposeídos, aunque en realidad funcione como su precuela y fuese escrito después. Este proceso creativo es tan adecuado a la naturaleza de la sociedad planteada por Le Guin, el planeta Urras donde reina un anarquismo puro, como al funcionamiento de nuestra memoria, que vive en orden y ama el desorden.

A través de la figura de Odo, la fundadora del odonianismo que reina (término completamente inadecuado) en Urras, ahora ya una anciana olvidadiza y semiolvidada, Le Guin analiza con una pena infinita y una ironía sin remilgos cómo se difumina el origen de una idea. De una cabeza pensante, un líder, un ídolo, que de inmediato pasa a ser sólo una idea, vigente por Dios (término completamente inadecuado) sabe cuánto tiempo. Odo es la senilidad del cuerpo humano y del entusiasmo ideológico, sin identidad, que sólo puede sobrevivir y rejuvenecer en las mentes y los corazones de otros, transformándose sin remedio. En todo caso, es lógico y bello que suceda así en Urras y en las páginas de Le Guin: el anonimato es una anarquía literaria.

Arnal Ballester ha incluido en sus ilustraciones para esta edición, cargadas de frases del cuento como proclamas, personajes con rostros de famosos anarquistas que pasarán desapercibidos para la mayor parte de los lectores. Ellos también se han difuminado, viviendo primero y pasando a formar parte después de libros de texto que ya sólo son visitados por funcionarios o estudiantes, como le sucede a la vieja Odo. Que esta protagonista tenga los rasgos de la propia Le Guin, de la Le Guin contemporánea, arrugada y de párpados derretidos, aunque el relato lo escribiese con cuarenta y cinco años, es un homenaje más a ese ciclo ridículo que todas las personas y sus creaciones acaban trazando.

Así como pueden perderse las referencias de las ilustraciones sin que eso impida la lectura, también es posible seguir el hilo de la historia sin conocer Los desposeídos. Los puristas o los amantes del orden (quizá por vivir en desorden) preferirán entender al completo el contexto del planeta Urras antes de pasar a este cuento, en el que no se aportan demasiadas pistas. Para los arriesgados, supone el viaje interestelar (¿e interpolítico?) perfecto, al modo de los personajes perdidos en civilizaciones nuevas. Por ello Le Guin empleaba la ciencia ficción como escenario político, utopías a punto de resbalarse hacia lo distópico, para evaluar de qué modo somos capaces de reorganizarnos en situaciones extremas. También desde el comienzo de una lectura, que siempre debería ser un planeta extraño. Esferas gaseosas con atmósferas distintas y nombres espectaculares, en las se pone en marcha un sistema hasta entonces sólo visto en papel, sólo disfrutado en disputas de local clandestino (como en Una utopía moderna de Wells, La isla de Huxley, Walden Dos de Skinner, el corazón central de El atlas de las nubes o El libro de las cosas nunca vistas de Faber).

Hay que avanzar hacia delante para llegar al final y, únicamente entonces, poder regresar al inicio. Dejar que la mente senil se cruce con lo infantil, que el cenit de un ideal sociopolítico se permita el romanticismo de recuperar qué pasó antes de toda esa gloria, qué hacían los niños, los amantes y los bebedores de cerveza antes de que todo cambiase por completo.

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Détour

1 thought on “Ursula K. Le Guin. El verdadero viaje es el regreso, por Almudena Muñoz”

  1. El planeta donde rige un sistema anarquista es Anarres, la luna de Urras (donde en uno de sus regímenes capitalistas tiene lugar la mitad de Los desposeídos y vive Odo). El relato tiene lugar en Urras, antes de que ocurra la revolución que permitirá la fundación de la sociedad de Anarres.

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