De un tiempo a esta parte, el ámbito cultural valenciano ha forjado, con paciencia y trabajo, una suerte de resistencia frente a la imagen de turismo y espectáculos deportivos que definen la política cultural local. En ese ámbito se dan cita centros de actividades y espacios culturales, lugares tan emblemáticos como la Filmoteca, la estupenda red de bibliotecas y uno de los puntos de encuentro con más historia: las librerías. Más allá de las grandes superficies, en Valencia continúan existiendo una serie de librerías para las que el trato con el lector y el gusto por la lectura son los principios fundamentales del oficio de librero. LeoUno de esos pequeños grandes lugares es Leo, librería ubicada en la Rinconada de Federico García Sanchiz, que el pasado mes de septiembre cumplió su primer año de vida.

Regentada por los socios Maite, Julia y Leopoldo, Leo es una librería con encanto, cuya preciosa decoración interior se complementa con la excelente selección de libros. Como ellos mismos señalan, una de las claves de su negocio es que, antes que libreros, se reconocen lectores ávidos. Fruto de ello, Leo se compone de un catálogo de libros cuyo origen, en bastantes ocasiones, ha sido el boca-oreja y la recomendación entre lectores. No en vano, mantener una conversación con ellos implica que en algún momento acaben cruzándose las ediciones cuidadas de Nórdica Libros, la apuesta de calidad de Periférica, la prosa excelente de Robertson Davies o su debilidad por John Williams, el autor de Stoner; recomendaciones que se encargan de plasmar en un tríptico al alcance de todo el que se acerque a su librería.

En un momento de hibridación en el que cada vez más las librerías apuestan por la polivalencia y la integración de elementos en su negocio, Leo basa su identidad en mantener con vida y estimular las raíces del librero: el contacto cercano, el intercambio y la conversación. Una vocación que tiene su expresión en las presentaciones de libros, mesas redondas, talleres, clubes de lectura y exposiciones fotográficas que organizan. Todo ello con la voluntad de dinamizar la actividad y la oferta cultural de la ciudad.

Así, Leo es el espacio idóneo para lectores con gusto e inquietudes que quieren compartir sus últimas lecturas, bibliófilos que adoran clasificar sus libros según las editoriales, personas que disfrutan de la lectura y, en fin, que desean aportar su granito de arena al enriquecimiento cultural local. Pasear la vista por su gran escaparate, repleto de novedades comerciales y también singulares, es uno de esos placeres para el aficionado que a buen seguro aumentará nada más pisar su interior. Por eso, en Détour os invitamos a que os acerquéis a esta librería y descubráis el amplio y variado catálogo de propuestas de que disponen. En definitiva, un espacio que demuestra, con cariño y dedicación, que todavía hay lugar para la cultura y los libros.

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