Cuentos populares británicos, de Katharine M. Briggs (Siruela)  Traducción de Juan Antonio Molina Foix | por Almudena Muñoz

Katharine M. Briggs | Cuentos populares británicos

Como hiciera el rey Lear, tendemos a despreciar la idea de que los cuentos son la sal de la vida, puesto que nos han acompañado desde tan pequeños, hemos escuchado tantas variantes y la percepción narrativa se nos ha atrofiado tanto ante lo poco novedoso que ya parecen minúsculos granos sin sabor ni importancia.

Y unas pocas migajas son en verdad los Cuentos populares británicos que Katharine M. Briggs reúne a partir de un trabajo investigador de más de 2.500 páginas, Dictionary of British Folk-Tales. Culminado en la década de 1970, este apéndice de la obra mayor recuenta los variados grupos de relatos que vienen entreteniendo a los anglos y los sajones desde que tuviesen poco más que una hoguera y muchas sombras sobre las que fantasear. El pequeño ensayo inicial, de tono iluminador, marca el compás de un libro que está pensado como muestrario clasificador (según el imbatible sistema Aarne-Thompson), antes que como vitrina de imaginarios maravillosos. Para obtener un abanico más satisfactorio y compacto de típicos cuentos de hadas ingleses, galeses y escoceses, sería mejor acudir a las compilaciones de Annie Flora Steele y Jonathan Cott, este último también disponible en una antigua edición de Siruela.

Tomo imprescindible para completistas o estudiosos de folklore y narrativa popular, la portada repleta de duendes de Cuentos populares británicos puede conducir a engaño. Katharine M. Briggs reúne un muestrario de distintos tipos de relato típico, aparte del más conocido cuento de hadas, aunque algunos tengan una presentación y una selección muy escuetas. Fábulas, chistes que prácticamente pierden su sentido traducidos de su dialecto original, leyendas basadas en personajes pseudohistóricos, como los bandoleros de la familia de Robin Hood, supersticiones y milagros cristianos. Un ecosistema de personajes y argumentos que decora a todas las islas británicas, demostrando cómo su escasa superficie ha nutrido, sin embargo, una de las narrativas folclóricas más ricas.

Aunque el libro no sirva para leer a los niños en voz alta, o para que los críos más avanzados se inicien en la lectura silenciosa, los adultos podrán reconocer motivos de su infancia, como la variante inglesa de Rumpelstiltskin (Tom Tit Tot), tramas shakespearianas (Cofia de Juncos) y famosas piezas que aún siguen formando parte de narraciones modernas (Mr. Fox, El Rey Herla). Al igual que todos los condimentos, en grandes cantidades el cuento popular inspira hastío, pero a bocados se aprecia su sabor, a veces tierno y otras áspero, y ambos nos conducen de vuelta a un claro olvidado hace mucho tiempo, cuando elegíamos libros con duendes en su portada.

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