El elogio de la sombra, de Junichirō Tanizaki (Satori) Traducción de Javier de Esteban Baquedano | por Juan Jiménez García

Junichirō Tanizaki | El elogio de la sombra

Si hay libros capaces de hacernos cambiar nuestra manera de mirar, de ver, El elogio de la sombra debería estar entre ellos. Tal vez Junichirō Tanizaki no se proponía demasiado cuando lo escribió (no es propiamente un ensayo y, en todo caso, sería un ensayo muy breve), pero lo cierto es que muchas décadas después de su escritura sigue estando no solamente vigente sino que aporta un buen puñado de claves para entender no solo la luz y la sombra, sino la relación entre Occidente y Oriente. La nueva edición de Satori, traducida del japonés y entendida como un objeto especial, nos devuelve este clásico (si es que alguna vez nos abandonó). Y de nuevo, regresamos sobre sus ideas.

Decía que Elogio de la sombra no es propiamente un ensayo. Sería más bien un conjunto de reflexiones, de anécdotas, de pensamientos, alrededor de la sombra. La sombra vista también como un elemento esencial de la tradición japonesa que se contrapone a un elemento esencial de la tradición occidental: la luz. Esta disyuntiva entre dos maneras de entender un elemento tan presente, se superpone a otra: lo antiguo frente a lo moderno. Enfrentado a la construcción de su propia casa, que pretende en un estilo tradicional japonés, Tanizaki se encuentra con el problema de cómo ser fiel a esa tradición desde elementos ajenos a ella, como puede ser la luz eléctrica, el vidrio o la calefacción. O cómo concebir un baño. El primer problema es que Japón se tuvo que adaptar a creaciones o inventos occidentales y, por lo tanto, no pensados desde la singularidad de la cultura japonesa. Para el escritor japonés, la tradición no es simplemente una cosa del pasado, sino una evolución de las cosas en busca de un ideal.

Rota esta evolución natural por elementos ajenos a ella, estos, los actos que tenían un sentido preciso dentro de esa evolución, se enfrentan a su sinrazón. Toda una estética basada en la oscuridad, en la falta de luz, con la llegada de la electricidad, pone término a esa fragilidad sobre la que se sustentaba. Más cuando esta era un principio sobre el que está construida la cultura japonesa, desde los tejados hasta ese espacio, el tokonoma, el punto en el que confluye todo este pensamiento. Incluso el teatro o la comida, con el uso de los lacados cuyos colores son una suma de oscuridades.

Para Junichirō Tanizaki con este siglo de las luces desaparece no un mundo mejor (en cualquier época, en cualquier instante, todos pensamos vivir en un momento peor a todo lo anterior) sino otro mundo, más acorde, más construido, más propio. No es una cuestión de nostalgia, sino de cómo el evolucionar a partir de los descubrimientos de los demás, que rompen esa identidad porque no fueron pensados para una cultura diferente. No es una cuestión de lo nuevo y lo viejo, sino de una evolución quebrada.

Con todo, El elogio de la sombra, en ese discurso que no pretende serlo, en esos pensamientos en voz alta, encuentra su proximidad. Oriente converge en Occidente, y esos problemas se convierten en nuestros problemas, y las sensaciones son las mismas. La pérdida de algo, un punto, un espacio, un claroscuro. La pérdida del contraste, del equilibrio.

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1 thought on “ Junichirō Tanizaki. Adiós a todo eso, por Juan Jiménez García ”

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