Lo que Maisie sabía, de Henry James (Gatopardo) Traducido por Sergio Pitol | por Francisca Pageo

Henry James | Lo que Maisie sabía

Maisie es una niña, una niña a la que le tocará vivir entre tres mundos. El de su padre y el de su madre, pues ambos se separarán, y el suyo propio. Maisie tendrá que vivir la custodia compartida, en la que cada 6 meses tendrá que cambiar de casa, de papás y niñeras. Maisie ahora tendrá 2 padres y dos madres, pero también las madres serán aquellas que realmente cuiden de ellas. Y su nuevo padre, al que tanto apreciará y amará y querrá para siempre pese a todo lo que Maisie, de alguna manera, sabe y no sabe. Pero ella es lista y hará todo lo posible para hacer que las cosas parezcan más amables, o quizás no; de eso se encargarán sus niñeras, con las que la relación de amor-odio será total e intrínseca. El problema de la gran Maisie será que sus padres ya casi nunca estarán más con ella. Ellos estarán ahí, como telón de fondo, dejándole que vaya paso a paso indirectamente.

Sin embargo, para Maisie sólo existirá el presente. Con todo lo que vivirlo conlleva. Maisie aprenderá a callar, pues sabe demasiadas cosas. Demasiadas palabras y demasiados silencios en los que todo y todos hablan. «La vida era como un larguísimo corredor con infinitas puertas cerradas a ambos lados. Maisie había aprendido a que lo más sensato era no llamar a esas puertas.» Es como si la niña fuera más adulta que los propios adultos. Una niña que piensa y piensa, que sabe cuándo callar y sabe cuándo tendrá que hablar. De hecho, será una niña totalmente curiosa por su mundo, por lo que le rodea, por el conocimiento.

En Lo que Maisie sabía hay una narrativa puramente visual y pareciera que el espírítu de Fanny y Alexander de Ingmar Bergman también estuviera aquí. Vemos este libro de manera viva y lumínica, como si la historia contuviera una gran historia fílmica, con sus luces cálidas por ese toque que solemos dar al S.XIX. Un toque cercano e iluminador, pero también denso como el de una habitación iluminada sólo por velas. Velas que iluminan más las sombras que los propios objetos y personas en sí. Pareciera que son las sombras las que se iluminan a sí mismas y los objetos y personajes sólo fueran las sombras de estas sombras. Quien lea Lo que Maisie sabía sabrá a lo que me refiero, pero también es cierto que es de esta manera como es en sí la literatura de Henry James. Hay claves como esta, así como también hay claves en relatar la vida de la infancia a través de la oscuridad, de lo invisible, de los hilos que mueven el mundo entre lo indecible y lo oculto y lo que se dice y lo visible. James maneja extremadamente bien esto. La narrativa que tiene es especialmente misteriosa y tratará de darnos pistas, claves, pequeños señuelos para saber por dónde tenemos que ir, por dónde tenemos que pasar y no pasar; pero pasaremos por donde no deberíamos y descubriremos aspectos que creíamos olvidados y que están escondidos muy a fondo.

Lo que Maisie sabía es la historia del escondite. Maisie calla para esconderse, como también calla para sobrevivir. Sobrevivir porque a todos aquellos a los que se aferra se irán de su lado, de una manera u otra. Sobrevivir porque si Maisie no callara, todo iría a peor e iría como una barca sin remos a bordo. Leamos Lo que Maisie sabía para otorgarnos el poder de sucumbir a lo escondido sin perdernos. James sabrá y hará que nos mantengamos a flote, sin saber cómo, pero nos ayudará a bucear por las sombras de las velas que se iluminan a sí mismas.

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