En busca de aquel sonido, de Ennio Morricone, Alessandro De Rosa (Malpaso) Traducción de César Palma | por Juan Jiménez García

Ennio Morricone | En busca de aquel sonido

Tal vez uno no repare demasiado en ello, pero la banda sonora de nuestra vida de espectadores lleva música de Ennio Morricone. Así es, al menos para mí. Desde cuando creía que La misión era la mejor película de la historia hasta mis últimos encuentros con el giallo. Y la lista no tendría final, porque tampoco necesariamente tiene que tenerlo. Sabemos que lo encontraremos una y otra vez, y que será, de alguna manera, reconocible. En una canción de Mina o en una película de serie B, poco importa.  Porque más allá de distinguir entre música absoluta y música aplicada (es decir, música libre o música supeditada a otro arte; el cine, por ejemplo), Ennio Morricone fue generoso en sus colaboraciones, sin que ni tan siquiera, llegado el momento, fuera una cuestión de dinero.

Por ello, leer estas memorias en forma de largas conversaciones con Alessandro De Rosa, tienen algo de memoria personal, de inventario de encuentros. Nuestro encuentro con Sergio Leone, con Dario Argento, con Giuseppe Bertolucci, con Giuseppe Tornatore, con, con, con,… Como si ahí estuviera toda la música del mundo. Cuando le echamos un vistazo, al final del libro, a las películas a las que puso música nos entra un cierto vértigo. Y en todas intentó algo. En todas salió al encuentro con las imágenes, aunque no siempre fuera sencillo, porque una industria es una industria, y un autor un autor.

No hay mucho espacio para la frivolidad y el chismorreo en En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida. Es una conversación entre músicos. Uno para quien de joven Ennio Morricone fue decisivo, y otro lejos ya de todo, pero terriblemente apasionado con aquello que ha hecho y que hace, con esa música que es su propia vida. En el libro están los encuentros con todos aquellos cineastas con los que trabajó, incluso la intimidad de esos encuentros, como se crearon aquellas bandas sonoras y también todo su desarrollo musical. Las razones que le llevaron a elegir unas determinadas composiciones, aunque no pocas veces le tocara plegarse a las exigencias de los directores (generalmente siempre con alguna otra cosa en la cabeza, como Fellini, que le pedía siempre a Nino Rota la misma música circense). El oficio del compositor de bandas sonoras, después de todo, tratado con detalle y rigor.

Por otro lado, otra buena parte del libro la ocupa su música absoluta, es decir, aquella que le dio la gana hacer. Más de cien obras de música clásica, en su mayor parte desde la libertad que le daba no tener que rendir cuentas a nadie, una vez asegurada su estabilidad financiera y familiar. Ennio Morricone participó de las vanguardias musicales de este siglo como participó de un cine que buscaba nuevas maneras de alcanzar su tiempo. En no pocos momentos esos dos caminos se cruzan, y esa música absoluta se encuentra con las necesidades de los otros. Pensemos en Elio Petri, en Marco Bellocchio,… (cualquier intento de inventario está condenado, en su caso, a ser interminable).

En busca de aquel sonido es un bonito título para resumir la vida de alguien como Ennio Morricone. Crear es buscar. Y, de cuando en cuando, encontrar. No hay mucho más. Durante más de quinientas páginas encontramos al hombre y al músico y esto es la misma cosa. Y también está la historia del cine italiano. Un cine especial hecho de hombres como él que creían que otro cine era posible, un cine que no renunciaba a nada.

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