Thursday Today (Teatre Rialto, Valencia. 26 al 29 de mayo de 2016) Una producción de Companyia Mateusz | por Óscar Brox

Miquel Mateu | Thursday Today

Hace años, en la década de los 80, Tadeusz Kantor emprendió una pequeña gira por España junto a su compañía Cricot 2. Valencia fue una de sus paradas, y Wielopole Wielopole la obra que se pudo ver sobre las tablas del escenario. O sentir, más bien, con esa emoción cruda con la que se expresaba un teatro no textual. Un teatro en el que Kantor exploraba los recuerdos familiares y el ambiente de una Polonia arrebatada por el tiempo, como ecos de una memoria cada vez más distanciada del presente. No cabe duda de que a Miquel Mateu no le ha faltado ambición en su primer montaje como director de escena, dada la exigencia que implica atreverse a tomar los elementos propios de la obra de Kantor para revisar su personal teatro de la muerte. En ese sentido, Thursday Today cuenta, de entrada, con el atractivo de un salto sin red y la apuesta por una representación que recoge sus atributos de todo aquello que el dramaturgo polaco enunciara en sus manifiestos creativos: eliminar al actor como intérprete, rechazar la ortodoxia y la vanguardia para las masas y revisar las bases de una tradición teatral anquilosada en sus fórmulas.

Así, Thursday Today explora, precisamente, un jueves de la infancia de su director; un instante cuyos vínculos cada vez más debilitados que, como señalaría el mismo Kantor, expresa la irreversibilidad del tiempo. De lo acontecido. De lo que ya no volverá a ser, por mucho que los arranques de nostalgia y melancolía pretendan ensayar algún tibio acercamiento. Mateu, en definitiva, pone en escena su personal Wielopole Wielopole, marcada por la presencia de la muerte, por la ironía descarnada y por esa sensación de hacer permeable un mundo habitado por autómatas y destellos de vida que se arremolinan sobre el escenario. Que, podríamos decir, se ven con ojos de niño, como una realidad desmesuradamente agigantada por expresiones aún desconocidas, por juegos crueles de los que solo se percibe el desenlace final, por rituales y liturgias que anclan los cuerpos de sus protagonistas a un territorio. A ese circo familiar en el que, caminando en círculos, los personajes se entregan en procesión hacia la muerte.

Mateu y su equipo artístico han capturado cada aspecto del teatro de Kantor hasta replicarlo con una fidelidad total, ya sea el desvencijado collage de bicicletas, somieres y trastos que evocan un mundo de ritmos mecánicos, pautados y marciales (¿acaso no es la costumbre, los días que nunca pasan, lo que mejor define el vacío mental de una guerra y de su posguerra?); o el rostro cadavérico, blanqueado por el maquillaje, que transforma a los actores en marionetas rígidas de pantomima. Que les quita la vida para, en esencia, hacer más presente el momento de la muerte. Ese desgarro, o esa procesión extenuante cuyo final parece no llegar. Como un juego que nunca termina, sino que se pierde por el camino. Que se olvida de sus reglas o, simplemente, de su objetivo. Que zozobra sobre el escenario mientras captura ese aire de desamparo. El aliento triste de una realidad capturada con los ojos de un niño. De unos años que Mateu identifica con el sonido del golpe de Estado, la familia modesta desgastada por sus tradiciones y el folclore local como leche materna para cimentar un primer universo, a costa de gigantes y cabezudos, de aquellos soldados que nunca acababan de volver de la guerra o del rostro oculto por el luto que las mujeres (las madres) arrastraban como una condena.

Aquellos que conozcan la obra de Tadeusz Kantor coincidirán en la dificultad inherente a su propuesta escénica y el reto que supone para un actor encajar en ese perfil de maniquí o autómata. Si decíamos que Thursday Today aplica a rajatabla los principios del creador polaco, hay que reseñar que en su esforzado elenco actoral destacan con fuerza las interpretaciones de Anna Kurikka, Florent Billion, Ana Ulloa y Helena Font. La manera de sus cuerpos de hacerse accesibles a esa presencia de la muerte. A la realidad descarnada expresada a través de unos automatismos, de un gesto rígido y, sin embargo, tan poderoso en lo que evoca. Sin necesidad de palabras o, también, prorrumpiendo en una letanía sin final ni principio, como frases desgajadas de un discurso que por algún motivo han quedado ancladas en algún rincón de la memoria. Como aquellos recuerdos infantiles que Bruno Schulz evocaba en Las tiendas de color canela, distorsionados al chocar inevitablemente entre la idiosincrasia de la primera edad y la tentación racionalista de la madurez. Captados, como lleva a cabo Mateu, como un choque estético que, ante todo, desea la conmoción del espectador. La necesidad de provocar una respuesta fisiológica, visceral, a esos jirones de memoria que, por un instante, parpadean sobre el escenario.

Decía Kantor que la cultura española estaba muy cerca de la polaca, en tanto que ambas compartían una noción profunda de la muerte. Y es cierto que revestimos a la palabra y al acto de una simbología, una mística y unos rituales, de una liturgia y unas impresiones, que trascienden cualquier pretensión de asimilar el momento de la muerte como un episodio más de la naturaleza humana. La de Thursday Today es una adaptación muy esforzada de los principios básicos del teatro de Kantor, pero también una visión propia de la otra España, la que nunca ha oído hablar del cosmopolitismo, que hablaba el lenguaje de la carne y del alma, del desgarro y el grito (como aquel que, precisamente, abre la representación), de la alegría y del dolor. Y Mateu, como su admirado dramaturgo, plantea en esta obra un retrato de ese pasado que solo se puede vivir desde los impulsos, con la suficiente distancia irónica como para penetrar en la mirada de un niño que absorbe la realidad de un mundo desconocido. Las palabras extrañas, los gestos helados, los cuerpos vencidos, los gestos vacíos, las vidas agotadas, los sentimientos baldíos. El tiempo pasado que ya nunca más volverá.

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