El fuego y el sol, de Iris Murdoch (Siruela). Traducción de Juan José Herrera | por Francisca Pageo

Iris Murdoch | El fuego y el sol

En este libro publicado por la editorial Siruela se recogen una serie de conferencias que Iris Murdoch dictó en Oxford en 1976 y en las que se nos exponen las ideas platónicas de la belleza. Murdoch nos expone la teoría de las ideas de Platón y cómo ésta ya estaba en nosotros antes de nacer, así como la idea de Bien, que representa el sol y el fuego dentro de la caverna, a la que Murdoch hace referencia en el título del libro. Aquella explica las ideas representadas a las que nos hallamos sometidos y que todo conocedor de este mito, el cual se basa en que es realmente fuera de la caverna donde hallamos la verdad, es adonde debemos remitirnos para así encontrar la profunda verdad y llevar a nuestros compañeros de la caverna la sabiduría y el conocimiento.

Platón considera la belleza como algo principal en su filosofía, pero aquí toma a los artistas como personas de una doble moralidad que no precisamente toman a la belleza como filosofía en su hacer. Así, Murdoch extrae a través de sus escritos las ideas sobre el arte que Platón escribiría en prácticamente casi todas sus obras. Cuando se reflexiona sobre el arte nunca estamos ante algo fácil, como podría parecer a simple vista cuando nos hallamos ante una obra que por su estética es pura y nos transmite emoción, sino que hay que tener en consideración la separación del aspecto estético de lo no estético. Murdoch compara la concepción del arte entre Platón, Tolstoi y Kant, haciéndonos ver así las diferencias y contrastes que la estética nos ofrece. De este modo, se nos presentan unos ensayos rigurosos sobre Platón y también sobre otros filósofos que nos enseñan cómo ahonda en el arte y los artistas para así sacar aprendizajes e ideas que nos llevan a la verdad, al conocimiento y al desconocimiento.

Los textos de Platón están plagados de referencias a la belleza, y Murdoch hace acopio de ellas para ilustrarnos de una manera esclarecedora al respecto. En La República, por ejemplo, Platón dice que el artista hace que lo mejor del alma afloje la vigilancia; podría decirse que lo que produce el artista son imágenes errantes. Murdoch también hace acopio de las ideas de Platón en este aspecto, la reminiscencia, la anámnesis, es algo que tenemos desde antes de nacer y es algo que olvidamos al venir aquí. Murdoch expone esta idea haciéndonos partícipes de que debemos ahondar en lo que creamos para así volver a lo ya creado, lo ya indicado en nuestra alma que estaba predispuesto a hacerse.

Para Platón, el arte carece de disciplina, y la verdad en él es muy difícil de valorar críticamente. La belleza es algo demasiado importante como para dejarla en manos de artistas. En sus palabras, la naturaleza nos educa, el arte no. Para este filósofo, el arte es sólo una parte creada por la parte inferior del alma, y es la belleza la que nos da una imagen inmediata del deseo bueno, del deseo de bondad y del deseo de verdad. Según Platón, la actividad a la que se debería dedicar el artista es a la de discernir, enfatizar y extender la armonía de la creación divina, y según él, esto sólo se da en la música.

En resumen y haciendo una vista subjetiva más que objetiva entre las diversas teorías de Platón, de Murdoch y de los demás autores que conforman este libro, el amor a la belleza y el deseo de crear nos inspiran actividades que incrementan nuestro conocimiento y entendimiento de lo real. Y este amor es un amor espiritual, donde el arte debiera y hubiera de ser algo sagrado.

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