Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa (Pre-Textos). Traducción de Antonio Sáez Delgado | por Juan Jiménez García

Fernando Pessoa | Libro del desasosiego

Hay libros que parecen estar escritos para la noche. Que solo pueden haber sido escritos de noche para ser leídos en esa misma noche. Hay libros sobre los que solo se puede escribir de noche. Hay un libro: Libro del desasosiego. Durante estos últimos cien años se ha escrito tanto sobre este libro que ya no queda ninguna palabra que decir. No mía al menos. Eso en el caso de que Pessoa no lo hubiera ya dicho todo en él, aun siendo un libro-misterio, un libro compuesto de fragmentos sacados de ese baúl mágico contenedor de su obra inédita (toda menos unas pocas cosas). Innumerables escritos para encontrarle un sentido a la vida de este hombre (de ese hombre múltiple y multiplicado). Pero tal vez nadie lo leyó nunca desde el lugar del escritor, del protagonista. Y nadie escribió desde aquel sitio. Quiero decir: nunca un contable escribió sobre la vida de este contable. Tal vez. Ahora ha llegado ese momento.

El Libro del desasosiego requiere un valor de lectura que quizás se perciba mejor en esta nueva edición “ordenada” que ahora nos trae Pre-Textos (frente a la habitual y conocida edición “temática”). Ese trabajo en progreso, ese pasar de los días, esa construcción de la desazón y también del mundo. Libro de fragmentos, como decía, la tendencia habitual es la de leerlo al azar, la de abrirlo como una caja de sorpresas dispuesta a revelarnos un momento. Hay algo también de temor en la lectura continuada. Demasiada belleza, demasiada oscuridad, demasiado proximidad, demasiada intimidad. No la suya, que también, sino la nuestra. ¿Cómo no reconocerse una y otra vez en sus páginas?

Decíamos: la edición de Pre-Textos invita a una lectura in extenso. Entonces su escritura coge otro espesor, ligada por el tiempo, la duración. En la segunda mitad del libro será más evidente. Conforme el ayudante de contable Bernardo Soares cuente sus días (y no solo sus pensamientos). Sus días en la oficina, que resultarán tal vez incomprensibles. No para un contable. Ese sucesión de días grises, de días esperando la lluvia, viendo los árboles agitarse por el viento, a veces por el viento furioso. Mirar las mesas, las cosas, las personas. Los compañeros. El jefe. Entonces, un día, todo se mezcla en tus pensamientos demasiado grandes para esa habitación demasiado pequeña. Vives dos vidas, tres, cuatro, cien. Hay que ser contable para entender por qué Pessoa creaba heterónimos. Contable para entender por qué la vida al final es igual de sublime en lo bajo y en lo alto.

Libro del desasosiego solo podía haber sido escrito por un contable.

En la inmovilidad de los días, todo puede ser creado por el pensamiento, y eso que creamos será tan real y suficiente como aquello con lo que soñamos. El sueño. El sueño atraviesa todo el libro, como forma de vida. Fernando Arrabal decía que se escribe porque no se vive. Fernando Pessoa nos dice que se sueña porque no se vive o porque esa es la verdadera vida. Cuando pensamos, cuando soñamos con una ciudad a la que nunca fuimos, ir allá ya no será necesario. Nada será más cierto que esta ciudad soñada o pensada. Pensamiento de contable.

Debemos entenderlo: no todos los contables son Bernardo Soares. Pero Bernardo Soares es dos contables al menos: Fernando Pessoa y yo. Soares, que sentía nostalgia de las cosas que no había conocido. Pessoa, que nunca quiso ser protagonista. Yo, que tenía el ansia insaciable e infinita de ser siempre el mismo y otro. Soares, que prefería la realidad a la verdad. Pessoa, que pensaba que todo es complejo para el que piensa. Yo, que no he hecho nada útil ni haré nada justificable. Durante veinte años no leí este libro. Por miedo. A reconocerme en él.

El Libro del desasosiego no se puede contar. Nada en él se cuenta y se cuentan en él todas las cosas del mundo. Es un libro para ser sentido, como fue vivido. Escribir es olvidar. Uno escribe para olvidar y lee para recordar las cosas que había olvidado, en un movimiento que no tiene principio, porque estuvo siempre ahí, y no tendrá final. O solo uno. Parafraseando a Jaroslav Seifert, Pessoa fue capaz de contener toda la belleza del mundo y también toda la tristeza. Y eso es el desasosiego. Y su libro. Y mi vida.

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