Los muertos indóciles. Necroescritura y desapropiación, de Cristina Rivera Garza (Consonni) | por Óscar Brox

Cristina Rivera Garza | Los muertos indóciles. Necroescritura y desapropiación

1 “La desapropiación -una práctica de escritura que, reconociendo el lenguaje como trabajo, se aboca a volver visibles las distintas formas de trabajo que estructuran un texto, constituyéndolo”. He elegido esta primera cita como una tentativa de abrir paso en este ensayo torrencial, por temas expuestos e ideas sugeridas, de Cristina Rivera Garza. En parte, porque me gusta esa expresión, el lenguaje como trabajo, y los matices que la acompañan. Basta, por ejemplo, con pensar en estas formas del copy-paste o el collage textual, los atajos de la escritura electrónica y las posibilidades que proporciona a la hora de componer un texto. O también, y aquí viene lo fundamental, en el trabajo colectivo, en el compromiso adquirido por las escrituras comunales, en plural, a la hora de construir un mundo, de hacer parte al lector y no orillarlo como un mero consumidor. Mostrar, en definitiva, ese proceso de circulación, producción y reproducción, haciendo visible su valor crítico, social y político.

Rivera Garza nos sitúa en un momento histórico condicionado por el éxtasis del capitalismo tardío y la parálisis de una crítica cultural que, como dejara escrito Walter Benjamin, ha olvidado que en tiempos convulsos son necesarios textos igualmente convulsos. Que nos zarandeen, que planteen otros modelos de respuesta y, sobre todo, que nos permitan visualizar un horizonte menos limitado. Una suerte de resistencia. Parte de ese momento histórico está marcado por la violencia horrísona que la autora identifica en México como parte de su paisaje; huelga decir que aquí en España la seguimos teniendo en las fosas y cadáveres sin identificar que se apelotonan en nuestra geografía desde que finalizase la Guerra Civil. Lo que se extrae de esa mortandad, que Rivera Garza cifra en la guerra contra el narco emprendida por Calderón, es la sustitución de la ética de la responsabilidad para con los ciudadanos en favor de la lógica de la ganancia extrema. Las necroescrituras, término que desciende de la necropolítica desarrollada por Achille Mbembe, son por tanto prácticas que ponen en cuestión el estado de las cosas y el estado de nuestros lenguajes. Que mueren, sí, por acceder a otro momento de asombro.

2 Por las páginas de Los muertos indóciles, que debe su nombre a los versos de Roque Dalton, pasan unos cuantos autores capitales. Autores, conviene añadir, que la lectura de Rivera Garza vuelve todavía más interesantes. Hablamos de Kathy Acker y Jacques Rancière, de la generación Nocilla y de David Markson, del post-exotismo o de la filosofía del lenguaje. Todos plantean un boom, una detonación; trasladar al lector a otra experiencia o a una relación diferente con el eje texto-lenguaje-lectura. Una que se aleje de las rígidas codificaciones de una literatura que ha de amoldarse a sus circunstancias para no caer víctima de la incompetencia aburguesada. Su lectura de Wittgenstein’s Mistress, de David Markson, funciona como punto de partida para cuestionar qué puede ser un autor (tras las diatribas intelectuales de Barthes y Foucault) y qué una escritura autobiográfica. El examen del libro es perspicaz y profundo, preocupado por seguir cada paso de la escritura marksoniana, que identifica convenientemente con el trabajo de un escultor de palabras, pero en la que también diferencia lo que pasa por ser escribir materialmente -la actividad mecánica- con la idea todavía romántica de la escritura. O cómo, siguiendo a Wittgenstein, se pueden volcar esos procesos mentales que parecen resbalar una y otra vez entre los dedos de la escritura. Y yendo un poco más allá, cómo podemos relacionar ese resbalar una y otra vez funciona como alegoría de nuestra historia cultural reciente.

3 Reescribir, actualizar, trabajar (con y) el tiempo. Volvemos a la cuestión de las escrituras comunales. Como señala la autora, la apropiación o cualquier tipo de técnica similar, produce en el texto un efecto interesante: deja al descubierto un proceso, incita a desarrollar una relación con el lector; o, como mínimo, a estrechar algo más ese vínculo. En otras palabras, se opone a mantener esa lógica pasiva a la que cierta historia de la literatura nos ha acostumbrado. La explicación, con todo, es bastante más elaborada y arranca con la discusión en torno a la idea de comunidad de Jean-Luc Nancy -abro un paréntesis: qué bonito lo hace Rivera Garza cada vez que trae a colación a algún pensador, escritor o intelectual, y pone en tensión sus ideas en busca de ampliar las posibilidades que proporcionan; es, digámoslo así, una manera de provocar, de quitarle el polvo a los textos. Poner en común la trama del texto, ese es uno de los objetivos.

4 Los muertos indóciles no es solo, o tan solo, un ensayo. A ratos, se puede leer como un muestrario de escrituras, contiene diferentes secciones que oscilan entre la literatura -los últimos días de Kathy Acker, el trabajo de difusión literaria de Dave Eggers en San Francisco- y el retrato íntimo del obrero textual, se escoran hacia la historia y la política y ofrecen extraordinarios ejercicios de comentario y crítica a propósito de esos autores que apenas si aparecen en la sección cultural de los diarios generalistas. Leyendo a Rivera Garza, Rancière suena (aún) mejor. Pero también resulta más consciente la importancia del lugar, las migraciones masivas, las condiciones y factores de la escritura, de la lengua, sus combinaciones y adaptaciones y de cómo y de qué manera se puede producir presente.

Este, pues, es un libro sobre el aquí y el ahora. Sobre las posibilidades, formas, discursos o prácticas que tiene la escritura para reflejarlo. Un libro que habla de Historia y que también hace hablar a la Historia, que describe mutaciones y migraciones, desapropiaciones y comunalidades, que se arrima a los muertos y, sin embargo, está más vivo que nunca. Urgente. Político. Que dibuja la escritura como experiencia y nos propone una reflexión convulsa a propósito de sus posibilidades estéticas y políticas.

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