Blanco en lo blanco, de Adrián González da Costa (El desvelo Ediciones) | por Francisca Pageo

Adrián González da Costa | Blanco en lo blanco

Adrián González da Costa (1979) estudió en Sevilla filología hispánica y es, actualmente, profesor de lengua castellana y literatura además de escritor. En este libro de sonetos, Blanco en lo blanco, se recogen 31 poemas que versan sobre la naturaleza y la cotidianeidad. Es un libro premiado por el Gobierno de Cantabria en el Certamen Internacional de Poesía Gerardo Diego 2015 y no es de extrañar, pues la poética de este autor es digna de ser elogiada y leída.

En el libro, podemos ver una poesía que refleja un alma cuyo gusto son las cosas delicadas, placenteras, esas cosas pequeñas que nos estremecen en el día a día, como el añorar otros tiempos, el repiqueteo de las campanas, el calor del rayo del sol, el volar de los pájaros o el color del cielo. Es un libro por y para los amantes de la poesía en su estado más íntimo y más delicado.

El autor se muestra honesto y humilde, apreciando así lo que nos acontece, lo que le acontece, lo que nos exalta o lo que simplemente está presente en todo momento. Hay un cierto espíritu en estos sonetos que nos excita y sobresalta, pero no de una manera excelsa, sino tranquila, sosegada.

El autor aprecia la vida, ese es el sentir que se desprende al leer estas rimas. Estos 4+4+3+3, esos ajustes que aquí riman hermosamente y que endulzan y aclaran la belleza de los días. La rima es sencilla y aun así delicada, leve y ligera como una pluma.

El libro nos trasporta a esa vida calmada, en la que todo, hasta lo más ínfimo, importa. Todo aquí se recoge y respira, se puede experimentar porque, de algún modo, estos sonetos son algo que vivimos o hemos vivido. Con lo que no es difícil sentirse identificado. El autor expresa muy bien las observaciones que hace; todo son esbozos de lo real, de lo que vemos o podemos observar en la vida, en nuestra vida; es, como ya hemos dicho, nuestro día a día.

La presencia del mar siempre tiene que ver con nuestras emociones en su interpretación simbólica. Aquí, el autor nos hace verla de una manera clara y limpia. González da Costa sabe recoger y encauzar muy bien las aquí reflejadas emociones haciéndonos partícipes de sus pequeñas historias, llenas de simbolismo y analogías. Las metáforas hacen presencia por su pulcritud, están pulidas y mezcladas con esas pequeñas alegrías que diría Herman Hesse. Hay algo jovial en las palabras que leemos y algo universal que nos hace ver la palabra como una expresión en sí misma.

De este modo, estamos ante un libro de sonetos que Adrián González da Costa ha sabido llevar a cabo y recopilar de una manera singular y prodigiosa, pues no todo poeta se expresa de manera tan fluida, tan estrecha e íntimamente ligada con la percepción más natural de la vida y la naturaleza. Son sonetos para leer despacio, para degustar en su manera más rítmica posible, para sentir esas sensaciones libres y ligeras que aquí tan bien se muestran.

«Tienen los ojos limpios, de cristal
y la piel, azulada y firme, es tersa.
La luz que rompe en ellos se dispersa
como el agua ante el filo del metal.»

[…]

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