Bellflower

Óscar Brox estuvo en Sitges y con él Détour. Desde allí, día a día, envió una serie de tuits sobre algunas de las películas más esperadas, atractivas y controvertidas del festival. Un aperitivo para descubrir algunas de las claves de la crónica de Sitges que hemos preparado, marcada por los diferentes ejes que han constituido el festival (apocalipsis, soledad, juventud, femineidad) y por el sentimiento de que un lugar como Sitges es, ante todo, ese espacio familiar en el que la experiencia de ver cine adquiere un relieve especial.

(…)

Empezamos con Guilty of Romance, de Sion Sono. Retrato de la insatisfacción (vital, social, sexual) femenina, en el que, a través de Kafka y su castillo, Mahler y una estructura episódica Sono da cuenta del inmovilismo / conformismo / desconocimiento de una figura, la mujer encerrada en unas palabras (y metas, fines, objetivos vitales) predeterminadas, contra las que hay que rebelarse.

Guilty of Romance

The Divide, de Xavier Gens, explora uno de los temas nucleares de #sitges2011, el apocalipsis. El resultado, a pesar de algunos aspectos (sobre todo, el retrato de una condición humana agotada, prácticamente reducida a la animalidad), no pasa de repetir una fórmula gastada, cuyo mejor punto hay que buscarlo en su descripción del egoísmo como única vía de escape.

4:44, last day on earth, de Abel Ferrara, en cambio, dignifica el tema del festival apostando por un retrato más íntimo y epidérmico del fin del mundo, donde una pareja de artistas, resignados a su inminente desaparición, tratan por todos los medios de asumir qué será de ellos, cómo aceptar ese final abrupto, y hasta qué punto su amor (por encima de adicciones y convicciones religiosas) resistirá el último envite. Obra de cámara, tan sublime como pedestre, pero a la que no le tiembla el pulso para reflexionar sobre nuestra forma de aceptar(nos) y de pasar página, sin que nada de nuestro mundo se pierda por el camino.

Mientras duermes, de Jaume Balagueró. Alejada de lo sobrenatural, reflexiona sobre la incapacidad, la dificultad de encontrar una forma de realización personal, el parasitismo de otras vidas y la obsesión por proyectar las frustraciones propias en nuestro entorno. Al final, la amargura de los otros es la que nos recuerda que no estamos tan mal, y tal vez (con la crisis) un personaje como el de Luis Tosar sea el epítome de esa falta de metas y proyectos que, encauzados por el cine de género, nos impulsan a desdibujar los contornos de nuestro mundo para sentir que, aunque pueda parecer lo contrario, todavía pertenecemos a él.

Kotoko, de Shinya Tsukamoto. Decíamos que el apocalipsis es uno de los temas del festival pero, sin duda, la mujer (igual que sucedía con Guilty of Romance) también es otro de los ejes. Kotoko es otra odisea sobre la femineidad, la maternidad traumática y la dificultad por unificar, en un mismo plano de la realidad, las dos corrientes (éxtasis y frustración) que recorren nuestra existencia.

Les contes de la nuit, de Michel Ocelot. Una película sobre el placer de narrar, fabular (en cada una de las seis historias que la componen) e imaginar, como si desde la animación no hubiese límites para construir otros mundos, vidas y un sentimiento de belleza que no podemos captar solo con palabras. Además, como en Las noches áticas, de Aulo Gelio, cada cuento atesora una delicada lectura moral y vital que convierte cada pequeña narración en una delicia estética, pero también humana. Película para creer en esa otra animación que tantas veces eclipsa las 3-D.

Sleeping beauty

Verbo, de Eduardo Chapero-Jackson. Probablemente, su mayor defecto es que se trata de un relato que llega con retraso, toda vez que la generación adolescente (el target de la película) tiene otros modelos y figuras en los que buscar auxilio en sus dilemas de pubertad. Sin embargo, Verbo es ágil, curioso ejemplo de obra que tal vez acabe naufragando en taquilla, pero también de cómo se puede rascar (y vivir) del efecto Matrix es decir, la posibilidad de crear otro mundo en el que resolver, con nuestras armas, los problemas de nuestra realidad.

The other side of sleep, de Rebbeca Daly, se presentó como una reflexión sobre el impacto y el duelo que tienen lugar tras un asesinato, y cómo ese drama humano reabre viejas heridas y obliga a asumir un duelo que en el pasado no pudo ser. Gélida y distante, The other side of sleep parece invitarnos a mirar, como si nos encontramos escondidos tras la espalda de su protagonista. Drama de gestos y emociones contenidas, calmado y paciente, que borra hasta su eliminación todo asomo de empatía. Demasiado dolor acumulado.

Vampire, el desembarco norteamericano de Shunji Iwai. O cómo rodar un filme de vampiros poniendo en correspondencia su condición inhumana con algunos de los problemas y malestares de nuestro presente. El suicidio juvenil convive con el hermetismo emocional, la bondad se deshace entre las manos de sus personajes, como si ese y otros tantos conceptos (altruismo, relaciones sociales) quedasen enterrados en la incomprensión. El resultado es una película delicada e incómoda, cuyo irregular tempo responde al dolor de los personajes.

Emergo, de Carles Torrens, revisión de las películas de casas encantadas y poltergeists. A pesar de algunos sustos bien trabajados y un subtexto psicológico atractivo (no en vano, el filme discute una y otra vez el rol del médium, hombre de ciencia o cazafantasmas, a medida que desvela sus cartas), el resultado se abona a su buena factura comercial malversando algunas ideas potentes a través de decisiones artísticas equivocadas.

Melancholia

Melancholia, de Lars Von Trier. Un tuit, dos tres o cien no le harán justicia a una película que sí, es controvertida, pedestre a ratos, soberbia, sublime, tragicómica, pero a la que no le faltan huevos para enfocar un apocalipsis íntimo (continuando la línea de Anticristo) y colectivo, mientras lo remezcla con el romanticismo decadente, la misoginia siempre brutal en Von Trier y un delicadísimo ojo para captar las instantáneas más bellas.

Twixt, lo último de FF Coppola. Aquí se plantea un viaje inverso, como si Coppola estuviese interesado en releer todo su trabajo juvenil para la factoría Corman, tomándose a ratos en serio a ratos en broma, y barnizando su película de cultura de derribo. Así, Twixt deviene una vieja nueva película que pone en contacto a un viejo creador con las imágenes que le vieron nacer. Coppola más allá del bien y del mal.

Beyond the black rainbow, de Panos Cosmatos. Una película que podría haber rodado el Lucas de THX1138 y escrito el primer Cronenberg, es decir, un filme donde la búsqueda de un límite de lo mental desencadena un torrente de imágenes (símbolos, aire setentero, tecnología estilo 2001, de Kubrick), a veces más conseguidas, que exprimen la baza estética de un filme que aconseja perderse en sus texturas antes que en su elemental historia.

Beyond the black rainbow

Livide, de Bustillo y Maury (directores de A l’interieur), regresa a algunos de los temas de su primer filme: la relación (in)tensa con la maternidad, el vampirismo y la brujería como única forma de devolver a la vida una existencia que se perdió, todo ello vestido de drama-thriller-filme de horror con incursiones líricas, ritmo irregular, pero de una potencia visual inmensa. Qué importa si es o no inferior a la rotunda A l’interieur cuando de lo que se trata es de ver los pasos hacia una madurez narrativa de dos jóvenes cineastas que siguen experimentando con todo. Aquí, la madre parece sacada de la mejor época de Argento y la violencia sigue siendo tan rabiosa como en su debut, pero hay un extraño sentimiento de calma que hace todavía más inquietante a Livide. Película para pensar detenidamente, más allá de la coyuntura del festival.

Extraterrestre, de Nacho Vigalondo. Película simpática, que utiliza inteligentemente los tópicos de la ciencia-ficción (derivados de una plausible invasión alienígena) para construir un pequeño relato, más generacional e íntimo, en el que el extraterrestre se despierta con resaca en una cama desconocida y tiene que buscar alguna coartada para evitar contarle la verdad, siempre dolorosa, a alguien que podría ser su amigo. Simpática, con rostros conocidos de Muchachada Nui como protagonistas, y con un estilo sencillo y cercano que le beneficia en sus intenciones.

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