Número tres

Filmar lo joven, sus ritos, desafíos y problemas, ha servido de brújula para la carrera de algunos cineastas. En Slacker, Richard Linklater mostraba a esa otra juventud que, a pesar de deambular de esquina a esquina, creando sus pequeños microcosmos, estaba lo suficientemente preparada para encauzar sus vidas, dejando atrás un pasado de adolescencia y recuerdos. Preparados, porque eran capaces de expresar sus pensamientos, haciendo de su vida interior un objeto público, peculiar pero no por ello menos cercano.

A pesar de que se trate de una etiqueta controvertida -porque destaca más por su artificialidad que por constituirse en signo de pertenencia-, el mumblecore arrastra a toda una generación de cineastas que han hecho de lo joven el eje de sus discursos. Lo joven como ese espacio invulnerable en el que todo está permitido, como ese acceso de ternura que nos recuerda hasta qué punto podemos alcanzar nuestros objetivos, como esa intimidad que transforma el prejuicio en confianza, como ese camino en el que, por muchas líneas de fuga que se nos presenten, acabamos encontrándonos a nosotros mismos.

En One American Movie queremos recorrer, junto a sus cineastas, ese sendero que traza lo joven, sus inquietudes (que también son las nuestras), la dificultad de obtener una imagen transparente y convincente de ese período vital, incluso, la escasa representación que tiene, más allá del arquetipo televisivo, la juventud en nuestro cine. Porque formamos parte de esa historia, y ahí es donde empieza todo.

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