Abejas en las lindes, de Nares Montero (La Bella Varsovia) | por Francisca Pageo

Nares Montero | Abejas en las lindes

La madrileña Nares Montero llevaba varios libros a sus espaldas, pero ha sido Abejas en las lindes, su último poemario, editado por La Bella Varsovia, el que le ha hecho ganar el Accésit del IX Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”.

Libro sobre la infancia, sobre la pubertad, sobre el misterio, sobre lo que aguardamos dentro de nosotros, Abejas en las lindes es un poemario sobre la psicología de lo que es ser humano, ser persona, sobre el dolor y sobre aquello que nos hace sentir la vida. Un libro que recoge la llegada de lo que es empezar a dejar de ser niña, empezar a ser adulta.

Montero recoge el pasado, recoge rastros familiares, semillas sobre la vida antes de la llegada del dolor. Sin embargo, la poesía aquí reunida es impulsiva. Es pasional y reveladora. Es una poesía que hurga dentro de nuestro interior para hacer así partícipe, también al conocimiento, sobre lo que nos obsesiona o nos resulta revelador acerca de nuestro ser.

Es difícil escribir sin ideas, y la autora parece, y se nota, que las tiene claras. Ideas tangibles, que podemos percibir en el mundo real, pues se trata de un libro sobre la vida, no imaginal. Un libro que construye sobre lo ya construido, sobre lo ya hecho, sobre lo ya experimentado, sobre lo ya vivenciado.

Leer este libro ha sido como despertar, ser consciente de lo que las palabras nos ofrecen y sacudir de este modo nuestra mente, nuestro mundo. El jurado de dicho certamen del que ha sido ganador califica el libro como uno de aquellos que pueden cambiar la vida de quienes que nos acerquemos a él. No sé si a mí me la ha cambiado, pero sí ha aportado consciencia, lucidez, franqueza frente a aquello que experimenté con 11 años. La llegada del dolor. Como dijo Chantal Maillard, lo poético en este libro es aquello que deseamos aprender. Y, por lo que se aprende él, notamos que Nares Montero lo ha escrito para eso y, quién sabe, algo más, seguro.

 

Se caen los balcones de la infancia,
tras la puerta nunca estará más el dulce olor a leche fresca.

***

Aprovecho la herida
abierta como una autopista
para llegar al final del dolor.

[…]

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